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Por saqueos, toque de queda nocturno en Concepción
Algunos habitantes de Concepción, una de las ciudades más golpeadas por el terremoto, se lanzaron a los negocios y supermercados para saquearlos.
«Si es necesario que me ponga de rodillas para que se tomen medidas mas drásticas, lo hago», había suplicado la alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe, poco antes de que se decretara el estado de excepción. La mujer, miembro del conservador partido Unión Demócrata Independiente (UDI), había afirmado que «se necesitan marinos y militares en las calles, porque hay un caos».
Después de más de 30 horas sin luz, agua ni alimentos, con 6.300 viviendas derruidas sólo en esta ciudad, muchos vecinos de Concepción se lanzaron a la calle en busca de suministros básicos. Desesperados después de haber pasado la noche en la calle por miedo a una nueva catástrofe, se atrincheraron ayer a la mañana frente a los grandes locales a la espera de que abrieran sus puertas para poder adquirir alimentos. Pero en sólo minutos se desataron violentos saqueos que fueron reprimidos con gases lacrimógenos por la Policía local. Por la tarde, y en acuerdo con el Gobierno local, Bachelet dispuso el toque de queda.
«Es terrible. Están arrasando los supermercados, peleando como verdaderos animales por la comida. Es caótica la situación», advirtió Mónica Leal, de 40 años, que por su embarazo esperaba a la salida de un establecimiento a que su marido y sus tres hijos le trajeran lo que pudieran.
Aunque las fuerzas de seguridad permitían que los vecinos se hicieran con productos básicos, muchos de los asaltantes cargaron como pudieron con productos de dudosa necesidad, como heladeras y televisores.
«Si sacamos cosas de los supermercados es porque no hay qué comer. Esto sucedió justo a fin de mes cuando no te quedan alimentos, y la plata en estos momentos no te sirve de nada. Tienes que rebuscarte cómo tomar agua, alimentarte, dormir, calentarte y cocinar, porque no hay dónde comprar gas», explicaba Mónica.
Aunque los bomberos habían empezado a distribuir algo de agua potable, todavía el reparto era prácticamente insignificante con respeto a la cantidad de población afectada.
Tras el caos generado por los saqueos, el contingente militar que llegó por la tarde comenzó a efectuar las primeras detenciones de ciudadanos.
Con el aumento del número de efectivos policiales y militares en la zona, la represión militar se volvió más dura y entre gases lacrimógenos, gritos y violencia, fueron arrestados aquellos que continuaron con los saqueos. La infracción del estado de excepción puede terminar mal, ya que los militares cuentan con el permiso de llegar a las balas. El desorden comenzaba a normalizarse al cierre de esta edición, mientras los pobladores recibirán una nueva noche en la calle, a oscuras, sin agua, por la inseguridad que les genera permanecer en sus viviendas.
Al mismo tiempo en que esta ciudad de 220.000 habitantes permanecía en estado de shock, los equipos de rescate continuaban trabajando en el bloque de edificios bajo cuyos escombros permanecían sepultadas decenas de personas.
Un grupo de bomberos voluntarios logró ayer sacar con vida a 26 personas de entre las ruinas de un edificio que se había desplomado por el temblor. Así lo informó Juan Subercasseaux, uno de los expertos, que hace sólo una semana había regresado, junto a sus compañeros, desde Haití, donde colaboró en la búsqueda de víctimas del terremoto que el pasado 12 de enero dejó centenares de miles de muertos y devastó ese país. También se recuperaron seis cadáveres del edificio de catorce pisos, que se desplomó y quedó reducido a una masa de escombros cuya altura equivale a no más de tres pisos.
Subercasseaux, perteneciente al Cuerpo de Bomberos del sector santiaguino de Ñuñoa, calculó que entre 60 y 80 personas continuaban atrapadas en el inmueble.
Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA


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