15 de abril 2013 - 00:00

Regresó The Cure: el fuego y la paz

• The Cure. Robert Smith (voz y guitarra), Simón Gallup (bajo), Reeves Gabrels (guitarra), Jason Cooper (batería), Roger O'Donnell (teclados) Estadio River Plate. Viernes 12 de abril.

Robert Smith, una especie de José Pablo Feinmann rocker, lideró el esperado concierto en River después de un cuarto de siglo, cuando la violencia de sus recordados recitales en Ferro (1987) movieron a la banda dark a no querer regresar más al país
Robert Smith, una especie de José Pablo Feinmann rocker, lideró el esperado concierto en River después de un cuarto de siglo, cuando la violencia de sus recordados recitales en Ferro (1987) movieron a la banda dark a no querer regresar más al país
Después de más de un cuarto de siglo desde sus dos shows formidables pero turbulentos en Ferro (marzo de 1987), la idea de volver a tener a tener a The Cure en vivo en la Argentina era una especie de utopía para los darkies criollos, que se volvió realidad el viernes a la noche en River.

Buena parte del público de todas las edades había tantos veteranos de los combates de Ferro como fans mas jóvenes y adolescentes de todas las faunas posibles, no solo darkies-, todos vivieron cada instante de este concierto exactamente de ese modo, como un evento extraordinario del que no había que quedarse afuera. Para otros, el sueño no sólo se hizo realidad sino que, con 40 temas a lo largo de 3 horas de show (a lo que hay sumar la amansadora previa de los conciertos en grandes estadios) para los no tan fans que estaban muertos de frío en las plateas semivacías, quizás haya sido una noche pesadillesca.

Pero antes del concierto nadie tenia frío. Como todos los shows de rock percibidos como una figurita difícil, la adrenalina corría por el par de docenas de miles de personas que iban apretujándose moderadamente en la mitad de la cancha que daba al escenario.

Después de casi ni prestarle atención a los dos grupos argentinos teloneros (el que tocó justo antes de The Cure, Utopians, era bastante bueno, y se puso a tono con la noche con un cover de Jesus & Mary Chain), la gente se preparó para los relámpagos smithsonianos, entonces un locutor anunció que había una demora de 15 minutos y empezó la inquietud. Cuando ya había pasado media hora sin que Robert Smith y sus muchachos aparezcan en escena, la ansiedad empezó a corroer el espíritu de algunos paranoicos, tal vez temiendo algún ataque de pánico de Smith al recordar los violentos desmanes entre barras bravas y la policía en aquellos miticos y musicalmente formidables- conciertos ochentosos, tras los cuales el líder de The Cure dijo que una cosa es ser dark, vestirse de negro y pedirle al coiffeur que lo deje como Pelopincho y Cachirula, pero otra es viajar al quinto infierno para que unos energúmenos maten perros de policía y arrojen antorchas encendidas al escenario durante el show. No sólo borró a la Argentina de sus siguientes giras sudamericanas, sino que advirtió a otros músicos que si venían a tocar acá debían prepararse para algún tipo de experiencia extrema.

Es que para la Argentina de 1987, una banda con ese espíritu totalmente antihippie (digamos que no podrian tener de banda soporte a Baglietto, ni a Piero con Prema) esas constantes distorsiones sonoras y percusiones hipnóticamente repetitivas y, sobre todo, ese look super raro, era algo que, valga la redundancia, ponía los pelos de punta. Tanto furor desatado de golpe explotó un poco mal. Pero, 26 años después, los seguidores de The Cure son gente bastante tranquila, de todas las edades, estilos y grupos sociales, lo que da un pauta de la extraña atracción de la música del grupo dark. Por eso un gran momento de fusión colectiva sucedió cuando, después de un tema de Yes, increíblemente, se apagaron las luces del estadio, las pantallas se iluminaron con un impactante cielo nocturno estrellado (lo mejor de la puesta, que luego se quedó bastante corta), para que se oyera una lenta introducción de campanitas a poco del primer tema, el suave "Plainsong" una manera y tranquila y razonable de comenzar una performance de 3 horas.

Con un nivel de volumen medido (no llegaba a estar mal, pero sin duda a 99% del público le hubiera gustado que lo subieran un poco) y un buen nivel técnico que lógicamente se fue desbaratando hacia el final, un Robert Smith cincuentón, fiel a su look dark de toda la vida, aunque ahora con un aspecto menos divetido que el de antes (casi como un cartoon de la serie South Park, donde una vez apareció, aunque lo dibujaron en forma mas favorable), empezó a entregarle hits a sus seguidores. Media hora más tarde, The Cure ya había ejecutado casi una decena de éxitos de su cosecha más pop, incluyendo "Just Like Heaven", "Pictures of You", "In Beetwen Day", "Push" y "Lullaby" (sin duda uno de los grandes momentos de la noche). Todo eso seguía en plan bastante pop y liviano tratándose de The Cure, que en esta formación suena compacta con algunos notables climas basados en el uso de sintetizadores como una especie de acompañamiento orquestal, y el bajista Simon Gallup sosteniendo por momentos toda la estructura de los temas, pero básicamente con los músicos sonando siempre como una unidad sólida y pareja, donde Smith no se interesa por sobresalir instrumentalmente: en los momentos en los que no canta se mostró como un músico más del grupo. Y más alla de su aspecto pintoresco (luce como un Jose Pablo Feinmann del rock, algo entendible ya que se trata de un filósofo dark y de temperamento rocker), hay que reconocer que tiene la voz en plena forma, algo evidente cuando pasan las horas y sigue cantando con el registro adecuado para cada tema.

Al final de la primera hora de show, Smith, ya en confianza, se lanzó con "I'll Sleep When I'm Dead", y entonces la música salió del The Cure producto pop simpático y bailable para meterse en las zonas más oscuras e interesantes de su música. "Play For Today", "Primary", "A Forest" fomidable mezcla de rock sinfónico y ritmo tecno-punk- y "Charlotte Sometimes" enloquecieron a los fans que espraban un momento de pogo fente al escenario.

Esta parte del concierto no duró más de media hora también incluyó un tema del disco "The Top", "Banafishbones", para dejar fuera uno de sus temas más fuertes en vivo, "Shake Dog Shake": fue exactamente el punto culminante del The Cure que muchos esperaban desde el siglo pasado. Después de esto, el concierto se fue desdibujando, en buena medida debido a que la elección de temas olvidó muchos de lo mejor de la banda. Aparentemete en algún momento de los '90 Smith se sintió culpable de hacer temas tan pesimistas como los de su disco "Pornography", "Faith" o "Seventeen Seconds", y empezó a llenar sus discos de canciones con un ritmo más optimista, que en el show fueron bailoteadas con alegría por jovencitas ajenas al pogo, y que probablemente nunca tuvieron la oportunidad de oír obras maestras como "The Hanging Garden", "The Funeral Party".

Hay muchos buenos temas de The Cure en todos los estilos, pero la quintaesencia de la banda son canciones pesadillescas y fascinantes como "One Hundred Years", que tocaron en una versión deslumbrante, pero deshilvanada de lo que venía antes y siguió después. Para que funcione un concierto tan extenso, debe incluir matices más definidos y de alguna manera guionar los distintos momentos de la performance, y no dejar que el público se quede colgado en mitad del viaje. Hay que destacar la actitud del despeinado Smith, pero tanta generosidad indiscrimimada terminó ganándole por cansancio a los gauchos dark modernos, que en los últimos bises ni se mosquearon ante la ausencia de clásicos como "Three Imaginary Boys" o "Jumpin' Someone Else Train". Casi al final, Smith le agradeció a los fans por haber estado tan amables esta vez: se ganaron un tremendo "Killing An Arab", el clásico inspirado por "El extranjero" de Camus que en River sonó mejor que en Ferro.

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