2 de marzo 2010 - 00:00

Recoleta: espacio histórico para el arte contemporáneo

Entre lo más destacable que exhibe hoy el Recoleta figuran el proyecto italiano que une dibujos de Carla Accardi con sonidos de Gianna Nannini, y las obras de dos notables artistas jóvenes locales, Delfina Bourse y Mariana Sissia.
Entre lo más destacable que exhibe hoy el Recoleta figuran el proyecto italiano que une dibujos de Carla Accardi con sonidos de Gianna Nannini, y las obras de dos notables artistas jóvenes locales, Delfina Bourse y Mariana Sissia.
Cuentan que en el año 1583, Juan de Garay le habría cedido las tierras donde hoy se encuentra el Centro Cultural Recoleta al nieto del primer alcalde de Buenos Aires, y que éste cambió esos terrenos por un traje. Desde entonces, no faltan historias ni protagonistas pintorescos rondando el edificio del Recoleta, cuyo origen se remonta al siglo XVIII.

Se trata de un estupendo espacio para recorrer en las tardes de verano, una de las construcciones más antiguas que se conservan en Buenos Aires. Y vale la pena repasar su historia: en 1716 estaba en manos de los frailes Franciscanos Recoletos, y los arquitectos jesuitas Juan Krauss y Juan Wolf realizaron los planos de la primera construcción; luego, la fachada y los espacios interiores del convento se atribuyen al italiano Andrés Blanqui. A partir de las primeras décadas del siglo XIX, el edificio tuvo varios destinos: Belgrano instaló allí una escuela de dibujo y, luego, esos claustros albergaron el Asilo de Mendigos. De esa época data la Capilla del arquitecto Juan Buschiazzo que hoy se utiliza como Auditorio. Años más tarde, el Hogar de Ancianos General Viamonte habitó el edificio, hasta que en 1980 se tomó la decisión de remodelarlo y crear un Centro Cultural, tarea encomendada a los artistas y arquitectos Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit.

En abierto contraste con la antigüedad arquitectónica, la actividad del Centro Cultural Recoleta, por su condición experimental y su alianza con el arte contemporáneo, es siempre cambiante. Sus exposiciones son siempre pasajeras y, sin embargo, hay una al parecer perdurable: el jardín que montaron para la muestra «Carlos Thays, un jardinero francés en Buenos Aires», encontró su lugar aparentemente definitivo en el patio de ingreso, junto a un añoso tilo.

Los visitantes pestañean asombrados al descubrir las mariposas que revolotean entre flores primorosas. La muestra de Thays se levantó hace ya unos meses de la sala Cronopios, pero el jardín llegó para quedarse: hoy su atractivo compite con el del arte e invita a evocar el inefable legado del francés.

«Macanudismo», se llama la muestra que ocupa las grandes salas del ala izquierda del edificio. La exposición del joven humorista Liniers, demuestra, a través de sus pinturas y dibujos de grandes dimensiones, que es un verdadero artista. Las cualidades de las obras, su expresividad y frescura, se tornan evidentes en el gran formato de cuadros, pero hay algo que trasciende las dimensiones y se relaciona con la posición del artista frente al mundo. El modo de enfrentar la vida de Liniers pone ante los ojos del espectador esa alegría esencial que celebraba Breton al concluir su manifiesto surrealista, donde dice: «Este verano las rosas son azules». [.] Vivir y dejar vivir son soluciones imaginarias. La existencia está en otra parte».

En otra vertiente, con toda la complejidad conceptual del arte contemporáneo, la curadora italiana Dora Stiefelmeier presenta «Pasos del Pasaje», un proyecto que reúne la obra de Carla Accardi y el sonido de Gianna Nannini, y que fue gestado en el laboratorio de Milán RAM- radioartemóvil (www.radioartemobile.it) donde se combinaron y equilibraron los elementos visuales y sonoros.

Accardi es una artista reconocida en el circuito internacional, al igual que Achille Bonito Oliva, el autor del texto «Un pas de deux», dedicado a la muestra. La obra se despliega en la integridad del piso de una sala, cubierto por baldosas blancas y verdes con los dibujos abstractos de Accardi, que ostentan un lejano parentesco con los de Matisse. En este espacio, el espectador cumple un papel esencial: sus pasos activan el sonido de Nannini, que se torna envolvente.

Sobre la interactividad de la obra, Oliva describe: «Una etérea arquitectura, una nueva casa del arte ha sido fundada por Carla Accardi y Gianna Nannini. Juntas han creado un espacio visual y sonoro gracias a la unión de dos lenguajes diversos. El resultado final es un movimiento visual y sonoro completamente circular. Una feliz interactividad que no implica únicamente la mente sino también el cuerpo en su conjunto».

Si bien es verdad que las exhibiciones del Recoleta no mantienen un nivel de calidad parejo, hay dos salas que vale la pena visitar: ambas muestran un breve panorama de la producción de nuestras nuevas generaciones de artistas. En medio de la uniformidad reinante en un circuito donde todos los caminos han sido explorados, Delfina Bourse se destaca, su obra resulta diferente. El soporte de madera rompe con la lógica del soporte tradicional, que es la tela en blanco, y replica el formato de un cuadro, con su pintura y un marco voluminoso. Esa superficie ha sido pintada en su integridad, con colores vivaces y formas que evocan la exuberancia y sensualidad de la naturaleza. Luego, con gesto firme la artista devastó la pintura y arrancó partes de la madera, que quedó lastimada, al descubierto. De este modo, la pintura y esas zonas donde falta el color, constituyen la totalidad de la obra.

El maestro de Bourse, Eduardo Stupía, elogia su «habitual vitalidad colorística y constructiva».

Entretanto, a ese despliegue de energía se contrapone el gesto delicado de Mariana Sissia, su pequeño y enigmático dibujo realizado al lápiz perteneciente a la serie «Defensa de mí misma». El paisaje, difícil de olvidar, se exhibió en el concurso «Currículo Cero 2009» de la Galería Ruth Benzacar, y muestra un hueco en la tierra y una escalera que permite escalar ese abismo. Finalmente, el corazón desgarrado de Alejandro Husni, con su figuración enrarecida y dramática, marca el clima inquietante que predomina entre los jóvenes.

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