Gremios PRO ofrecen cogestionar procesos de crisis

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El Gobierno reanudó el vínculo con los sindicatos ultraoficialistas, descuidado tras la salida del Gabinete del exministro de Trabajo Jorge Triaca. La tarea quedó a cargo del secretario de Trabajo, Lucas Aparicio, número dos de Dante Sica, quien almorzó el jueves pasado con el sector más afín a Cambiemos que reivindica el sello 62 Organizaciones y con los gremios del rubro energético nucleados en la Catheda. Allí, entre otros ítems, se planteó la posibilidad de un accionar conjunto entre esas organizaciones y las empresas en riesgo para la cogestión de los procedimientos preventivos de crisis, en auge en el sector industrial.

La comida tuvo como motivo central la presentación de Aparicio ante un sector que en los tres años de la administración de Mauricio Macri se mostró incondicional: a la cabeza se encontraban el rural Ramón Ayala (sucesor del fallecido Gerónimo Venegas en la Uatre), titular de uno de los grupos de gremios que se atribuye la titularidad de Las 62, junto a referentes de los sindicatos de la energía como el petrolero Antonio Cassia (YPF) y el anfitrión, Oscar Mangone, de los empleados de las empresas de gas.

La dirigencia que acudió a la cita pertenece a sectores heterogéneos pero, en escala, es representativo de los varios grupos que conviven bajo el ala de la CGT. Aunque no se encontraba, entre sus referentes figura el también petrolero Guillermo Pereyra, jefe del gremio en Neuquén, Río Negro y La Pampa y protagonista de los acuerdos con el Gobierno en torno de Vaca Muerta. También forman parte del grupo Guillermo Moser, de Luz y Fuerza, y Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), así como Juan Carlos Murúa (plástico), Juan Carlos Murgo (caucho), Juan Miguel “Cacho” García (estacioneros) y José Ibarra (conductores de taxis), entre otros.

La visita de Aparicio parecía lógica luego de una serie de encuentros que el propio funcionario mantuvo, en ocasiones por su cuenta, en otras con la compañía de Sica, con varios espacios de la CGT. De hecho, recién asumido en su cargo el secretario tuvo un arranque desafortunado para los apegados al protocolo de la central obrera con el encuentro que mantuvo con Hugo Moyano y algunos de sus hijos, incluso antes de verse con la jefatura formal de la CGT. Aquel gesto le valió el encono de Héctor Daer, uno los secretarios generales, con quien hasta ahora parecía mantenerse la frialdad por aquel episodio. Ambos funcionarios también se vieron días atrás con la “mesa chica” de la estratégica Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT).

Tras ponerse a disposición de sus interlocutores, el vice de Producción y Trabajo escuchó reclamos puntuales como el del demorado otorgamiento de la certificación de autoridades para el Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU), que desde hace más de un año culminó con una extensa intervención de Cambiemos con un triunfo de dirigentes alineados con Hugo Moyano. Entre otros planteos relacionados con trámites administrativos pendientes, los referentes de los gremios industriales presentes (caucho, plástico, químicos, entre otros) coincidieron en dar un diagnóstico malo sobre el desempeño de sus respectivos sectores.

A partir de los casos de Carrefour, Femsa-Coca Cola y Fate, entre otros, los gremialistas explicaron que hubo un aluvión de pedidos de apertura de procedimientos preventivos de crisis en las fábricas de sus rubros. Ese mecanismo, previsto en la legislación laboral, permite efectuar despidos con indemnizaciones al 50%, así como producir suspensiones y rebajas salariales. Uno de los planteos centrales de los gremialistas fue el ofrecimiento para gestionar en tándem con los empleadores esos pedidos para minimizar el impacto en el empleo. El sector, de hecho, tiene como bandera el acuerdo por Vaca Muerta que firmó Pereyra y que el Gobierno exhibe como uno de sus mayores triunfos en términos de reforma laboral.

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