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Provincias: hacia una transición clave
Si de gestos se trata, Capitanich tomó la delantera. Su designación al frente de la Jefatura de Gabinete nacional parece haberle acortado el camino hacia la vidriera de 2015. Pero, paradójicamente, ese atajo puede resultar en su consolidación como figura presidenciable o puede definir su franca desaparición del tablero mayor.
LLAVE HACIA 2015
Como hábil político que es, el chaqueño sabe que su gestión como nuevo administrador del kirchnerismo es la llave que le aseguraría un futuro más allá de los límites provinciales.
De reojo, Scioli olfatea que el desembarco se traduce en un nuevo cerco del oficialismo sobre sus planes presidenciables. Y eso es, precisamente, la pulsión que lo lleva a encarar -en brutal desafíolos temas de la agenda que le marca la provincia de Buenos Aires.
Nadie duda a esta altura de que el problema de la inseguridad es el talón de Aquiles de su gestión. Por ello, el mandatario está dispuesto a hacer lo que tenga que hacer para revertir en el corto plazo la gravísima situación que se vive especialmente en el conurbano, donde está el voto que define la suerte de todo candidato a la Casa Rosada.
Pero la crisis de delincuencia es un flagelo endémico que arrastra años de quiebre social y algo de desorientación y compromiso político. Parece difícil que en poco más de un año pueda haber un giro brusco hacia la pacificación de las calles bonaerenses, que hoy han ganado no sólo los delincuentes comunes sino las bandas de narcos que se dispersan ya por varias zonas del país.
Mientras que el exmotonauta despliega toda su artillería en afinar la maroma que hoy parece asfixiar sus chances, desde el litoral llega la aspiración de Urribarri, que se entusiasmó incluso con ser él y no Capitanich el heredero de Juan Manuel Abal Medina.
Hoy es ya un axioma dentro del peronismo que los gestos de Cristina de Kirchner -en especial los que involucran a su Gabinete-son señales inequívocas de la jefa de Estado sobre sus preferencias en la disputa por la sucesión.
Fuera de ese trío de presidenciables, el malón de gobernadores peronistas que se queda en 2015 sin chances de reeditar incluye a José Alperovich (Tucumán), al riojano Luis Beder Herrera, al sanjuanino José Luis Gioja (fuera de discusión ahora por el trágico accidente que sufrió hace unos meses), el mendocino Francisco "Paco" Pérez y Oscar Jorge (La Pampa).
Todos -en público o en privado-fantasean con enmiendas que les permitan forzar un nuevo mandato o saltar de lleno a la pelea por la sucesión presidencial aunque dentro de un esquema con chances acotadas por el propio PJ.
Al tucumano Alperovich lo entusiasma el hecho de tener una pata dentro de la escena nacional con su esposa Beatriz Rojkes en la vicepresidencia del Senado. Y cree que esa circunstancia puede ayudarlo a revivir una utopía similar a la de 2011, cuando creyó que Cristina de Kirchner lo elegiría para ocupar el lugar que finalmente quedó para Amado Boudou.
En el Jardín de la República las cosas son más simples. Sin embargo, aunque pudo ganar con holgura las legislativas, la sociedad tucumana comenzó a exudar cierto aire de necesidad de renovación, que pareció evidenciarse en la caída del porcentaje del oficialismo muy por debajo del 60% que supo conseguir en la última elección. Pero Alperovich ya ha demostrado ser capaz de avanzar por sobre cualquier obstáculo que se le interponga, incluso si se trata de un límite constitucional o judicial.
En tierra cuyana, el mendocino Francisco "Paco" Pérez se ha involucrado en una extraña epopeya para lograr que lo habiliten a un nuevo mandato, debido a que la Constitución mendocina se lo impide.
Pero Mendoza es otro territorio donde el avance del radicalismo -con Julio Cobos a la cabeza-en las últimas elecciones legislativas anticipa una dura pelea por la gobernación 2015.
Por de pronto, el que viene será un año de reposicionamiento dentro del PJ mendocino, que además de sanar las heridas de la derrota hará una fuerte apuesta por "municipalizar" la gestión del oficialismo, de manera que el territorialismo ayude a consolidar una figura para la renovación.
Desde La Pampa, el triunfo de los candidatos de Oscar Jorge en octubre último por sobre las listas de Carlos Verna y Rubén Marín entusiasmaron a este dirigente de bajo perfil, cuya despedida de la gobernación podría haberse situado en 2011 si no hubiera sido por la renuncia a la postulación de Verna.
El lote de los gobernadores que sí cuenta con respaldo constitucional para permanecer otros cuatro años incluye, entre otros, al jujeño Eduardo Fellner, al salteño Juan Manuel Urtubey, al chubu-tense Martín Buzzi, al rionegrino Alberto Weretil-neck (como vice heredó el mandato tras la trágica muerte de Carlos Soria) y el cordobés José Manuel de la Sota; Gildo Insfrán en Formosa, Daniel Peralta en Santa Cruz y Claudio Poggi en San Luis.
Una mención aparte merece Chaco. Tras el salto del gobernador Jorge Capitanich al Gabinete nacional se abre un interrogante sobre cómo se computarán los años en la provincia a partir de este reacomodamiento. El actual gobernador a cargo es Juan Carlos Bacileff Ivanoff, vice de Capitanich que ocupó ese lugar en la fórmula que le garantizó al oficialismo dos triunfos consecutivos en la provincia.
En Chubut, a pesar de la derrota legislativa del gobernante Frente para la Victoria a manos del exgobernador Mario Das Neves, el entorno de Martín Buzzi ya empezó a trabajar por su reelección.
"Requerimos de más tiempo, así que vamos por eso", dijo la subsecretaria de Relaciones Institucionales de la Provincia, Rosa González, e integrante de la agrupación "La Mosconi" que impulsa un segundo mandato.
Los argumentos de quienes sostienen que es necesario reeditar van en la misma línea: cualquier gestión necesita más de cuatro años para completar los proyectos.
La idea de varios mandatarios de conquistar la reelección es, por ahora, sólo trabajo de los brazos políticos que rodean a los gobernadores. Pero se espera que con el correr de los meses y con el sinceramiento además de la escena nacional, lleguen también las acciones concretas en muchos distritos en donde hoy todavía algunos intentan recuperarse del cachetazo que le propinaron las legislativas.
Los gobernadores saben que en las provincias para ganar las elecciones deben poder sostener el liderazgo, a partir del dominio del territorio y el manejo de la agenda productiva local. Es un desafío que pone frente a frente a los oficialismos y a la oposición, que se juegan muchas veces la existencia misma dentro de la escena local.
INTERPRETACIÓN
Las proyecciones que se hagan de aquí a 2015 estarán signadas por los resultados de las legislativas, última elección antes del mayor cambio que es la renovación de Presidente y gobernadores. Precisamente, ese resultado arrojó algunos números que son una alerta para varios mandatarios con sueño de reelección o ansias presidenciales.
En el mejor de los casos, para la oposición los resultados adversos del oficialismo son una mani-fiesta voluntad de la ciudadanía por un cambio en el rumbo trazado, interpretación que fortificará los deseos de avanzar sobre distritos gobernados mayormente por el PJ.
Para empezar, los triunfos del radicalismo en provincias como Santa Cruz, Mendoza, Jujuy y Corrientes, hacen pensar en un 2014 donde los referentes de este histórico partido medirán fuerzas para recuperar el poder que alguna vez tuvieron sobre esos territorios. A excepción de Corrientes, corrida del calendario nacional por el desfasaje de la intervención federal, y cuyo gobernador Ricardo Colombi logró en setiembre revalidar el dominio radical en la provincia. El éxito o el fracaso de las gestiones que están hoy en acción dependerá también de otro factor clave: la solución a los problemas de productividad local que tienen en jaque a más de una docena de distritos.
Éste ha sido un año de serias dificultades en cuanto a la solvencia financiera de los distritos, afectados por el costo de la inflación en el plano local y por la imposibilidad que tuvieron para salir al mercado internacional en busca de colocaciones en moneda extranjera.
El alivio lo obtuvieron en gran medida gracias a la fuerte liquidez de pesos en el mercado local y a la volatilidad del dólar oficial, que les permitió salir a la caza de la vedette este año que fue el "dólar linked", un bono atado a la cotización oficial de la divisa.
Ese ingreso de fondos se destinó fundamental-mente a la concreción de obras públicas y gastos corrientes, como lo fueron los compromisos salariales asumidos a principios de 2013 con los gremios estatales y docentes.
El año que llega no promete grandes cambios en ese sentido y las provincias proyectan en sus Presupuestos nuevos avales para salir al mercado con colocaciones como "dólar linked" y Letras de Tesorería. Sin mayor margen para subir impuestos, la clave para el financiamiento adicional parece ser este tipo de herramientas de probado éxito.
Más allá de las reverberancias de la política económica y social nacional, las provincias tienen dificultades propias. Esa identificación del electorado con el contexto local, independientemente del nacional, tuvo su pico más alto en 2011, cuando ganaron todos los oficialismos provinciales, fueran del signo que fueran.
Ese fenómeno, que se replica con mayor facilidad en el plano municipal por la cercanía que supone el vecino con el intendente, fue sin duda un cheque en blanco para la mayoría de los actuales gobernadores.
Pero aquel esquema de hace casi tres años difiere del actual, cruzado además primero por las PASO y luego por las legislativas, donde se percibe cierta incertidumbre sobre el futuro económico nacional y sus lógicas implicancias en las provincias.
El interior sabe que ése es su principal activo. Quizás por ello, el desembarco de Capitanich en la Casa Rosada se podrá ver como una bocanada de aire fresco para muchas asfixiadas economías regionales. El nuevo jefe de Gabinete ya ha dicho que uno de sus objetivos es atender con mirada quirúrgica la problemática de cada una de las producciones locales, para contener el desmoronamiento que, de a poco, ha comenzado a verse más allá de la General Paz.
La otra gran deuda que tienen hoy todos los gobernadores es con la seguridad pública, que será el segundo motivo de encuentros articulados entre el interior y la Jefatura de Gabinete, mesa de entrada de las principales demandas.
La expectativa está puesta, fundamentalmente, en lo que ocurra con Buenos Aires, Mendoza, Santa Fe, Córdoba y Tucumán, los distritos que concentran los mayores índices de delitos del país, especialmente en los máximos conglomerados.
TAREA CONJUNTA
Si bien resolver o atenuar la crisis de delincuencia no parece ser una tarea propia del jefe de Gabinete, lo cierto es que el propio Capitanich ya anticipó a varios de sus otroras colegas su voluntad de recepcionar las demandas que en este sentido puedan surgir. Los gobernadores ya manifestaron -de manera aislada- su inquietud porque se convoque a un Consejo Federal de Seguridad, un espacio en el que pueden llegar no sólo a converger problemáticas comunes, sino en donde se puedan llegar a sincronizar acciones conjuntas entre las provincias y la Nación para amortiguar el impacto de la ola de delitos.
Por caso, este debate resiente hoy la relación con distritos como Santa Fe, donde el socialismo que gobierna reclama -sin éxito- un mayor acompañamiento del Estado nacional en la pelea contra las bandas de narcos que parecen haberse instalado en Rosario, que han sido responsables este año de más de 200 muertes y aparecen involucradas también en el grave ataque a balazos contra la casa del gobernador Antonio Bonfatti.
El poder territorial se pone en juego el año entrante desde la gestión. Ya sea para la reelección, la conservación o el arrebato del poder, los protagonistas de la pelea política tendrán un gran desafío por delante.
Será también tiempo de fortalecer lo logrado, de revertir lo errado y completar lo anunciado.
Casi por default, la provincia de Buenos Aires será el centro de las miradas en el recambio 2015. Por eso 2014 será el año en el que este distrito acaparará toda la tensión del oficialismo, que busca mantener el poder territorial frente a la nueva amenaza que representa ahora el surgimiento de Sergio Massa como referente de un espacio de peronismo crítico. Será, en consecuencia, un año de transición gravitante. Lo mejor o lo peor está siempre por venir.


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