17 de septiembre 2010 - 00:00

Primavera riojana junto a los Andes

Laguna Brava es un paisaje solitario cerca del límite con Chile. En el otro extremo de la provincia, la Quebrada del Cóndor permite acercarse a estas gigantescas aves andinas.
Laguna Brava es un paisaje solitario cerca del límite con Chile. En el otro extremo de la provincia, la Quebrada del Cóndor permite acercarse a estas gigantescas aves andinas.
Con la llegada de los primeros días de calor las regiones riojanas salen del letargo y sacan afuera los colores de la primavera. Las vides renacen y engalanan la Ruta del Vino; Laguna Brava se sacude de las intensas nevadas y da la bienvenida a los intrépidos montañistas; y en Famatina los nogales recuperan protagonismo. Se suman también los atractivos de siempre: la Quebrada del Cóndor, el cablecarril La Mejicana y el inalterable Talampaya.

Cerca de la frontera con Chile se encuentra la reserva Laguna Brava, paraíso escondido en la Cordillera de los Andes. A 450 km al oeste de la capital provincial, en Vinchina, se preserva de la desaparición, desde 1980, a los grupos de vicuñas y guanacos. El oasis tiene una extensión de 5.000 hectáreas y lleva este nombre por ser la mayor laguna de toda la región, con 17 kilómetros de largo y 4 de ancho.

La Ruta Provincial 26, rumbo al Norte, conduce hacia el paso internacional Pircas Negras y el camino de cornisa es en sí mismo una atracción, junto al pueblo de Vinchina (a 110 km de Laguna Brava) y la Quebrada de La Troya. Alto Jagüel es un caserío de adobe que despide a los viajantes antes del ingreso a la Cordillera. Una vez allí, el destacamento de guardafaunas toma registro de los visitantes y un baqueano guía la travesía. De aquí en más, sólo las lomadas policromáticas acompañan la excursión, que de vez en cuando se interrumpe por la presencia de guanacos y vicuñas. Finalmente emerge la laguna ovalada, custodiada por altos picos, como el Veladero y el Piscis, el segundo más alto de América. Un centenar de flamencos da vida a este paisaje.

Otro territorio virgen es el cañón de Talampaya, postal riojana por excelencia. Hacia el noroeste de la capital provincial, por la Ruta Nacional 150, y luego de dos horas de viaje, se empalma con la Ruta Nacional 76, que conduce al parque. La acción del tiempo y del viento han tallado figuras de piedra que resplandecen bajo el sol, que asoma casi todo el año. O también bajo la luna llena, novedosa manera de conocer el parque para escapar del ardor del desierto y fotografiar La Catedral, una de las paradas del circuito, con sus agujas góticas. También se puede acceder a distintos sectores del parque en bicicleta. Así se puede llegar al Gran Cañón, gigantesca muralla de 130 metros, a la Chimenea y a Los Reyes Magos. Para completar este periplo activo es interesante llegar hasta la Cuesta de Miranda, un trazado serpenteante de 14 kilómetros con 800 vueltas. El kilómetro 528 de la Ruta Nacional 40 anuncia el desvío que conduce a Aicuña, una diminuta aldea que inaugura el ascenso por la cuesta hacia Chilecito.

El paseo avanza en paralelo a las sierras del Velazco, y a la vuelta de la primera curva asoma una vista de Chilecito. Un alto en el camino permite la vista de las nieves eternas de Famatina, mientras los cardones dominan el trazado sinuoso, junto al río Miranda. Los precipicios superan aquí los 200 metros de altura, presagio de que el mirador Bordo Atravesado (2.020 msnm) está cerca. Sólo unos minutos más se interponen para alcanzar la cumbre.

El atractivo del vértice sur riojano se condensa en la Quebrada del Cóndor, a 15 km de la capital, por la Ruta 38 y la provincial 29. Es uno de los pocos apostaderos de cóndores donde se puede sentir el vuelo sobre la cabeza, ya que el punto de avistaje está por encima de los dormideros. Un día de suerte regala 15 a 20 aves en simultáneo.

Un buen punto final es Chilecito, 33 km al sur de Famatina, donde se puede visitar el famoso cablecarril La Mejicana. Las nueve estaciones enclavadas en lo alto de la montaña se esparcen por un recorrido de 35 km. La obra data de 1905 y fue construida para trasladar oro y plata del cordón del Famatina hasta la estación del ferrocarril, en las afueras de la ciudad. Se puede seguir el tendido del cable, a pie, a caballo, en moto y en vehículos 4x4.