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Rosario: excelente muestra conjunta de Echagüe-Güimpel
En una muestra donde participa, desde otra mirada, con Rubén Echagüe de la idea de compartir el pan, Marita Güimpel aborda el tema desde lo «dulce» sin excesos, trucos ni conceptualismos.
Rubén Echagüe nació y vive en Rosario. Licenciado Nacional y Profesor Superior de Artes Visuales, expone desde 1975 y es uno de los primeros artistas de su generación que se dedicó al objeto. Crítico de Arte, ejerció esta disciplina en el diario «La Capital»; en 1989 la Universidad Nacional de Rosario editó su libro «Augusto Schiavoni»y dirigió el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino de Rosario. Para abordar su obra, dada la saturación de imágenes a las que estamos sometidos en este mundo de la inmediatez, vale la pena volver la mirada hacia obras del pasado con las que se solía tener un diálogo intimista y casi sin cuestionamientos.
Una recorrida por los museos donde se atesoran obras paradigmáticas, permite comprobar que el público aún las mira con veneración o reverencia, no sólo porque están instaladas en su inconsciente sino porque también admiran la excelencia, el acto de pintar meduloso y hasta, diríamos, sacral con el que suponemos fueron realizadas.Y decimos suponemos, porque también pensamos que fueron, según el consenso, pintadas por genios.
Este volver al pasado de Echagüe no significa un retroceso sino que, enrolado desde hace bastante tiempo en un arte de apropiación, le otorga un nuevo significado. Ha estudiado a esos maestros y nos atreveríamos a decir, quisiera alcanzarlos en esa perfección por él tan admirada pero que reconoce, imposible. Es que Echagüe es un hombre de hoy y según sus palabras, «los invade». ¿Violentamente?. No, de manera sutil, a través de un elemento vital, el pan, símbolo de fecundidad y perpetuación, sagrado elemento litúrgico. Lo presenta al modo de un bodegón, género que aparece en las postrimerías del siglo XVI aunque haya antecedentes de la época de Giotto y que con la apariencia de imitar lo visible, contenía, sin embargo, secretos de los místicos, los ascéticos y complejos temas teológicos.
Sus cuadros, a la manera tenebrista, tienen al pan como eje central y lo incluye también en las imágenes botticelianas, las del Greco, en las cruces, en las piedras medievales, en libros sagrados. El guiño de Echagüe es desacralizarlo pero nos alerta que hoy el pan es también símbolo del hambre en el mundo.
Marita Güimpel ejerció la docencia en la Universidad Nacional de Rosario y desde su infancia, con su Cannonet Junior, trató de «capturar» cielos y ríos, especialmente el agua marrón del Paraná del que recogía elementos a su vera y los plasmaba en cuadros texturados. Así comenzaron sus exposiciones pictóricas y fotográficas, realizó tapas de libros para poetas y escritores y sus relevamientos ferro-portuarios de su Rosario natal.
Sin excesos, ni trucos ni conceptualismos, Güimpel aborda el tema del alimento desde lo «dulce», donde todo «parece», color de rosa, desde el sabor con gusto a nostalgia, desde la golosina que no es tan inocente como aparenta. Es el mundo de la niñez, de las prohibiciones, del premio: «lo vas a comer después que tomés la sopa; del «si hacés los deberes», o del castigo por no cumplir, de la compra a escondidas en el kiosco, de la fascinación por los envoltorios brillosos y no tanto, porque para ellas también hay categorías. Güimpel ya demostró su relación con la nostalgia cuando participó a comienzos de 2009 en Buenos Aires en una muestra colectiva de artistas rosarinos realizada en el Espacio OSDE, nos regaló las famosas «gallinitas» de azúcar y nos puso una sonrisa en los labios.
Las fotografías de Güimpel, una herramienta para tratar cosas a las que no se presta atención y como dice Danto, «cosas simples que no aspiran de ningún modo al status exaltado de arte», son directas, los colores netos, suaves, acordes con el tema.
Galletita sobre una mesa, lechuza mirando ávidamente una «rellena», soldado acaparando una galletita, masitas tentadoras sobre sillitas de muñecas, bailarina con tutú y masita -como toda muñeca- un tanto perversa, sus cuadernos de la primaria y una alcancía con galletita mordida a manera de óbolo.
Desde otra mirada participa con Echagüe del tema de compartir el pan, que es la idea madre de la muestra.
Clausura el 8 de octubre.


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