29 de agosto 2011 - 00:00

¿Qué democracia va a surgir del caos?

Trípoli - «¡Caminá con la cabeza bien alta, porque sos un libio libre!», se gritan unos a otros los jóvenes de Trípoli cuando por las noches recorren con sus ve- hículos las calles de la ciudad, extasiados por la victoria sobre Muamar el Gadafi.

Muchos de ellos comienzan ahora, una semana después del levantamiento en la capital, a entender que la era de ese adicto al poder que se hacía llamar «rey de los reyes de África» se ha terminado.

Según opinan los observadores extranjeros sobre el terreno, seguramente no surgirá un Estado democrático que emule los modelos occidentales. Tampoco la corrupción desaparecerá de la noche a la mañana. Pero la mayoría de los hombres de Bengasi y Trípoli creen que sí lograrán crear un Estado en el que domine la libertad de prensa y los ciudadanos puedan vivir con dignidad.

La realidad es que Libia deberá reinventarse por completo. Excepto el Ministerio del Petróleo y algunas empresas estatales, Gadafi gobernó un país sin instituciones. No hay Constitución y los partidos estaban prohibidos. La Justicia existía en primer lugar para poner entre rejas a quienes traían problemas a Gadafi y sus aliados. Y a veces, incluso se saltaba la Justicia y encerraba a los presuntos opositores al régimen sin condena, los ponía bajo arresto domiciliario o los asesinaba.

Sin embargo, aunque los rebeldes lograran la paz y la reconciliación, quedan aún dos preguntas abiertas: ¿Qué papel desempeñarán las tribus, tan poderosas sobre todo fuera de Trípoli? ¿Y qué papel tendrá la religión? Gadafi supo manejar con virtuosismo los hilos de las rivalidades tribales, pero para la generación joven, que ha tenido muchas víctimas en esta revolución, la ideología, los vínculos familiares, la religión y las amistades tienen con frecuencia más relevancia que los tradicionales lazos tribales.

El Libia, donde muchas personas son muy devotas, el islam desempeñará en el futuro una función más importante que hasta ahora. «El islam es la masilla que mantiene unida a nuestra sociedad», explica un estudiante que lucha desde hace cinco meses en una unidad rebelde. En cambio el islam político, como el de Egipto, Kuwait y otros países árabes, no existe en Libia porque Gadafi no permitía organizaciones políticas. Hay un pequeño número de islamistas en las unidades rebeldes de Derna, en el este del país, de las que en las últimas dos décadas salieron también jóvenes para unirse a grupos terroristas en Irak y otros lugares.

Pero el número de empresarios, médicos, estudiantes e ingenieros que desde febrero abandonaron su cómoda vida en Estados Unidos o Inglaterra para derrocar a Gadafi y modernizar su país es, seguramente, mucho mayor.

Agencia DPA