Según la consultora Inveq, habrá un proceso recesivo entre el segundo y el tercer trimestre del año. Sin embargo, pasado ese período, Argentina podría volver a crecer, aunque levemente, cerrando finalmente un año positivo.
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Ante esto, se reclama que las próximas decisiones no impliquen una dirección a una economía cerrada. Las principales conclusiones del informe presentado ayer son las siguientes.
Los datos de las Cuentas Nacionales del primer trimestre del año dan cuenta estilizadamente de lo que venía siendo el modelo de crecimiento ideal del Gobierno: una economía dirigida por las inversiones y las exportaciones.
En el primer trimestre del año el PBI tuvo una expansión del 1,1% respecto al trimestre anterior y del 3,6% en términos interanuales. El consumo privado creció 2,3% trimestral y 4,1% interanual, mientras que el consumo público no varió respecto del trimestre anterior y tuvo una caída del 1,4% respecto al mismo período de 2017. Por su parte, las exportaciones mostraron un impulso del 5,8% respecto al último trimestre del año pasado y del 6,4% en términos interanuales. La inversión, a su vez, mostró el mayor dinamismo interanual con un alza del 18,3% y una variación positiva respecto al trimestre anterior del 3,3%.
El PBI en su conjunto muestra una expansión acumulada del 3,5%, por debajo del crecimiento de la inversión, las exportaciones y el consumo privado. Este fenómeno ocurre como consecuencia del fuerte crecimiento que han experimentado las importaciones. Entre el primer trimestre de 2018 y el año 2015 las compras al resto del mundo muestran un crecimiento acumulado del 32%, lo que significa que gran parte del crecimiento de la demanda agregada se satisfizo mediante importaciones (principalmente la inversión, pero también el consumo privado), lo que genera una especie de "filtración" de demanda hacia el resto del mundo y que, por ello, no impacta en el crecimiento de la economía interna representado por la dinámica del PBI.
Esta observación no implica de ningún modo que deba cerrarse la economía para potenciar el crecimiento del PBI. Estos experimentos han mostrado en innumerables ocasiones su fracaso. El último caso representativo es el estancamiento del PBI característico entre los años 2011-2015, período en el cual rigió el cepo cambiario que implicaba un aislamiento de la economía argentina con el comercio internacional.
La coyuntura económica está siendo atravesada por ciertas turbulencias y shocks negativos que resultarán en un proceso recesivo entre los trimestres II y III del corriente año. Es esperable que todos los componentes de la demanda agregada se vean afectados. Especialmente las exportaciones tendrán una importante caída como consecuencia de la menor cosecha agrícola, afectada por la sequía. Sin embargo, aún mantenemos las perspectivas positivas hacia fin de año y esperamos que la recesión sea transitoria. En este sentido, sería importante que una vez superados estos shocks la economía retorne no sólo a un sendero de crecimiento económico, sino a un sendero con el mismo patrón que hasta ahora: una expansión liderada por la inversión y las exportaciones.
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