21 de noviembre 2011 - 00:00

Revalorizan la excelente obra del hoy olvidado Gramajo Gutiérrez

Una de las admirables pinturas que integran «Las cosas del creer-Estética y religiosidad en Gramajo Gutiérrez», muestra que revaloriza al artista para el público contemporáneo desconocedor de su obra.
Una de las admirables pinturas que integran «Las cosas del creer-Estética y religiosidad en Gramajo Gutiérrez», muestra que revaloriza al artista para el público contemporáneo desconocedor de su obra.
José Luis Pagano en su famoso libro «Historia del Arte» publicado en 194,4 con su agudeza característica y a veces también descalificadora, se refería a Alfredo Gramajo Gutiérrez (Tucumán, 1893-1961) en estos términos: «No embellece ni atenúa ninguna aspereza. Es verídico hasta la caricatura. ¿Que hay miseria moral y física en muchos de sus personajes? ¿Que algunas expresiones del culto se alejan en ellos de la religión para confundirse con la superstición? No se parece a nadie, es igual a sí mismo». Sus pequeñas obras transportaron al espectador a otros climas espirituales».

Esta última frase es fiel reflejo de lo que pasa al mirar y admirar las obras de este artista que traen un aire puro y desde hoy, confiamos, será revalorizado para el público contemporáneo, desconocedor de su obra.

«Las cosas del creer- Estética y religiosidad en Gramajo Gutiérrez», se exhibe en el Espacio de Arte de la Fundación Osde ( Suipacha 658 1er piso) hasta el 14 de Enero. La curaduría de María Inés Rodríguez y Miguel Rufo, autores de los textos del catálogo, aportan una mirada de contenido sociológico, antropológico, político, a la obra de un artista que, sin proponérselo, desató la polémica entre los críticos a partir de las afirmaciones de Leopoldo Lugones quien en 1920 lo califica como «el pintor de la Nación».

Gramajo Gutiérrez, también calificado como «el pintor del dolor argentino», se encargó de aclarar: «Es el libro abierto de mi vida. Nací en un paisaje gris, en un poblado tucumano donde el diablo andaba suelto saturando al paisaje con su aliento, induciendo a los vecinos a cosas de brujería».

Organizada en cuatro núcleos, «Devociones y Ritos» incluye obras de fiestas religiosas, liturgias sacramentales, plegarias a los santos, velorios, por ejemplo el de 1918, un tríptico de figuras dolientes. Otro tríptico extraordinario es «El Pesebre» (1932) perteneciente al Museo Nacional de Bellas Artes, diáfanos colores, un refinadísimo manejo del azul, «Velorio de los Angelitos» (1953), otro tríptico, «Retablo de Jesús» (1937/38), cuya lectura descubre al Niño, José y María como las imágenes de la pintura colonial hasta el Cristo en la Cruz con fondo de paisaje norteño. En este núcleo, destacamos «La Muerte del Bueno-La Muerte del Malo», díptico, témpera, gouache, (1956) con los personajes generalmente enjutos, transidos de dolor y las muecas de endiablados personajes que rodean al malo.

El núcleo «Las Fiestas» revela la llegada, encuentros, el baile en la pulpería, el fin de la fiesta, la partida. El apaisado cuadro «Día de elecciones en el Norte» (1937), óleo sobre tabla, 30 personajes, fue premiado en el Salón Nacional de 1938 y como se señala en el epígrafe podría titularse «empanadas y vino».

Aserraderos chaqueños, vendimias mendocinas, la cosecha del tabaco, vendedores de sandías y melones constituyen el núcleo «Los días del Trabajo» en obras que muestran los rostros curtidos de los hombres y mujeres del Norte en la diaria lucha por la subsistencia. «Yo no pinto, documento» por lo que su afición por el detalle constituye una fuente de información sobre el paisaje, costumbres, vestimentas, sentimientos, actitudes corporales de los retratados, parquedad en la expresión, recogimiento, muchas veces de espaldas, casi una forma escultórica, en cuclillas, cabezas gachas, la flora, los pájaros, detalles de los humildes interiores de las casas de barro, la presencia de animales, no sólo domésticos y de trabajo sino aquellos relacionados con culturas andinas.

Al lado de un extraordinario retrato del artista por Cleto Ciocchini, hay un texto de Gramajo Gutiérrez ante el que vale la pena detenerse.

«En ese ambiente brujo y milagroso nací. Heredé de mi pueblo el aciago pesimismo. Mi espíritu se alimentaba de tradiciones y consejas. Duendes, luces malas y apariciones danzaban en mi mente y mi sueño fue desasosegado e intranquilo. procesiones, festividades, las plegarias de los santos, los velorios eran escenas de un realismo grotesco y exuberante que dejó imborrables huellas en mi infancia» (de una entrevista en Atlántida en junio de 1920).

«Barro del Paraíso-Arte Contemporáneo y religiosidad popular» es una muestra paralela, también en Osde, que consta de instalaciones, fotografías, pinturas de artistas que abordan lo religioso desde lo urbano.

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