25 de agosto 2009 - 00:00

Reutemann se desató contra el Gobierno

Carlos Alberto Reutemann
Carlos Alberto Reutemann
La frase con que Carlos Reutemann acusó ayer al Gobierno de haber operado en su contra y convencer a la santafesina Roxana Latorre de firmar el dictamen del proyecto de facultades delegadas pasó ya a la historia de la política parlamentaria. Y no sólo por la violencia de la declaración, sino también por provenir de uno de los dirigentes con perfil más medido dentro del elenco peronista. Reutemann en un reportaje radial en su provincia (donde suele sentirse más liberado que en la Capital Federal) acusó al Gobierno de armarle una campaña en contra con la pelea que mantiene con Latorre por esa decisión: «Si lo hicieron para bajarme de la candidatura, que se la recontra metan en el medio del culo». Más brutal imposible, aunque no quede claro exactamente de quién estaba hablando.

«Hay algunos observadores que sostienen que ésta puede haber sido una operación preparada en el Gobierno nacional»
, dijo Reutemann ayer por Latorre. Tal es la discusión sobre si la senadora ayudó o no al Gobierno a emitir el dictamen que terminó habilitando el debate de la prórroga de las facultades delegadas (proyecto que ayer fue promulgado por el Gobierno y publicado en el Boletín Oficial justo a tiempo para renovar esos poderes que vencían precisamente ayer), que el bloque kirchnerista salió a intentar aclarar que la firma de Latorre no había sido necesaria para aprobar el dictamen.

Peligroso

El reglamento del Senado dice lo contrario a lo que ahora afirma el bloque que preside Miguel Pichetto, pero no llama la atención que el oficialismo apele a una explicación que virtualmente modifica vía interpretación ese reglamento, con peligrosas derivaciones para el futuro.

En términos simples: Pichetto ahora argumenta que para considerar el número de firmas que permite habilitar un dictamen deberán computarse las estampadas en el despacho de mayoría y las de los despachos de minoría. De ahí que, sumadas todas, aleguen ahora no haber necesitado a Latorre. Sin insultar, el argumento es legislativamente insostenible ya que le permitiría en el futuro al Gobierno despachar leyes sin tener el número necesario.

Pero en la deserción de la santafesina de las filas del reutemismo hubo también argumentos internos. Latorre habrá visto, quizá, que la ilusión de Reutemann candidato se esfumaba tras el cruce de gentilezas del ex corredor con Eduardo Duhalde, también por las candidaturas. Se interpreta en el Senado que desde ese momento, el santafesino no tuvo el mismo poder para mantener alejada a Latorre de la seducción oficialista para acercar senadores al dictamen de facultades delegadas.

Menos cuando Latorre ya había probado este año el desierto que el Gobierno les tiene preparado a quienes lo abandonan. En marzo, la senadora santafesina fue removida en tiempo récord de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, y en su lugar se designó a la entrerriana Blanca Osuna. Fue como respuesta a su renuncia junto con Reutemann al bloque oficialista. Y aún no sabía Latorre por cuánto tiempo podría retener la presidencia de la Comisión de Defensoría del Pueblo, desde la que intenta auditar los excesos del Gobierno.

Así, amargado, Reutemann pareció hasta ayer intentar no seguir alimentando en público su bronca con la santafesina. Después de haberla prácticamente echado de su bloque, Santa Fe Federal, el jueves pasado se sentó a su lado en el recinto, como si nada pasara. Pero Reutemann no resistió las últimas declaraciones de Latorre, donde lo criticó por delegarle a ella todas las cuestiones legislativas y hasta llegó a acusar a su entorno familiar de dominarlo. Quedó claro entonces que no había camino de retorno para la relación entre ambos.

Cruzado con esos golpes dentro de su propia interna y con el Gobierno tratándolo como presunto candidato predilecto del Grupo Clarín, Reutemann ayer estalló revelando una personalidad desconocida hasta ahora en el ex corredor.

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