6 de mayo 2009 - 00:00

¿Por qué en la Argentina todo tiene que explotar?

El ex presidente Kirchner dijo en un acto partidario que si «Cristina no cuenta con la mayoría parlamentaria, volvemos a la Argentina que explota». Si por explotar se entiende una situación de caos, hay que decir que la situación que vivimos no es muy distinta de este calificativo. El desorden de todo tipo reina por doquier; el temor y la inseguridad dominan el ánimo colectivo. Los manotazos de ahogado del Gobierno están a la vista: adelantamiento de las elecciones; candidaturas testimoniales; confiscación de los ahorros de los aportantes a las AFJP; la ANSES financiando a la Tesorería, y a otras actividades, a tasas reales negativas, en desmedro de los jubilados.

En el orden internacional, la situación no es mejor. Una clara muestra fue la reunión de Trinidad y Tobago, donde Obama puso de relieve que carecemos de importancia hemisférica. La Cumbre de las Américas de Mar del Plata, con Kirchner, Chávez y Maradona juntos, insultando a Bush, tuvo su precio. La forma de renegociar la deuda externa, tratando de usureros y buitres a los tenedores de títulos en default, dejando afuera a los que no quisieron entrar en el canje, y regocijándonos públicamente, desde el atril presidencial, de una quita sin precedentes de la deuda, también se cobra hoy su precio.

Los insultos al FMI, por considerarlo responsable de la crisis de la convertibilidad, cuando en verdad ésta se produjo no por seguir sus consejos (tener superávit primario para pagar los intereses de la deuda), sino por no seguirlos, hizo que hoy no podamos acceder a las nuevas facilidades de crédito que otorga, al igual que no podemos acceder a similares facilidades por parte de la Reserva Federal.

Pretendemos nuevos créditos sin condicionamientos, es decir, para hacer lo que queramos con plata ajena, algo muy problemático, no sólo para el FMI, sino también para los demás organismos internacionales (Banco Mundial y BID), con el agravante, en cualquier caso, de las manipulaciones del INDEC.

A la luz de este panorama interno y externo, no vivimos en un paraíso, que sería destruido por la pérdida de las elecciones legislativas. De las expresiones de Kirchner se podría suponer que si esta pérdida se concreta, la cúpula gobernante abandonaría el poder. Si no fuera así, sin duda que la coexistencia del Poder Ejecutivo con el Congreso no sería nada fácil, ya que el primero no podría enviar proyectos al segundo, para ser apoyados por una mayoría dócil.

Pero si el referido abandono se produce, el vicepresidente debería asumir la Presidencia, lo que por sí sólo podría distender, en alguna medida, la tensión política que hoy se vive. Pero además de esto, hay que gobernar, y la oposición, más allá de coincidencias sobre el Consejo de la Magistratura, y los superpoderes, no parece tener un programa de acción a corto plazo.

A este respecto, es de primordial importancia sacar al campo, y a los pueblos del interior, de su letargo, derogando todas las restricciones impuestas a la producción y comercialización del sector agropecuario, incluyendo las que afectaron a la Federación Agraria, y también a la Bolsa de Cereales de Bs.As.; también debe cesar la intervención de tipo policial en la actividad privada, con amenazas y hostigamientos de diversa índole. El país está necesitado de calma y de sensatez, y no de discursos incendiarios, que sólo contribuyen a agravar el estrés al que está sometida la sociedad.

(*) Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

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