12 de febrero 2010 - 00:00

Puzzle de Buenos Aires a Berlín

Natalia Smirnoff, a la derecha, y en el espejo los protagonistas de «Rompecabezas», Gabriel Goity y María Onetto.
Natalia Smirnoff, a la derecha, y en el espejo los protagonistas de «Rompecabezas», Gabriel Goity y María Onetto.
Natalia Smirnoff arma puzzles de 500 piezas en cuatro horas promedio, y de 1000 en algo más de un día, pero concretar su «Rompecabezas» le llevó cinco años. Ella dice «Hacer una película es como armar uno de un millón de piezas», y tiene suficiente experiencia como para que nadie piense que exagera. Encima es madre de familia. Antes o junto a su primera obra, que competirá en el Festival de Berlín, trabajó en veinte largometrajes muy diversos y unos cuantos comerciales, como asistente de dirección o directora de casting en «Valentín», «Cama adentro», «El fondo del mar», «Herencia», «El corredor nocturno», etc. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Existen los concursos de armar rompecabezas, como el que se muestra en su película?

Natalia Smirnoff
: Existir, no existen. ¿Pero recuerda «Telematch», ese programa alemán de entretenimientos, donde cada domingo se enfrentaban dos pueblos distintos en juegos muy ingeniosos y coloridos? Ahí hubo un desafío para ver qué pareja armaba uno más rápido. Y por Internet vi que, al menos una vez, se hizo un concurso en España, y el premio era un viaje a Alemania. Igual que en mi película.

P.: En la vida real, el premio del viaje se lo ganó usted. ¿Por qué no van también los protagonistas?

N.S.: Porque María Onetto y Gabriel Goity actúan juntos, de miércoles a domingo, en el Complejo La Plaza, y la película se presenta justo un jueves (el 18). Una lástima, pero así es la verdadera gente de teatro. Por suerte puede ir Arturo Goetz, el otro protagonista.

P.: ¿Con qué expectativas concurre?

N.S.: Las de ir al festival, nada más. Desconozco las otras competidoras, solo sé que hay varios autores fuertes, y en el jurado están Werner Herzog, la directora Francesca Comencini, un escritor, algunas actrices que no recuerdo, y el productor José María Morales.

P.: Renée Zellweger, Nan Yu, Cornelie Froboess, que trabajó con Fassbinder, y el novelista somalí Nuruddin Farah. Acá el español Morales es muy conocido, produjo «La ciénaga», «El abrazo partido», «El perro» y demás de Carlos Sorin, incluso es accionista de una sala de cine en Buenos Aires.

N.S.: Claro, y yo trabajé en «La ciénaga» y las otras dos de Lucrecia Martel, una persona que se compromete con cada detalle de su obra. Juntas vimos a todos los extras, uno por uno. Ese es un trabajo que me apasiona, directora de casting. Es el modo de explorar transformaciones, ver para dónde va el guión según sean sus posibles intérpretes, las combinaciones entre éstos, porque, sí o sí, cada actor tiene una impronta, no puede volverse tan camaleónico, tan dúctil como uno quisiera, y hay que saber combinarlo con los demás que intervendrán en la misma escena. También eso es como ir uniendo piezas.

P.: ¿Ya podemos hablar de algún descubrimiento suyo en materia de casting?

N.S.: Podría decir Leonora Balcarce, María Alché, y la propia María Onetto, que venía del under teatral y tuvo su primer protagónico en «La mujer sin cabeza».

P.: ¿Es la primera vez que Onetto hace escenas de cama, para colmo por partida doble?

N.S.: Ya tuvo una en «La mujer sin cabeza», recuerde, pero, cierto, no es lo que más hace.

P.: Lo que más hace el personaje es cocinar y limpiar la casa todo el día, incluso después que descubre el hobby de los rompecabezas y dedica horas también a eso (y con un compañero de juegos que no es su marido). ¿De dónde sacó ese personaje, al que incluso vemos amasando sobre un mantel de hule?

N.S.: Cuando estudiaba ingeniería tenía una compañera de Turdera, cerca de Temperley. Cada vez que iba a su casa me sorprendía la sensación de descubrir que hay como otra vida cerca de Capital. Algo como de otro tiempo. La madre de mi amiga era de vivir trabajando en las cosas de la casa, una abanderada de la limpieza, una mujer orgullosa de ver que comías lo que ella había cocinado expresamente. Me inspiré un poco en ella para esos aspectos del personaje. El resto es fantasía, es pensar lo que puede hacer alguien lleno de energía cuando los hijos ya son grandes, pronto van a irse, y la casa y el marido exigen menos.

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario