- ámbito
- Edición Impresa
¿Qué esperar ahora de Europa?
Mario Draghi
¿Cuál es el mandato de la hora? No hacer olas. Y no se limita a Europa, es una prioridad transatlántica. No es por pensar mal, pero la mano invisible de Barack Obama, por cierto, no debe resultar ajena al giro balsámico. Es la única que no ha dejado sus huellas dactilares y, sin embargo, el presidente demócrata es el gran beneficiario inmediato de la audaz cruzada de política económica del G-7 (las movidas de Draghi y Bernanke en la Fed, así como el rol pacificador que asumió Frau Merkel en todo el Mediterráneo). Lo más cercano a una evidencia que lo corrobore, de momento, son declaraciones «off the record» atribuidas a funcionarios de Washington y Berlín. EE.UU., según estas versiones, movió sus influencias para desterrar cualquier sorpresa que arruine los comicios del 6 de noviembre. Y, cooperación internacional mediante, tendría asegurada una conveniente «pax electoral».
España prometió dar un paso adelante este jueves. El ministro de Economía, Luis de Guindos, atará las reformas a plazos precisos y muy estrictos. El de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunciaría nuevas medidas para garantizar que el ajuste que demanda Bruselas se cumplirá sin desvíos. ¿Y el rescate? ¿Qué rescate? Wolfgang SchTMuble, el ministro alemán de Hacienda, y el perro de presa del ajuste europeo, contestó el viernes: no es necesario. «España no necesita ningún programa, porque está haciendo lo correcto y tendrá éxito», afirmó. «Lo que España necesita es la confianza de los mercados financieros y ahí es donde España tiene verdaderos problemas». Berlín no presiona y Rajoy, por supuesto, no se atará a un rescate convencional si no es bajo presión extrema. Amén de que lo que SchTMuble sugiere remediar -el déficit de confianza- es el sayo que le cabe a la intervención del BCE.
Si no lo hace Alemania, deberán apretar los mercados. Pero no embestirán a fondo tampoco si piensan que el banco central saldrá al ruedo con las compras de deuda. Después de la maniobra de Draghi, lo que se advierte es que a los Gobiernos de Europa ya no los corre la urgencia. Es patente que no quieren involucrar más recursos públicos (no sólo porque es impopular, hay que tener presente el límite de exposición crediticia de 190 mil millones de euros que el Bundestag le autorizó al Gobierno de Merkel). De ahí, el aire de bluff de los dos billones de euros del MEDE. Pero sería una desprolijidad imperdonable no terminar de atar los cabos sueltos de la estrategia. Es difícil pensar que el BCE no exigirá su cumplimiento. ¿Qué cabe esperar a la postre? Que España se acoja a un programa preventivo de crédito. O sea, que adhiera a una línea precautoria de asistencia (del FEEF/MEDE), pero sin activación de los desembolsos y con escasa condicionalidad adicional. La formalidad del rescate quedará así satisfecha. Y, de ahí en más, habrá vía libre para las compras de deuda del BCE. Sería una solución poco cruenta, pero, aun así, Rajoy no querrá pagar el costo político del estigma. Deberá ser Berlín el que lo convenza. Quizás se ocupe cuando concluya la feria electoral.


Dejá tu comentario