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Romney logró atraer al voto duro. ¿Lo pagará?
Mitt Romney celebró el sábado por la noche en Las Vegas, Nevada, su cuarta victoria en las primarias republicanas. Newt Gingrich afirmó que peleará hasta el final.
El millonario candidato no sólo contó con los votos de sus correligionarios mormones en Nevada, sino que también recibió el inesperado apoyo de sectores del Tea Party y de grupos ultraconservadores. Si el fenómeno se sostiene, nadie duda de que Romney será el candidato presidencial republicano.
Y es que Romney no solía ser precisamente el favorito entre algunas franjas conservadoras. Su religión mormona no era considerada por sectores evangelistas más que una secta. Algunos incluso criticaban su política como gobernador de Massachusetts por su tendencia moderada, hasta de izquierda. Muy lejos del pueblo, era la lapidaria sentencia de los más conservadores sobre el candidato de 64 años.
Sin embargo, en Nevada la ecuación se dio vuelta. Alrededor de la mitad de las personas que en encuestas dijeron ser activistas del Tea Party o se calificaban como «muy conservadoras» terminó votando por Romney. Y entre los ultrarreligiosos obtuvo el 43% de los sufragios.
El motivo: un giro a la derecha, según considera The Washington Post. Y en diversos temas. En el acalorado debate sobre la inmigración ilegal, Romney logró superar las conservadoras posiciones del gobernador de Texas y fallido precandidato republicano Rick Perry. En cuanto al grave problema inmobiliario en el país, Romney descarta ayudar a los propietarios con dificultades: su receta son las leyes del mercado. Y tampoco ha cesado de criticar los planes de Obama de terminar antes de tiempo las operaciones militares en Afganistán.
Pero lo que es un éxito entre los conservadores podría convertirse en un bumerán en un eventual enfrentamiento ante Obama. Nadie duda que la elección presidencial será definida por los votantes independientes. «Su base republicana parece consolidarse», escribió The Washington Post. «Pero mientras más tiempo dure la nominación, más difícil será para Romney imponerse en la elección general».
Las consecuencias de su giro ya empezaron a notarse. Una reciente encuesta del Post y de la cadena ABC mostró que el porcentaje de votantes independientes con una «imagen positiva» de Romney se redujo del 45 al 23%. «Todavía no tiene a los conservadores detrás de él y los independientes se le alejan», ilustra su dilema Marc McKinnon, exasesor mediático del expresidente George W.Bush.
De todas formas, Romney puede sentirse aliviado si observa cómo quedó su principal rival en la pugna republicana. Tras la dura derrota en Nevada, «Gingrich vuelve a estar en una situación de tener que ratificar su continuidad ante las dudas sobre su capacidad de supervivencia», escribió The New York Times.
Ya antes de las primarias en Florida, a Gringich se lo vio tropezar en los debates televisivos: fantasiosas promesas de una base en la Luna con miles de habitantes y un inexistente apoyo del millonario Donald Trump fueron un preludio de su derrota.
Sin embargo, Gingrich dejó claro, pese a su derrota, que no abandonará la carrera por la candidatura republicana. «Iremos hasta Tampa», dijo en referencia al congreso del Partido Republicano que se celebrará a finales de agosto, donde los republicanos decidirán definitivamente quién será el rival de Obama.
Las de Nevada fueron apenas las quintas primarias. Aún faltan celebrarse primarias en otros 45 estados, y todavía queda un largo camino hasta la cifra mágica de 1.144 delegados.
Agencia DPA


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