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Rally en Wall Street: a matar o morir
¿Quo vadis? Dos semanas después, la pregunta del millón sigue sin respuesta. ¿A dónde se dirigen las acciones? La Bolsa remontó una dura cuesta y sentó sus reales en zona de récords. ¿Se apresta, desde aquí, al abordaje de nuevas alturas? ¿O es la señal ominosa del «doble techo»? Este rally, que ya quemó varias vidas, ¿rebotó como un gato muerto sólo para terminar de despeñarse? ¿O tiene maña y energía para sacar de la chistera un truco más? Si el as de espadas está en los balances, mejor que asome pronto. Con otra mano como ésta no se podrá cantar el retruco. Y si la tendencia no se corrige el rally deberá irse al mazo.
Las buenas noticias llegaron el viernes. Las amontonó un viento providencial. La lectura de precios minoristas picó en alza -trepó el 0,5% en marzo- pero la versión núcleo sólo avanzó el 0,1%. En los últimos doce meses el índice de precios general marca un aumento del 2,7%, pero descremado de energía y alimentos, apenas del 1,2%. Cuando la Fed lanzó el QE2 (expansión cuantitativa), este renglón acusaba el flagelo de la desinflación. Ya no más: en seis meses el registro se duplicó. Sin embargo, tampoco hay razones -a un ritmo mensual del 0,1%- para pensar que la inflación se desbocó. Si la Fed es el gran aliado con que cuenta la Bolsa, nada la obliga a romper la sociedad antes de tiempo. Puede administrar el QE2 hasta su vencimiento natural en junio. Otras señales favorables vinieron de la mano de la producción industrial, que confirmó su firmeza y una mayor utilización de capacidad instalada, y de la confianza del consumidor, mucho más fogosa que lo esperado. Bajo esta luz, la sorpresa desagradable de un salto en los pedidos iniciales de subsidios de desempleo (que volvieron a encaramarse por encima de los 400 mil) luce como una aberración puntual y no como una reversión de la mejoría en las condiciones laborales.
No obstante, no conviene engañarse. La economía no ruge tan pujante como prometía a comienzos de año. Se sabrá con certeza a fin de mes, pero ya se intuye que el crecimiento del primer trimestre -que se pensó orillaría el 4% en los EE.UU.- no llegará al 2%. La suba en el precio del petróleo cobra peaje. Y si bien las cifras de ventas minoristas de febrero y marzo no fueron tan pobres como se temió en un momento, justifican sólo un avance tibio del consumo, muy por debajo de lo que supo ser a fines del año pasado.
Los altos precios pueden espantar a la inflación, pero también a la demanda. Y en ningún mercado quedó más claro que en la propia plaza del crudo. No importa que la oferta de Libia esté diezmada por una guerra civil que se prolonga sin solución en el horizonte, Arabia Saudita anunció que recorta su producción en medio millón de barriles diarios para evitar una incómoda acumulación de sobrantes. Alguien, por lo visto, podó su consumo. A caballo de una espesa incertidumbre, los precios subieron. Demasiado. Pero antes de verlos caer, los sauditas prefieren prevenir y rebajar la producción. Dice Goldman Sachs, que es el oráculo oficioso de las materias primas, que la demanda de los especuladores atesoró unos 100 millones de barriles entre mediados de febrero y fines de marzo (por encima de los inventarios que ya poseían). ¿Su contribución a la prima de riesgo que abulta las cotizaciones del crudo? Entre 8 y 10 dólares de hinchazón. Removerla sería óptimo para la Bolsa, pero la misma Fed que la beneficia con sus tasas bajas también subsidia la mantención de estas tenencias. En el corto plazo, haría falta una tregua en Libia.
Habrá que volver, pues, a hurgar en los balances. El aperitivo ligero no satisfizo. No por culpa del resultado final, el aumento de las ganancias por acción, a decir verdad, se ubica en línea con las estimaciones. El diablo está en los detalles; con frecuencia, en el renglón de ingresos que crecen peligrosamente poco. Toca ahora servir el primer plato. O sea, se dispone de una segunda oportunidad (que rara vez se concede). En la semana, más de un centenar de compañías verterá sus números y proyecciones para lo que resta del año. No podrá alegarse que la muestra no es representativa. Será el turno de IBM, Intel, GE y otros siete componentes del índice Dow Jones. Con Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley se acabará por barrer todo el espectro de la gran banca. Debiera resultar concluyente. Como quien dice, a matar o morir.


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