Fed será paciente antes de elevar las tasas de interés el año que viene, reza el comunicado oficial. El banco central modificó su lenguaje, pero sus intenciones no cambiaron, dijo Janet Yellen, quien hoy conduce sus destinos. Es altamente improbable que se dé comienzo a la suba de tasas antes de las próximas dos reuniones, aseguró. John Williams, titular de la Fed de San Francisco, luego añadiría una mayor precisión cronológica: mediados de 2015, o sea, junio, es la fecha in pectore, de no surgir una mudanza imprevista de las condiciones económicas. Como por arte de varita mágica, la zozobra por el petróleo pasó al olvido (ni que Yellen se hubiera ocupado de taponar los pozos de crudo que producen en exceso). Es el milagro de la fe(d). Ya no importó la merma brusca de los precios del combustible ni el riesgo crediticio. Una Fed paciente con las tasas avivó la impaciencia de los inversores por retomar el rally de las acciones. La urgencia por ponerse a resguardo trocó de súbito en apremio por comprar. ¿Qué crisis del rublo?, se preguntó Vladímir Putin, el líder ruso, lamiéndose las heridas con alivio.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
¿Acaso fue todo un malentendido? ¿Aquí no ha pasado nada? El jueves, con el barril en los mínimos desde 2009; el Dow Jones se terminó de catapultar más de 400 puntos en un par de ruedas, su mayor ascenso en tres años. Desde un principio se afirmó aquí que el shock petrolero era un fenómeno netamente favorable, pero los mercados se movieron con desconfianza. Sólo con los reaseguros de una Fed amistosa volvieron a soltar amarras.
El rally de las Bolsas regresó a pleno, recargado. Se sabe, lo que no mata fortalece. Lo vimos en octubre cuando la corrección rozó, fugaz, el 10% y el retroceso obró como resorte para un contragolpe alcista fulminante. ¿Punto final para el tembladeral del petróleo? Es obvio que la Fed tiene credibilidad e influencia, pero sus poderes no llegan a tanto. Lo que el banco central puede lograr es cambiar el eje de la atención. Yellen no despejó la incertidumbre que rodea a la suerte del barril, pero la desplazó del centro de la escena. Allí reinstaló la primacía del mercado bull (la tendencia alcista de fondo que rige desde 2009). Créase o no, la sensación de una crisis grave en ciernes se acabó en el acto con el comunicado oficial de la Fed. Desde ya, para quienes viven del crudo, la situación específica no mejoró. Los quebrantos se siguen acumulando. En Rusia, Venezuela o Irán continuará la hemorragia, pero el mundo ahora prefiere sintonizar otro canal. El miércoles a la manaña no hubo quien no se enterase con espanto de la cotización del rublo y sus increíbles vicisitudes. Después de Yellen, el mundo podrá volver a su rutina de completa ignorancia de cuanto acontece en Moscú, y no correr ningún peligro.
¿Qué cabe esperar? Diciembre, pese a todo, respeta su patrón estacional tradicional. Ello incluye el bache usual a mitad de mes y la reacción potente en las adyacencias de la Navidad. Es alentador que la recuperación de las cotizaciones barriera un abanico amplio. Bonos basura, mercados emergentes, commodities y monedas de países emergentes, castigados sin piedad durante el temporal, resucitaron de las cenizas. La cobertura de posiciones vendidas sirvió de gatillo. Pero la ola no se detendrá aquí. Debería extenderse con el cambio de año y tomar envión cuando se estabilice el precio del barril. Que no haya habido defaults ha sido vital para retomar una posición agresiva tan pronto. Que no los haya más adelante, facilitará lo que los mercados olfatean, el camino despejado para un muy buen Efecto enero.
Dejá tu comentario