6 de abril 2009 - 00:00

Récord: EE.UU. perdió 5,1 millones de empleos

La primavera de las Bolsas no resplandece todavía en el mercado de trabajo. La crudeza de las cifras exime de todo comentario. La recesión destruyó 5,1 millones de empleos netos en los EE.UU. desde su bautismo oficial en diciembre de 2007. En los últimos cinco meses se esfumaron 3,3 millones. Y, contra ese marco de referencia, marzo no arrimó bálsamo alguno. Con 663 mil pérdidas fue tan corrosivo como la media reciente. Los guarismos son preliminares pero -dado el patrón sistemático de las revisiones; desde que comenzó la recesión, siempre sesgadas al alza- cabe esperar que los números definitivos sean más abultados. Así, la primera estimación de enero, una poda de 598 mil plazas, se transformó, dos meses más tarde, en el desguace de 741 mil. No es el mercado laboral, por cierto, la fuente de augurios donde las Bolsas alimentan su flamante optimismo.
El empleo y el producto bruto tienden a moverse en tándem, aunque pueden exhibir discrepancias significativas en el corto plazo (por factores tales como las fluctuaciones de la productividad o de la intensidad de uso de la fuerza laboral). La ventaja de monitorear el mercado de trabajo para escrutar la marcha de la economía reside en la disponibilidad de lecturas mensuales de amplia cobertura y temprana publicación. Es así como recién a fin de abril se sabrá qué pasó con el producto bruto del primer trimestre pero, en cambio, ya se conoce la ruta precisa que tomó el empleo.
En el cuarto trimestre de 2008, la ocupación cayó a un ritmo anualizado del 3,8%. La merma del producto bruto fue más pronunciada: un 6,3%. En los tres primeros meses de 2009, el derrumbe de la nómina laboral se acentuó con una baja inaudita del 6,2%. Tomando en consideración los niveles promedio de la fuerza de trabajo, la destrucción de puestos superó los 2 millones frente a los 500 mil del tercer trimestre del año pasado y el 1,3 millón del cuarto. Nada sugiere un freno a la oleada de despidos. Por el contrario, las cifras certifican una visible aceleración. Y, por su magnitud, no cabe achacar el deterioro a un mero error de medición.
Nadie en su sano juicio argumenta que la recesión tocó ya a su fin. Lo que las Bolsas insinúan es la posibilidad de un viraje próximo. Oponer el agravamiento actual de las condiciones de empleo no es una refutación convincente: que las condiciones laborales se erosionen hoy a paso redoblado no excluye una mejoría ulterior. Las Bolsas no ignoran el oleaje a sus pies, pero apuestan a un horizonte más despejado. De la mano de una menor aversión al riesgo, un timón más firme de la política económica y mejores lecturas en una paleta de indicadores diversos. El mantra de una recuperación económica en la segunda mitad de 2009, nunca tan bien fundado como mecánicamente repetido, volvió a ganar posiciones. Después de todo, el meneado paquete de estímulo del presidente Obama comenzará allí a desembolsarse en forma efectiva. Su ausencia, tras una inexplicable dilación, permitió que la crisis avanzara sin encontrar una respuesta fiscal contundente que le cerrara el paso. Ejecutar por fin la iniciativa -tal su razón de ser- puede recuperar mañana los empleos que se pierden hoy y que las estadísticas reflejan a carta cabal.
El mercado de trabajo es una cantera con ricas vetas de información. No se agota para nada en el seguimiento de las series de empleo. Puede aportar también una plataforma de observación que, como las Bolsas, escrute el horizonte en busca de señales de cambio. Dos variables de su acervo -las solicitudes de subsidio de desempleo y las horas trabajadas- son indicadores líderes con probadas credenciales. Por eso mismo es tentador cruzar sus valores con las lecturas positivas de las Bolsas (y de los precios de las materias primas o, si se quiere, de los agregados monetarios). Lamentablemente, el sondeo no confirma pronósticos de recomposición. En la interpretación más benigna, los pedidos iniciales de subsidio de desempleo se amesetaron. Pero instalados en un altiplano de 650 mil solicitudes, no hay allí la más mínima señal de que la economía se apreste a morigerar su retroceso. Si se escarba en la serie de horas trabajadas, las conclusiones no varían en absoluto. De hecho, lo que resalta es que el ajuste del mercado laboral es más profundo que la propia destrucción de empleo. Ya en el tercer trimestre, la reducción de puestos de trabajo fue del 1,5% (anualizada), pero las horas utilizadas cayeron casi el doble: un 2,8%. En el cuarto, la brecha se amplió: la ocupación bajó un 3,8% y las horas totales, 7,9%. Como serie con cualidades de anticipación, el vaticinio era un recorte más abrupto del empleo. Y con los datos del primer trimestre en mano, ello se confirma. En efecto, la dotación se contrajo un 6,2%. Mirando hacia adelante, lejos de calmarse, el panorama se agravó: las horas trabajadas cayeron un 9,3% en enero-marzo. No hay sustento aquí para profetizar un nivel de ocupación estable, sino todo lo contrario. Y si se piensa que las Bolsas trazaron sus mínimos en marzo y se busca un mejoramiento a partir de allí, tampoco se percibe. El empleo mermó un 6,1% el mes pasado, pero las horas trabajadas se desbarrancaron un 12,4%. El empleo temporario, otra variable líder, cayó todavía más a plomo.
En definitiva, más allá de las señales promisorias que las Bolsas captan y amplifican con entusiasmo, debe quedar claro que todavía no se remontó la cuesta del empleo. Ni siquiera se logró suavizar su pendiente. Y sin progresos allí, todo verdor perecerá.

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