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RELATOS SOBRE LA ARGENTINA
Varios factores se conjugan para hacer noticiable a la Argentina en medios del mundo: la histórica rareza nacional en el contexto de América Latina, la economía vertiginosa y la marcha a contracorriente desde 2001, los derechos humanos, el frenesí por reclamar en las calles y, por sobre todo ello, el enigma peronista. La figura de Cristina, con prensa más mala que buena en el exterior, y la ley de medios han potenciado el interés en los últimos años. Corresponsales dan cuenta de lógicas que ponen en juego a la hora de emitir un despacho desde Buenos Aires.

Suele pasar: los gobernantes resisten menos a un pedido de la prensa extranjera que a la local. Tal vez por la natural seducción de lo distinto, por el poder que tienen los corresponsales de hacerlos llegar al mundo, o por la (también natural) disputa con la prensa local -que juega en la misma cuadra del barrio y conoce más las desnudeces de los personajes-, a los presidentes y su entorno les gusta hablar con el exterior y con los periodistas acreditados en el país. Pero, en los últimos años, esta regla tampoco se cumplió: los periodistas extranjeros acreditados en la Argentina se quejan de que la presidente Cristina de Kirchner no da conferencias de prensa regulares. Y se lo hacen saber: "Mientras en la Argentina la presidente lleva más de un año sin comparecer en conferencia de prensa, en Estados Unidos respondió en apenas 48 horas a casi una veintena de preguntas", recriminó en su diario Francisco Peregil, el cronista de El País de España en Buenos Aires, luego de la conferencia en la Universidad de Harvard en septiembre del año pasado.
Sin embargo, hay más de 140 corresponsales extranjeros en la Argentina y casi todos reconocen que reportear desde nuestro país es una tarea fascinante, y más aún desde que gobierna Cristina de Kirchner. "La mayor parte estamos en Buenos Aires por la calidad de vida, o en Brasil y cubrimos para el resto de América Latina", le dice a Viernes Peter Burghardt, del Süddeutsche Zeitung, el gran diario progresista alemán, competidor del conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung. "Brasil es claramente más importante en la región, pero a veces por estar acá mandamos más notas sobre la situación argentina. Y otras veces, ahora, lo hacemos porque Cristina es un personaje muy atractivo para afuera, por sus formas, sus llegadas tarde a las fotos de grupo y las quejas de Merkel o sus discursos largos como Chávez y Fidel". Carmen de Carlos coincide: "Cristina es un personaje atípico en sus formas de gobernar. En España interesa mucho lo que haga aunque no siempre sea trascendente. El folclore que ella genera es una mina de oro para un periodista: un día le llama pelado al ministro de Economía (Luis de Guindos), otro día llama xenófobos a los europeos". En diálogo con Viernes, De Carlos explica la diferencia de culturas políticas que deja a nuestro país del lado atractivo: "En España, los personajes son mucho más austeros, el presidente del Gobierno tiene que dar la cara en el Parlamento. Y las formas son más rígidas: ni Adolfo Suárez ni Felipe González ni (José Luis Rodríguez) Zapatero ni (Mariano) Rajoy han sido personajes atractivos porque siguen las reglas de juego de la política", dice la corresponsal, que lleva diez años en la Argentina. El influyente diario para el que trabaja es uno de los cuatro generalistas identificados con posturas conservadoras sobre cinco que se publican en Madrid.
Pero, además de la figura de Cristina, hay otros hechos de la actualidad argentina que generan interés en el exterior. Uno de los más resonantes en los medios extranjeros durante 2012 fueron las protestas opositoras, especialmente la del 8N en la ciudad de Buenos Aires, pero no sólo por su masividad. "En Brasil llama mucho la atención la capacidad de protestar de los argentinos. Ustedes tal vez no lo registran, pero allá no es común salir a la calle todos los días para reclamar algo", explica a Viernes Janaína Figueiredo, corresponsal desde 1999 de O Globo, el principal diario carioca, de línea conservadora, que forma parte del principal multimedios de Brasil. En la misma línea, Peter Burghardt se asombra de que para la prensa argentina hayan quedado casi en el olvido la crisis y las protestas de 2001: "Para el mundo, y sobre todo ahora para la Europa en crisis de España, Portugal o Grecia, ustedes son una referencia de haber estado en el abismo y hoy tener un país de pie. Allá interesan mucho las notas con los que sacaron a la Argentina de la crisis, por ejemplo (el exministro de Economía) Lavagna".
Más cerca, el corresponsal del semanario de izquierda Brecha, de Uruguay, Fabián Kovacic, dice que las noticias de juicios por causas de derechos humanos siempre son "un tema" a informar de la Argentina para el mundo."Además de cubrirlo por razones ideológicas, yo le di mucho espacio al juicio por Automotores Orletti (centro clandestino donde el Ejército argentino coordinaba con el uruguayo encarcelamientos y torturas) o a la detención de Nelson Bardesio, un policía uruguayo que fue extraditado desde Buenos Aires para juzgarlo por homicidios cometidos en los 70". El resto de los corresponsales, aunque muy críticos en otros temas, coinciden en destacar como positivos los juicios por derechos humanos en la Argentina. Con una excepción: para los españoles, la reivindicación que hacen algunos grupos kirchneristas del accionar de Montoneros es muy reprochada al ser puesta en el espejo de la ETA. Con días de diferencia, el corresponsal de El País de España, Peregil, contó la trágica historia de los hermanos desaparecidos de Norma Morandini, pero cargó contra la película Infancia Clandestina, narrada desde la mirada de un hijo de padres Montoneros en 1978: "¿Estamos preparados para que nos cuente una historia parecida el hijo de dos etarras? Sería necesario partir de la base de que la buena imagen con que hoy se ve en ciertos sectores de la población a los Montoneros sólo sería equiparable a la de la ETA durante el franquismo".
La prensa española es, sin dudas, una de las que más espacio le da a Argentina en sus coberturas (en línea con las de Uruguay, Brasil, Chile y otros vecinos). El lógico y principal motivo son las relaciones económicas entre ambos países. España es el principal inversor extranjero del país, por delante de los Estados Unidos, con un monto que supera los 23.000 millones de dólares (grandes bancos y grupos de servicios como Santander, BBVA, Telefónica, Endesa o Gas Natural Fenosa lideran el ranking). Y el intercambio comercial también es relevante y favorable a nuestro país, con u$s 3.000 millones en importaciones y u$s 1.400 de exportaciones, según los últimos datos de 2011. A esto hay que sumar las relaciones con Repsol, ahora bien distintas luego de la nacionalización de YPF, y la histórica relación cultural con la potencia colonial, que también incluye al idioma. "Con las redes sociales e internet todos pueden leer tus notas desde cualquier lugar del mundo. Eso hace que, además del interés que siempre hubo entre ambos países, para los argentinos sea más fácil ver 'qué se dice afuera' por los diarios españoles, porque hablamos el mismo idioma", comenta Carmen de Carlos.
Para los corresponsales españoles, 2012 fue un año movido, con la nacionalización del 51% de las acciones de YPF. La cobertura fue diaria, detallada y feroz. Pero los cronistas insisten en que fueron "las formas" argentinas, especialmente "las formas de Cristina" las que hicieron la diferencia. "¿Por qué los españoles no se enojan cuando Evo expropia empresas? En España molestó mucho que se hiciera lo de YPF justo en la peor crisis del país. Pero más todavía las declaraciones posteriores. En el último sondeo de imagen de presidentes del mundo, Cristina tiene la peor imagen", señala la acreditada de ABC. A cambio, la prensa española devolvió con creces, incluso con exabruptos (ver aparte). Publicó varias notas comparando los estilos de Dilma y Cristina (una nota que ya podría ser un género en sí misma en la prensa latinoamericana), siguió en detalle cada fallo en el caso de la ley de medios (especialmente con los argumentos contrarios al Gobierno argentino), cubrió profusamente el cacerolazo del 8N y la huelga general de Moyano del 20N, se hizo eco de varias denuncias de periodistas opositores como Jorge Lanata o el director del diario Clarín, Ricardo
Kirschbaum. Aunque estas notas fueron una catarata diaria y muchas veces sirvieron de "letra" para la prensa antikirchnerista argentina, las preguntas de los reportajes no fueron siempre complacientes (el enviado de El País le preguntó a Kirschbaum si su diario no es muy previsible en su negatividad, por ejemplo) ni desprovistas de un humor irónico para señalar contradicciones (@CarmenDeCarlos como muestra).
Para los brasileños, en cambio, la noticia de YPF no fue la más relevante por la similitud con su empresa petrolera, pero sí, otra vez, por la puesta en escena. "En Brasil tenemos Petrobras, una empresa estatal con inversiones privadas, lo mismo que ahora YPF, que será nuestra competidora. Entonces con la expropiación yo escribí que en la Argentina había un consenso para tomar la medida. Pero con las maneras, con lo de ir al choque la agresividad y el modus operandi de Cristina, yo sí hice una diferencia respecto del Gobierno de Dilma", explica Figueiredo, de O Globo. La corresponsal del diario de Río de Janeiro, al igual que otros acreditados en Buenos Aires, usa mucho su cuenta de Twitter para señalar las contradicciones que encuentra en la realidad, que pueden llevarla desde los políticos que cambian de bando con los años (tendencia aún en pañales en comparación con la política brasileña), pasando por ese misterio llamado peronismo (ya complejo de entender para los argentinos), y hasta la trágica suerte de Winner, el oso polar que murió en el zoológico porteño después de una ola de calor. Esas miradas, también expresadas en los blogs de los corresponsales (muchos de ellos hacen el reporte formal con sus notas y dejan "el color" para sus diarios online o sus redes), por momentos son un complemento de gran interés para esa voluntad tan argentina de "querer saber cómo nos ven". Eso, con una salvedad: cuando en la región hay otros temas, como elecciones o actualmente el destino de la salud de Hugo Chávez, el centro se desplaza.
Pero las noticias sobre la Argentina no sólo se juegan de acuerdo con el contexto del país que las reciba. Para la prensa argentina, especialmente la opositora al Gobierno, lo que publican los medios extranjeros suele ser un insumo muy valorado, especialmente cuando estos medios dedican críticas sanguinarias. En el podio del ranking de los medios "más levantados" está The Wall Street
Journal, el conservador periódico financiero propiedad de News Corporation, del magnate Rupert Murdoch, a la vez que diario de mayor circulación en EE.UU. Además de su corresponsal en Buenos Aires, la editorialista de su staff Mary Anastacia O´Grady suele publicar notas como la del 18 de abril de 2012, donde proponía que la mejor solución contra "el robo" de YPF a Repsol era "expulsar a la Argentina del G-20" y sugería que "cuando la presidenta quiera comportarse como una verdadera jefa de Estado y no como una matona", el país podía "ser invitado de nuevo al club de los países serios". La nota fue levantada por TN, Clarín y La Nación. Meses después, tras las protestas del 8N, O´Grady fue más allá y le profetizó a la presidenta argentina algunas palabras pronunciadas por Margaret Thatcher de 1976: "A los socialistas siempre se les acaba el dinero de otras personas". Es decir, para la editorialista, Cristina de Kirchner es socialista.
La relación se reproduce también con los corresponsales cuando citan a medios locales para argumentar sus envíos, algo que sucedió durante todo 2012 con Periodismo para Todos, el programa de Lanata, que alimentó gran cantidad de citas en España, Inglaterra y Estados Unidos. Con esto, queda por pensar la idea de si también en el campo de la prensa internacional acreditada en el país existe la división entre los kirchneristas y los clarinistas, otro de los grandes temas de debate nacional en 2012. Consultados al respecto, los corresponsales tienen opiniones bien distintas. "Yo veo esa división, claro, pero no entro en la pelea", dice la brasileña Figueiredo. La española De Carlos responde desde su experiencia: "El corresponsal nunca es neutral, pero mi trabajo es poner en contexto, y eso es lo que hago. Después, en mis cuentas en redes sociales, puedo decir lo que pienso". El corresponsal de Brecha no tiene dudas: "Los medios forman parte de grupos económicos con intereses y desde ahí parte su mirada, conservadora. Y yo, como periodista, pero también desde un colectivo de izquierda, busco mirar lo que no sale en los grandes medios". Y, desde el medio de las trincheras, el alemán Burghardt lo piensa así: "Creo que no nos metemos del todo porque cubrimos toda América Latina, pero en un punto no podés estar ajeno de la tensión permanente que hay en el país".
@nataliazzz

