Puesta. Su teatralidad se explica dado que la pieza nació simultáneamente como obra y como película. Coguionista, director y protagonista, Sergio Rubini, actor de Fellini y Scola.
El desenlace de esta comedia complacerá especialmente a las espectadoras y los ictiólogos. No tanto a los espectadores, pero esto tiene sus bemoles. Al comienzo hay dos parejas. Puede romperse una, pueden romperse las dos, y puede también formarse una tercera. Primero vemos a los progres que alquilan departamento con terraza en un edificio viejo pero bien ubicado de Roma. El escribe, ella, mucho más joven, lo asiste. De pronto el nidito de amor se ve invadido por sus viejos amigos burguesones, ricos y más grandes, discutiendo frente a ellos una enésima crisis conyugal. Palabra va, palabra viene, los invadidos se meten a comedidos, de pronto alguien dice su verdad, otro dice la suya, y empieza la hecatombe. Pobres, se nota que nunca escucharon a Rafaela Carrá cantando "Fiesta". El más piola es el viejo reaccionario (que sin embargo se desvive como médico de hospital público), cuando explica su método para "ignorar" el adulterio de la mujer: "Si te decía que ya lo sabía, después teníamos que hablar". Y, claro, eso hubiera arruinado la cena. Divierte Fabrizio Bentivoglio en este papel, aunque sospechamos que Darío Vittori lo hubiera hecho mejor. Detalle curioso: esta pieza nació simultáneamente como obra teatral y como película. Única diferencia, en el escenario caben los morcilleos y demás guiños al público. Cabeza del experimento, como coguionista, director y protagonista, es el flaco Sergio Rubini, actor de Fellini, Scola y otros buenos, y ya director de una docena de títulos variados. Las rubias Isabella Ragonese y María Pia Calzone completan el reparto.
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P. S.
"Hablemos de amor" (Dobbiamo parlare, It., 2015); Dir.: S. Rubini; Int.: S. Rubini, I. Ragonese, F. Bentivoglio, M.P. Calzone.
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