31 de agosto 2009 - 00:00

Prometieron a Alarcón más poder que Moreno

María del Carmen Alarcón
María del Carmen Alarcón
El Gobierno liberará en los próximos 15 días la exportación de maíz y trigo, dejará de aplicar un criterio discrecional para permitir las exportaciones de carne entre los frigoríficos amigos, aumentarán los créditos y la ayuda del Banco Nación y abrirá canales de diálogo con productores pequeños y medianos. Éstas fueron las cuatro promesas que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, le hizo el miércoles pasado en su despacho a la flamante secretaria de Relaciones Internas, la santafesina María del Carmen Alarcón; y que terminaron de convencer a la ex opositora de que valía la pena el desafío de ser considerada una nueva «Borocotó» y sobrevivir políticamente al intento.

En ese encuentro, la nueva funcionaria había sido clara con Fernández: si no podía mostrar en poco tiempo, no más de dos semanas, alguna medida concreta y palpable a los productores agropecuarios, su nombramiento caerá en el descrédito entre este sector, y la idea de llamarla a integrar el gabinete nacional terminará en un fallido. Alarcón fue incluso más directa y le dejó claro al jefe de Gabinete que no permanecería en el cargo hasta octubre, si desde el Gobierno no tomaban decisiones concretas y palpables a favor del campo. «Eso va a ser así, te lo prometo», dijo Fernández, antes de que la santafesina comenzara un raid mediático para explicar por qué aceptó la invitación y el cargo en universo K.

«Sé que dicen que me compraron o que soy una ingenua. Lo único que pido es que me esperen dos semanas para poder mostrar avances puntuales y concretos», repitió Alarcón este fin de semana a todo el que la quisiera escuchar. Entre ellos, algunos dirigentes de la Mesa de Enlace, con los que todavía la ex diputada tiene relación; éstos le insisten en que su decisión de sumarse al gabinete fue un tremendo error político y que será usada para que el oficialismo gane tiempo en medio de un recrudecimiento de la situación con el campo. Alarcón insiste, cuando se llega a este punto, en que si Fernández le hizo una promesa vacía, renunciará.

¿Qué es puntualmente lo que la nueva funcionaria cree que el Gobierno decidiría en los próximos días y que le permitirá a la secretaria mostrarle al campo que no estaba equivocada? Nada nuevo en realidad, sino medidas ya anunciadas que no se estaban aplicando o que se implementaban con discrecionalidad. En primer lugar, Alarcón y Fernández hablaron de poner en funcionamiento, sin mayores demoras, la promesa de liberar totalmente las exportaciones de maíz y trigo. Esta medida fue anunciada el día en que la Mesa de Enlace se reunió con Fernández el 31 de julio, pero nunca fue puesta en marcha. Alarcón tendría la derecha para ser ella la que anuncie que el sistema vinculado al Reo Verde está liberado; y que además no tenga excepcionalidades vinculadas a quién será el exportador. En la misma línea, Alarcón recibió la promesa de que terminará de haber discrecionalidades oficiales sobre los permisos de exportaciones de carne (Roe Rojo), y que todos los productores (estén o no en las marchas contra el Gobierno) podrán acceder al beneficio. Luego del encuentro, se le recordó a Alarcón una realidad: ambos sistemas son manejados por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Si efectivamente el Gobierno hiciera esto, Alarcón entraría en la historia K: sería la primera funcionaria a la que se le cumpliría la promesa de quitarle a Moreno una función encomendada por Néstor Kirchner.

Alarcón aceptó una condicionalidad: este Gobierno no implementará en ningún momento una rebaja en las retenciones, especialmente en el caso de la soja. El jefe de Gabinete explicó largamente, y con tecnicismos fiscales (provenientes de sus propios asesores económicos), por qué para el Gobierno avanzar en una medida de este tipo es utópico. El funcionario mostró planillas donde se ve la posible evolución del precio de la oleaginosa, con la posibilidad cierta de que para fin de año supere largamente los u$s 410 la tonelada. Esto significa ingresos «indispensables» para el Ejecutivo, según la definición de Fernández, que además figurarán en el proyecto de Presupuesto oficial para 2010. En la misma línea, pero con diferentes argumentos, aparece la posibilidad de una reducción en las retenciones para el maíz, el trigo, el sorgo y el girasol. En este caso, las explicaciones que recibió, y aceptó Alarcón, apuntan a la imposibilidad de dejar el precedente de que este Gobierno puede llegar a aceptar una rebaja en las retenciones. La idea, entonces, según la explicación oficial que recibió la flamante secretaria, es que los productores reciban otro tipo de ayuda.

En ese momento, la conversación derivó en la posibilidad de flexibilizar al máximo los créditos del Banco Nación y hacer que los ruralistas se sientan más contenidos por la entidad financiera. Alarcón habló del problema de la falta de préstamos para los pequeños y medianos productores, especialmente en el caso del Nación y de la necesidad del Estado de estar más presente. Fernández asumió el compromiso, y prometió tomar contacto con la presidenta del banco, Mercedes Marcó del Pont, quien en general es reacia a recibir este tipo de presiones.

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