Rómulo Macció y un elocuente relato visual de Nueva York

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La galería Vasari inaugura esta semana la exhibición "Retratos de Nueva York", una serie de pinturas de Rómulo Macció realizada durante los años 80 y 90. La muestra es un viaje en el tiempo y el espacio, un elocuente relato visual sobre la identidad de la gran metrópolis. Desde los principios de su carrera, en la década del 60, los ojos del artista acertaron a ver lo esencial de las cosas. Así, las pinturas dedicadas a NYC transmiten el espíritu del paisaje a través de la materialidad de las formas y colores. En efecto, la virtud de Macció radica en interpretar ópticamente estas cuestiones fundamentales para transportarlas a sus lienzos y tornarlas visibles, de tal modo que se tornan accesibles al espectador.

El resplandor de los imponentes monumentos de cristal y acero, la fuerza de la energía urbana y el movimiento incesante están representados en "Fifth Av.". Macció mira el paisaje desde la ventana de un edificio, un punto de vista de altura ideal. Con escasos elementos compone la obra: un paredón que se levanta sobre una marea de autos y unos pocos colores disonantes, negro, verde, rojo oscuro y el amarillo chillón de los taxis neoyorquinos. La imagen es intensa pero elude la belleza, no obstante, suscita en el espectador una avalancha de recuerdos. Algunos cuadros del artista procuran, como destaca un poema del neoyorquino George Oppen, "esa emoción/ Que causa/ El ver". Oppen exalta la capacidad de mirar y señala: "La emoción más tremendamente convincente que tenemos es la que nos obliga a mirar, a conocer, y si podemos, a ver". Para Oppen, el poema es una prueba de la facultad de mirar; para Macció, la evidencia está en la pintura. Oppen lo expresa en palabras; Macció desconfía de la teoría, va en busca de lo inefable.

"En la tienda" es una obra enigmática que habla de la condición humana. En una vidriera tres ambiguas mujercitas, delgadas y estáticas, escoltan un cartel con el nombre del negocio y el anuncio de unos saldos. Ellas poseen la apariencia de las maniquíes, pero resulta imposible discriminar si son personas reales o un simulacro, un montaje de hermosas muñecas o, acaso, tal vez un trío de vendedoras uniformadas de pies a cabeza. Las dudas se acentúan al mirar el paso firme (y real) de una pelirroja con rasgos humanos que sale de la tienda.

La exposición es un viaje por la ciudad y el tiempo. Hay una escena nevada llamada "Papá Noel de la 5ª Av al Bowery" donde ataviados con el tradicional traje rojo, tres personajes descansan de la actuación. Un campo blanco domina la pintura y en la fachada de un edificio hay un cartel pobretón del Palace Hotel suburbano. La pintura aviva el recuerdo de un auto rojo cargado de nieve, uno de los paisajes más logrados del artista, porque al verlo se percibía el silencio que engendra la nieve.

La exposición pega un salto en el tiempo y aparece la misma fachada del Palace Hotel y la Avenida Bowery, bañada ahora por el sol del verano.

Frente a los grises invernales del Distrito Financiero el artista ha pintado la estación de metro Fulton Street. La visión no es realista ni hiperrealista: es mental, conceptual. Por Fulton pasan varias líneas en dirección a Brooklyn y así se consolida la idea del viaje. Pero además, la pintura cita el Pop art con los dos globos rojos que rematan las columnas del metro y quiebran la monotonía de los grises. El arte revela su verdadera naturaleza ficticia.

En el catálogo de la muestra, rescatan un texto de época del teórico Pierre Restany, dedicado a la serie neoyorquina donde dice: "Toda la verdad humana del artista se resume a través de estos dos cuadros recientes y también su inmenso talento de pintor intuitivo. La visión de Rómulo Macció ha reunido la universalidad de nuestra vida urbana y también el problema de nuestro presente permanente, es decir el de nuestra sociedad post-industrial".

La exposición actual pone en el tapete la ausencia de las instituciones argentinas: ninguna ha realizado la gran muestra antológica que Rómulo Macció, un artista clave para la historia del arte argentino se merece.

Joven mimado del Instituto Di Tella, Macció se inició en la gráfica publicitaria, presentó en 1956 su primera exposición individual y participó en las Bienales de París de 1961 y 1963 y en la de Venecia de 1968 y 1988. Obtuvo el Premio Internacional Di Tella en 1963, concursando con Pierre Alechinsky, Antonio Saura, Larry Rivers y Kitaj, entre otras celebridades. Formó junto a Jorge de la Vega, Ernesto Deira y Luis Felipe Noé, el grupo "Otra Figuración", que cambió el rumbo del arte en la Argentina con una propuesta desprejuiciada e irreverente.

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