10 de junio 2009 - 00:00

Récord de récords, pero por la caída

Agustín A. Monteverde
Agustín A. Monteverde
La Presidente anunció la recaudación con tono festivo y palabras de excepción: «Es récord de récords». Tanto ella como su marido tienen muy claro que no hay mejor defensa que un buen ataque. El exagerado optimismo -por decir lo menos- lo demostró.

Curiosamente, la Presidente prefirió referirse a la parte de la recaudación que efectúa la AFIP, pero no al total de recursos tributarios, que marcó un crecimiento nominal interanual de (tan sólo) 12,5%. En un país en que la inflación fue del 23,7% el año pasado y que en lo que va de éste la devaluación «administrada» ya es del 8,7%, ese incremento nominal es francamente negativo en términos reales. Poco que festejar.

Pero el total de la recaudación tributaria, que es el número que realmente importa, marcó un crecimiento aún menor, de apenas el 9,5% nominal interanual.

La realidad es que el incremento interanual de mayo es el menor en los últimos cuatro meses. En febrero la suba había sido del 14%; y en marzo, del 23%. Las cuentas públicas habían cerrado 2008 con ingresos un 34,8% superiores a los de 2007.

Caída real

Si a la recaudación «récord de récords» de mayo la ajustamos por inflación y le descontamos los aportes previsionales correspondientes a los afiliados a las AFJP -que en 2008 iban a sus cuentas particulares de ahorro y este año integran la bolsa del fisco- nos encontramos que marcó una caída real de al menos diez puntos. La AFIP, en tanto, sigue en default: las devoluciones de impuestos cayeron el 38,3%.

El IVA-DGI acompañó la marcha de los precios, pero el IVA-Aduana se derrumbó el 33,1% como resultado del descenso de la actividad y las trabas impuestas a las importaciones.

El frenazo de la actividad se observa también en el desempeño de los impuestos internos, que aumentaron apenas el 10,3% -salvo el caso de los tabacos, que tuvieron subas en la carga impositiva-.

Lo mismo ocurre con la recaudación del Monotributo, que creció muy por debajo de la inflación: apenas el 8,5% nominal.

El impuesto a los débitos y créditos bancarios, otro de los indicadores de la evolución de la actividad económica, recaudó apenas el 1,9% más que un año atrás, marcando una drástica caída en términos reales.

La caída de la actividad inmobiliaria queda al descubierto por el derrumbe del 28,9% en la recaudación del impuesto a la transferencia de inmuebles.

Los derechos a la exportación cayeron el 9,7% nominal y los de importación se desplomaron el 24,5%.

Los aportes a la seguridad social crecieron apenas el 11,5%.

Ya en abril, aun con mejor desempeño interanual, la recaudación no logró acompañar el feroz crecimiento de los egresos y el déficit financiero fue mayor al superávit de un año atrás. El gasto de operación, mayormente inflexible a la baja -y cuyo principal componente, las remuneraciones estatales, asegura una suba adicional de al menos un 15%-, trepa a un ritmo cuatro veces superior al aumento que tuvieron los ingresos públicos.

Pese a la contundencia de estas realidades, la Presidente prefiere insistir en que este falaz éxito de la recaudación es resultado de un «modelo de valor agregado» que «permite mejorar el poder adquisitivo y sostener el nivel de actividad y de empleo». Tal vez se deba a que nuestra mandataria sea la solitaria habitante del mundo de ensueño que nos presenta el INDEC y no logra entonces darle sentido a la cruel realidad de los números fiscales. Un «modelo de valor agregado» en el que la industria se desploma el 12,9% interanual en el primer cuatrimestre, mientras que para el instituto oficial la retracción fue apenas del 1,8%. En el que el organismo oficial reconoce una caída del 3% de la construcción en abril cuando las mediciones privadas marcan el 7,8%. Cuando nos anuncia una increíble suba de 20,6% en las ventas de supermercados de abril mientras que la cámara minorista habla de caídas del 13,3%. Es que en esta fábula oficial, no hay que mirar el flujo del comercio exterior que colapsa sino tan sólo el saldo; no es que el desempleo esté aumentando, sino que cae; los ingresos salariales crecen; la inflación no existe; la pobreza y la indigencia desaparecen; los dólares se van pero las reservas internacionales aumentan. Récord de récords.

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