22 de agosto 2013 - 00:00

¿Qué aportaron actas de la Fed?

Se levantó el embargo sobre las minutas de la última reunión de la Fed. El ventarrón de su contenido pareció revolver todos los papeles sobre la mesa. La reacción de los mercados fue una secuencia fotográfica de la desorientación de los muy informados. La tasa de diez años, la verdadera protagonista de la saga iniciada en mayo, se ubicó en el 2,85%.

Las minutas fueron generosas en información, de lectura electrizante, provocaron una reacción bipolar y, al cabo de un rato, cuando se calmaron las pulsaciones, nos dejaron igual que antes de conocerlas. Es que no hay razones para pensar diferente que de antemano. Quien tenía en mente la convicción de que la Fed jalará el gatillo de la reducción de las compras de bonos en septiembre no debería abandonarla. Que se comprenda: las minutas no lo dicen ni lo niegan. La ambigüedad es la norma. Hay que recordar que la reunión del banco central ocurrió a fines de julio. Y -no bien culminó- ya conocíamos el comunicado oficial. Su mensaje fue benévolo e imparcial. La convicción de que septiembre es la fecha clave se forjó en mayo y junio, y tras la reunión reculó. Pero si se reinstaló con fuerza fue porque a la semana siguiente un batallón de funcionarios machacó con el asunto.

Que las minutas reciten los motivos para no apresurarse, para esperar a que sea la evidencia de una recuperación más sólida -y no un pronóstico dudoso- la que decida el momento adecuado, no alcanza para torcer esa impresión. Ya se dijo que la Fed está en falta en el cumplimiento de sus dos objetivos: el pleno empleo y la inflación al 2%. En ambos casos, por defecto. Si el QE3 se diseñó para ser utilizado hasta producir una "mejoría sustancial de las condiciones laborales" y las minutas señalan que los bajos registros de la tasa de participación y del ratio de empleo a población, o el gran número de trabajadores a tiempo parcial, son todos signos de una persistente debilidad, ¿cuál es la racionalidad para apurar su desmantelamiento? Si los miembros del comité admiten que su propia confianza en la resurrección de la actividad económica ya no era tan firme a fines de julio como en junio, ¿por qué no apretar el botón de pausa y demorar los planes? No hay una explicación convincente. Pero no parece necesario tampoco. Al mensaje de poner barbas en remojo se lo apuntaló. Un comentario específico no debería caer en saco roto: subraya que, al momento de celebrar la reunión, las expectativas del público estaban alineadas con las de la Fed. Hay que hacer memoria, pues, y trazar la correspondiente comparación. Desde entonces alguien movió la perilla del termostato. Sabemos que quien fustigó con septiembre fue la Fed. No cuenta. Pero a la tasa larga la fijan los mercados. En ese momento, oscilaba entre el 2,55% y el 2,60% y ahora se disparó. Si entonces estaba "bien", es difícil pensar que ahora no exagere. Al menos el gradiente de su tendencia. Sobre todo, porque la Fed no planea tocar las tasas cortas por los próximos dos años. Y también porque su aumento, como se reconoce expresamente, está lejos de ser inocuo para poder concretar el ansiado escenario de una firme recuperación.

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