23 de diciembre 2009 - 00:00

Reto inédito a Uribe: acusan a FARC de matar a un gobernador

Conmueve a Colombia el secuestro y asesinato del gobernador Luis Francisco Cuéllar (izquierda). Los supuestos guerrilleros quemaron una camioneta para borrar huellas en su huida (centro). Álvaro Uribe, que ayer homenajeó a efectivos heridos y mutilados en combate, ordenó al Ejército realizar una nueva ofensiva para liberar a todos los rehenes de las FARC (derecha).
Conmueve a Colombia el secuestro y asesinato del gobernador Luis Francisco Cuéllar (izquierda). Los supuestos guerrilleros quemaron una camioneta para borrar huellas en su huida (centro). Álvaro Uribe, que ayer homenajeó a efectivos heridos y mutilados en combate, ordenó al Ejército realizar una nueva ofensiva para liberar a todos los rehenes de las FARC (derecha).
Bogotá - El cadaver del gobernador del departamento (provincia) colombiano de Caquetá, Luis Francisco Cuéllar, fue encontrado anoche en una zona rural, en un crimen que el gobierno de Álvaro Uribe atribuyó a la guerrilla de las FARC. Cuéllar había sido secuestrado el lunes, cuando un comando irrumpió en su domicilio en la ciudad de Florencia, capital departamental.

El rapto y posterior asesinato impactó en el gobierno de Uribe, ya que desde agosto de 2002, cuando asumió el presidente conservador, no se habían producido secuestros de políticos de este nivel.

El cuerpo de Cuéllar fue hallado acribillado y rodeado de explosivos en la localidad de Sebastopol, cerca de Florencia, «Efectivamente, corresponde al señor gobernador», confirmó el secretario de Gobierno de Caquetá, Edilberto Ramón Endo.

En un primer momento tras hacerse público el secuestro, Uribe señaló a las narco-marxistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y ordenó a las Fuerzas Militares su búsqueda y liberación, lo que de inmediato había encendido el temor de familiares de otras personas que permanecen en manos de la guerrilla. (Ver aparte).

El rápido desenlace, sin haber dado lugar al pago de un rescate -como había ocurrido en otras oportunidades con el propio Cuéllar- ni someter su liberación a un canje por prisioneros, desconcertó al gobierno. Al mismo tiempo, si se confirma la autoría de las FARC, significaría una contundente demostración de fuerza para una guerrilla que en los últimos dos años sufrió descabezamientos por arrestos y asesinatos, así como deserciones cruciales.

«Estamos supremamente apesadumbrados», declaró anoche quien había sido nombrada horas antes como gobernadora interina de Caquetá, Olga Patricia Vega. Una hipótesis que manejaban los investigadores es que Cuéllar pudo haber sido asesinado ante sus dificultades para caminar, lo que dificultaría su traslado.

El ministro de Defensa, Gabriel Silva, el comandante de las Fuerzas Armadas, Freddy Padilla de León, y otros altos jefes policiales y militares se trasladaron a Caquetá por orden de Uribe.

«Hay que hacer todo el esfuerzo -militar y policial- para el rescate. No podemos seguir pendientes de caprichos de los terroristas», había dicho un encendido Uribe, a las puertas de un año electoral en el que podría aspirar a la reelección.

Cuéllar fue sacado a la fuerza en la noche del lunes por un grupo de hombres que atacó con explosivos su vivienda en Florencia. No le dieron tiempo a nada. Fue raptado en pijama y descalzo. En el hecho, los atacantes mataron a un policía e hirieron a otros que custodiaban al gobernador, informó el secretario Endo.

Ante la intención del gobierno de emprender una liberación por la fuerza, familiares de 24 policías y militares que permanecen en poder de las FARC le habían pedido al mandatario que reconsiderara la orden ante el riesgo para las víctimas.

El último secuestro de un mandatario regional en Colombia ocurrió en abril de 2002 -antes de la llegada de Uribe al poder en agosto de ese año- cuando la guerrilla tomó como rehén al gobernador del departamento de Antioquia, Guillermo Gaviria, muerto durante un fallido rescate en 2003. Se trató, además, del primer secuestro de un funcionario de alto rango desde que Uribe asumió y lanzó su política de «seguridad democrática», que privilegia la acción militar para derrotar a las guerrillas.

Imelda Galindo, esposa del gobernador, se había presentado ante los medios desconsolada. «Él ya estaba acostado cuando escuchamos la explosión. Me dijo que me tirara al piso», narró desesperada la mujer. Minutos después de la explosión, dos hombres irrumpieron en la habitación y arrastraron hacia afuera a Cuéllar.

Según el ministro Silva, «por informaciones de inteligencia» sabían «que se pretendía una acción terrorista en Florencia».

Las FARC, con entre 6.000 y 10.000 combatientes, llevan 45 años de sangrienta lucha armada.

Agencias EFE, AFP y Reuters

Dejá tu comentario