Ya es prácticamente una constante, ante fenómenos climáticos extremos, diversas voces señalan que las prácticas agrícolas son las culpables, ahora le tocó el turno a la siembra directa. "Los campos no absorben agua porque el suelo está compactado por falta de labranza", afirmaron algunos medios periodísticos.
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Enseguida la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) salió a aclarar los tantos y detalló en un comunicado: "En comparación con suelos en labranzas convencionales, los planteos productivos bajo el sistema de siembra directa, presentan mayor infiltración. Esto significa que en períodos de precipitaciones tienen mayor capacidad de captar el agua de lluvias y almacenarla, para el uso posterior por los cultivos. El Ing. Agr. Rodolfo Gil -especialista en suelos de INTA- detalla que los planteos en siembra directa se caracterizan por dos aspectos fundamentales: la acumulación de residuos de cosecha en superficie y la no remoción del suelo. Ambos factores regulan directa o indirectamente el funcionamiento del sistema suelo-cultivo-atmósfera, modificando el balance de energía, agua y materiales orgánicos e inorgánicos".
Por supuesto que en esta cuestión no hay que descuidar la importancia de la rotación de cultivos para asegurar la sustentabilidad.
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