6 de mayo 2010 - 00:00

Rita Cortese, la voz ideal del tango reo

Exquisitamente acompañada por el pianista Facundo Ramírez y el guitarrista Fabián Leandro, Rita Cortese interpreta con intensidad nada común tangos, valses y milongas de rancia estirpe popular.
Exquisitamente acompañada por el pianista Facundo Ramírez y el guitarrista Fabián Leandro, Rita Cortese interpreta con intensidad nada común tangos, valses y milongas de rancia estirpe popular.
«En desconcierto». Rita Cortese, Facundo Ramírez y Fabián Leandro. (Clásica y Moderna, viernes a las 22).

«En desconcierto» es un acercamiento a tangos, valses y milongas de la más rancia tradición popular. El show se recuesta estéticamente en la pared de ladrillos que da fondo al escenario no convencional de «Clásica y Moderna» para lograr el aire barrial, en algunos casos con evocación marginal, que se respira a lo largo de toda su extensión. La actriz y cantante Rita Cortese, el magnífico pianista Facundo Ramírez y el guitarrista Fabián Leandro conforman un trío que se enlaza en un recital de música y palabras. Para Cortese, además de los significados habituales que tiene la frase «En desconcierto», ellos manejaron el de «alma en suspenso», es un estado de alerta. En él todo es posible y nada lo es. Todo está permitido y nada lo está. Cualquier dirección que tomemos no será mejor que las demás. La actriz juega con esos conceptos para transmitir un estado de zozobra e indefinición en los que caben muchas cosas y donde los poemas dichos o cantados tienen su razón de ser.

No necesariamente hay que ser cantante para cantar. Es el caso de Rita Cortese. Su entonación es oscura, imperfecta y estentórea, pero sumamente expresiva. Y es allí quizás donde haya que encontrar la magia y la justificación de su manera de cantar. Cada canción que interpreta tiene una intensidad nada común, pronunciando las palabras con fuerza de sentencia y verdad incontrovertible. Su «Barrio reo» suena a eso, a voz de bajofondo, a totalmente marginal. En «Cobardía» crea un universo en suspenso que produce un cierto temor. Y así en cada instancia sonora que pasa por su garganta con arena.

El apuntalamiento exquisitamente musical está en los músicos acompañantes. «La muerte del ángel» de Piazzolla en las manos hábiles de Facundo Ramírez, por caso, nos reencuentra con la metafísica tanguera que ya había iniciado su camino en la voz de Cortese en una ceremonia de evocación arrabalera y de emociones hondas y sentidas.

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