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Ritual de fin de Feria en Frankfurt
El argentino Osvaldo Bayer y el chino Wang Meng pronunciaron discursos antagónicos ayer tras el traspaso del papiro que China, como invitado de honor, le entregó a la Argentina.
El alemán Michael Smitt citó a Borges, dijo que su idea del mundo como una biblioteca de Babel, con redes y una cantidad infinita de libros, se asemeja a la Feria. Pero le impuso un tono fuertemente politizado a su presentación, al destacar que la Argentina pondrá el acento en los derechos humanos, y al mencionar nuestra dictadura militar y sus víctimas.
No parece casual que los dos invitados a hablar, el chino Wang Meng y el argentino Osvaldo Bayer, estrellas de ese luminoso escenario, tuvieran posiciones antagónicas. Después de leer sus textos, el de Meng ligado poéticamente a la ficción, y el de Bayer a la más cruda realidad histórica, ambos escritores expresaron sus conceptos acerca de la literatura y su función en el mundo.
El chino sostuvo que la literatura no tiene que estar subordinada a cumplir ninguna función, que es suficiente con su presencia; mientras Bayer dijo que sin reducirse a la obviedad de transmitir mensajes morales o éticos, su esperanza es que la literatura movilice las conciencias de los lectores. Y al hacer el elogio de la recién ganada democracia -convertido ya a sus 80 años en estrella del momento-, Bayer agradeció que hubieran quedado atrás los años de su exilio, pero señaló: «Mientras haya en la Argentina niños con hambre, mientras tengamos miles de personas viviendo en villas miseria», no tendremos una verdadera democracia».
Cabe aclarar que en el contexto del escenario decorado con la más alta tecnología por los chinos, bajo las potentes luces que iluminaban las elegantísimas figuras del acto, las palabras de Bayer resonaron con potencia y, a la vez, como las de quien sincera una intimidad ante un extraño.
Magdalena Faillace, que conoce la gente de la Feria porque viene trabajando hace tiempo con ellos, no los consideró extraños, al punto que denominó «compañeros» a los alemanes y habló sin papel, de las imágenes que se le «vinieron a la cabeza». Enfundada en un sobrio y estudiado tailleur negro con el detalle de una blusa color fucsia, dijo que ya son más de 100 los títulos de autores argentinos traducidos a otras lenguas (China con su nominación alcanzó los 2.000), pero confesó que estaba «conmovida», sin duda, por un momento que muchos de nuestros intelectuales consideraron «histórico».
Entretanto, el papiro viajará a Buenos Aires hasta la Feria de 2010, y la Cancillería argentina anunció que el Scroll, una escultura de madera y acrílico donde los distintos países depositan textos para la posteridad, llevará inscripta una sextina del «Martín Fierro» de José Hernández («Pido a los Santos del Cielo/que ayuden mi pensamiento/les pido en este momento/que voy a cantar mi historia/me refresquen la memoria/y aclaren mi entendimiento.») y el fragmento final del poema «Los Justos» de Jorge Luis Borges, que dice: «.El que acaricia a un animal dormido/El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho/El que agradece que en la tierra haya Stevenson/El que prefiere que los otros tengan razón/Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo» (Ver más inf. en págs. 3 y 4).


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