“Quise hablar de la guerra desde el lugar de la sociedad”

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Tras haberse dedicado durante años a las mitologías nórdicas y célticas y de haber publicado libros sobre el universo mágico de las runas, la brasileña Fabiana Daversa, hija de la actriz y escritora argentina Élida Gay Palmer y del director teatral y cinematográfico italiano Alberto Daversa, pasó a la ficción con la novela «La hermandad de las ballenas». Ahora aparece su segunda narración, «La balsa de Malvina», publicada por Suma de Letras de Alfaguara. Fabiana Daversa hace veinte años que se ha radicado en la Argentina, desde donde con su marido publica una revista virtual. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Su vocación de escritora ha tenido que ver el que sus padres hayan pertenecido al mundo del arte?

Fabiana Daversa: Mi madre, Élida Gay Palmer, fue actriz y guionista. Como guionista escribió varias telenovelas, algunas sola como «Julián de madrugada», otras con Nelly Fernández Tiscornia. Publico «El alambrado» que fue una de los primeros libros que se escribieron sobre desaparecidos en el Proceso. Mi abuelo, Perfecto Gayoso, era escritor y poeta. Y mi padre, Alberto Daversa, se formó como director en la Academia de Artes Dramáticas de Roma, y su gran compañero y amigo fue Vittorio Gassman. En la Argentina, donde conoció a mi madre, dirigió algunas películas en la productora de Armando Bo, y como especialista en Bertold Brecht, de quien también era amigo, puso entre otras obras «Madre coraje» en el teatro IFT, teatro que dirigió durante cuatro años. Después, en los años 50, por razones políticas se tuvo que ir a Brasil, donde prosiguió su carrera de director y maestro. Y allí, en San Pablo, nací yo. En casa se respiró siempre el esoterismo naturalmente, como una vía a la creatividad. Creo que eso lleva a no quedarse con una versión de uno mismo, sino producir hechos creativos que dan muestra de nuestra complejidad.

P.: ¿Cuando escribe ficciones cuales son sus autores de referencia?

F.D.: Tengo una gran influencia de las letras brasileñas. Me gradué en Ciencia de la Comunicación y Artes en la Universidad de San Pablo. Tengo pasión por Clarice Lispector, que va hacia los sentimientos y los vínculos llevando a los personajes más allá de la expresividad retórica. Me encantan algunas novelas de Jorge Amado, y el Euclides da Acunha con «Los Sertones». En Brasil florece el sentimiento de América latina como identidad propia. Eso tiene que ver con la música popular brasileña, con su poesía, con su teatro y literatura. El que en mí se junten tradiciones argentinas y brasileñas hacen que me sienta muy del Mercosur, que mi corazón es verde amarillo celeste y blanco.

P.: ¿Cuándo decidió escribir una novela con Malvinas como tema?

F.D.: «La balsa de Malvina» lleva escrita dos años, y ahora sale publicada. Quise hablar de la guerra pero desde el lugar de la sociedad, a través de las búsquedas y los sentimientos de una mujer, sin hablar de las batallas ni de los elementos técnicos del conflicto. Es la historia de una joven paleontóloga de veintipico de años, con un padre ex combatiente. Ella se ha formado, como tantos otros, escuchando a los Guns & Roses, los Beatles y los Rolling Stones, oyendo música y viendo películas en inglés, que vive en un mundo que se ha volcado a la globalización. Tiene que convivir con esas dos partes: la de su experiencia personal, y lo vivido y padecido por su padre y por tanto por su familia. Me pareció que era tratar de una experiencia intensa. Recordar un conflicto externo y lejano revertía en un conflicto interno y cercano. Investigando, hablando con testigos y con gente común noté que Malvinas es una herida abierta, que la guerra estaba como un lugar de mucho dolor. Es notable cómo cuando se me ocurrió trabajar una novela que tuviera como superficie el tema de las Malvinas, y como fondo el de la identidad, se produjo a partir de amigos una red de gente que quiso colaborar conmigo.

P.: ¿Cuál es su forma de trabajar?

F.D.: Comienzo investigando e imaginando. Me gusta escribir sobre lugares que no conozco, que después voy y recorro. El desafío es percibirlos antes de visitarlos. En la parte investigativa me importó la obra de Federico Guillermo Lorenz, historiador de las Malvinas, que tiene un abordaje diferente. Y algo que me resultó muy valioso es cómo se ha retomado el tema en la Argentina con muchísima dignidad, sin caer en maniqueísmos, en las exacerbaciones patrioteras, sino buscando el diálogo, teniendo en cuenta la importancia de elementos que dan legitimidad sobre ese territorio. En la investigación me enteré que a los chilenos el gobierno de las islas les ofrece ir a trabajar diez años a cambio de la ciudadanía británica.

P.: «La balsa de Malvina» es su segunda novela, y la anterior fue «La hermandad de las ballenas», cuyo escenario tambien es el sur de nuestro país.

F.D.: Es un ambiente que atrapa, un escenario entre desértico y mágico, en el que se ve el deseo de crecer, de integrarse. Como brasileña siento que la Argentina parece un conjunto de bloques que aún tienen que encontrar la costura. En la Patagonia aún se siente la presencia de esa diversidad extranjera que hizo a la singular construcción de este país. Con «La hermandad de las ballenas» pude comprobar esa tremenda fuerza de lo imaginario con la que los narradores solemos jugar en nuestra labor. Lo que escribí sobre el avistaje de las ballenas en mi casa era exactamente igual a lo que viví cuando fui a Puerto Madryn.

P.: Usted ha trabajado sobre mitologías nórdicas y célticas, y sobre las runas, temas que interesaban sobremanera a Jorge Luis Borges.

F.D.: Estoy fascinada con el libro de Martín Haidis «Siete guerreros nortumbrios», que trata, entre otras cosas, sobre las siete figuras de guerreros que están en la lápida de Borges en el cementerio Plainpalais, en Ginebra, y que tiene una frase que remite a las antiguas mitologías nórdicas, germánicas y teutónicas. Muchas de las narraciones de esos pueblos han llegado a través de cuentos para niños, de cuentos de hadas, y es una mitología muy rica. Ese pensamiento se ha reflejado en «El señor de los anillos» de Tolkien, en «Las crónicas de Narnia» de C.S. Lewis, en «Harry Potter» de J.K. Rowling. Borges tenía esa parte mística, esotérica, como algo importante de un saber donde estaban las tradiciones nórdicas, la kabala, el i ching. Ahora con mi marido, Gustavo Rocco, especialista en el i ching, hemos abierto una página en nuestra revista virtual «El soñario», una página borgiana. Ahí esta por aparecer una nota que muestra las relaciones del árbol de la vida de la kabala y el de las mitologías nórdicas.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

F.D.: Estoy trabajando sobre fotos y sueños de Grete Stern, la extraordinaria fotógrafa alemana que llegó a la Argentina en la posguerra, que se casó con el fotógrafo Horacio Coppola, y comenzó haciendo fotonovelas en la revista «Idilio», donde trabajaba como actriz mi madre. A esa revista las lectoras mandaban fotos y Grete hacía fotomontajes entre expresionistas y surrealistas. Algunas de sus fotos surrealistas se expusieron hace no mucho en el Malba y luego en el Centro Cultural Borges. Yo cuento que Grete, ya anciana, recuerda a una lectora de «Idilio» que vivió una vida surrealista en medio del Buenos Aires de los 50, tiempo en que mis padres andaban poco acá. Se va a llamar «La mirada indiscreta».

Entrevista de Máximo Soto

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