Donde sea que estemos parados (ante una subida o una bajada), es claro que el piso no está muy firme, decíamos el lunes. Con el Dow trepando ayer un 0,78% a 10.544,13 puntos, el máximo desde el 10 de agosto, esto puede no ser demasiado evidente, pero es así. En primer lugar, el volumen promedio diario mensual en lo que va de setiembre es el más bajo desde fines de 2007. Para peor éste se ha venido concentrando cada vez más en la primera y última hora de operaciones -la rueda dura 6 horas y media-, cuando se negocia casi dos tercios del total. Tenemos además que las operaciones a futuro sobre el índice VIX (el índice del temor) conllevan un incremento del 31% en la volatilidad del mercado a tres meses, en tanto los contratos equivalentes para Europeo (el Vstoxx) y los mercados emergentes (iShares) se operan con spreads (diferenciales) sin precedentes. Incluso al analizar alzas como la de ayer cuesta pensar que éstas sean el reflejo de un futuro unipolar.
A la cabeza de las subas, ganando un 3%, tuvimos al sector bancario impulsado por el anuncio que las medidas tomadas en Basilea III para evitar una próxima crisis global recién estarán vigentes a pleno en ¡2019!
La otra pata de la recuperación vino de la mano del 0,9% que avanzó el precio de los commodities tras conocerse que la producción industrial China había crecido más de lo esperado. Podríamos seguir con los comentarios en torno a una eventual burbuja de bonos, pero sobre esto ya hemos hablado bastante otras veces. Toda esta realidad, en cuanto no refleja un mercado funcionando aceitadamente, no nos gusta. Más allá de ello es poco lo que podemos decir, porque esto puede estar reflejando tanto el comienzo de una suba como una baja e, incluso -el peor escenario-, un largo período anodino.
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