24 de mayo 2011 - 00:00

Premian a dos defensores del regionalismo en arquitectura

Kenneth Frampton, expresidente del Comité Internacional de Críticos de Arquitectura, ganó, junto con la actual directora de ese cómite, Louise Noelle Gras, los premios «Jean Tschumi» de la Unión Internacional de Arquitectos.
Kenneth Frampton, expresidente del Comité Internacional de Críticos de Arquitectura, ganó, junto con la actual directora de ese cómite, Louise Noelle Gras, los premios «Jean Tschumi» de la Unión Internacional de Arquitectos.
La Unión Internacional de Arquitectos (UIA) acaba de anunciar los grandes premios «Jean Tschumi» a la crítica de arquitectura que se entregarán con una ceremonia formal en septiembre, en el encuentro internacional de la UIA en Tokio. Los dos premios más importantes son para Kenneth Frampton ex presidente de CICA (Comité Internacional de Críticos de Arquitectura) y Louise Noelle Gras, actual directora de dicho comité.

CICA tiene una larga trayectoria en el área de la investigación y teoría de la arquitectura y una permanente participación en todos los congresos, exhibiciones y grandes coloquios de la arquitectura. La acción de los críticos no debe ser comprendida como la formulación de juicios sobre los arquitectos y sus obras, sino una investigación de su diseño, historia y relaciones.

CICA fue fundado en ocasión del XIII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) realizado en México en 1978. Impulsado por Bruno Zevi y Pierre Vago, el Comité se propuso conciliar las relaciones entre arquitectura y crítica, y promover el diálogo entre ambas prácticas. Sus actividades mostraron siempre su convicción de que la crítica debe ser reconocida como parte del proceso arquitectónico desde el inicio del proyecto hasta el final de la obra.

La flamante premiada Louise Noel Gras recordó la primera declaración en México: «Fue una Babel de lenguajes pero poco a poco se fueron desprendiendo ideas y puntos de vista compartidos por todos los asistentes. Finalmente, gracias a la claridad de visión y el poder de síntesis de Bruno Zevi, se redactó una Declaración de Principios».

En Buenos Aires, en 1980 editó «Is Architecture a Language, and in what sense? (¿Es la arquitectura un lenguaje, y en qué sentido?). Finalizadas las sesiones se redactaron los Estatutos que se encuentran actualmente en la sede CICA en Londres. El CAYC argentino fue durante los primeros quince años la secretaria y coordinadora de la institución.

Bruno Zevi, figura central del Comité, se había graduado en la Harvard University, Massachussets, en 1942 y se doctoró en la Universidad de Roma en 1945. Internacionalmente reconocidos son sus libros, ya clásicos (traducidos a todos los idiomas), «Saber ver la arquitectura», «El lenguaje moderno de la arquitectura y Lenguaje de la arquitectura contemporánea», que lo convirtieron en el historiador más importante de la arquitectura moderna. Cuestionó la postura de arquitectos y teóricos que apoyaban lo que se generalizó como movimiento postmoderno defendido por el inglés Charles Jencks y el editor de A.D. («Architectural Design», revista dirigida por Andreas Papadakis), en Londres. La dedicación de Zevi y el valor de su sucesor Kenneth Frampton, impulsaron el carácter relevante que adquirió el ejercicio de la crítica desde la creación del Comité.

Kenneth Frampton (1930), profesor emérito de la Columbia University (Nueva York) escribió en 1980, la «Historia crítica de la arquitectura» y se ha convertido en la Biblia de la teoría de la arquitectura dentro del ámbito académico como profesional. Se acaba de editar la cuarta edición del libro donde el autor indaga en los efectos de la globalización en la arquitectura contemporánea en el fenómeno de los arquitectos estrella y en cómo las prácticas de todo el mundo han dirigido su foco de atención hacia los problemas de la sostenibilidad y del hábitat.

Por otro lado, Louise Noelle Gras, también evoca el problema de la globalización al hablar en su ensayo sobre el regionalismo y al respeto se expresa. El Religionalismo es una corriente que busca resolver el debate y el antagonismo que se ha venido dando en las últimas décadas entre la arquitectura impersonal y estandarizada, que se conoce como internacional y aquella que encuentra en lo regional las respuestas a los problemas específicos de cultura, entorno y economía entre otros. Asimismo, de manera sensible y creativa, ofrece opciones específicas para la arquitectura de cada sitio, sin olvidar aquellos postulados aún vigentes del movimiento contemporáneo surgido a principios del siglo XX. Sus propuestas privilegian tanto a los materiales locales y la adecuación al clima, como a las costumbres y posibilidades económicas de los usuarios, no obstante es preciso tener en cuenta que esta orientación no desea propiciar ni resultados historicistas, cuya nostalgia favorece las soluciones netamente decorativas, ni posturas populistas de carácter ecléctico o simplemente folklórico.

Así, frente a algunas de las dudosas respuestas del posmodernismo superficial o al elevado costo de las soluciones basadas en la alta tecnología, un número considerable de arquitectos se ha acercado al regionalismo en busca de una respuesta coherente, frente a las demandas perentorias de nuevas soluciones arquitectónicas.

Ambos críticos hablan sobre el mismo tema «El regionalismo crítico». Un poco de historia iluminará la propiedad de la vía selectiva utilizada. Entre 1915 y 1920, el filósofo y pintor uruguayo Pedro Figari (1861-1938) aporta su teoría acerca del Regionalismo como medio y fin del arte, la arquitectura y las artes aplicadas (crafts) para América Latina. Tercia así en la discordia entre quienes propugnan la sumisión a los modelos europeos -la mayoría- y quienes reivindican el dominio de las tradiciones nativistas y folklóricas; o sea, entre los internacionalistas sin raíces y los nacionalistas sin horizontes.

Se trata, en suma, de localizar lo universal para universalizar lo local, pero según la decisión exclusiva del artista, el arquitecto y el artesano.

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