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Rottemberg: “Con lo que valen 15 cafés ya no se va al teatro”
Carlos Rottemberg: Uno de sus muchos lemas es“no hagamos nada que ya sepamos que nos va a dar más de 13/8 de presión”.
Su única fórmula es la pasión por el oficio en el que debutó a los 17 años, motu proprio, y sin contactos que lo avalaran. Y su único antecedente educativo es haber dedicado buena parte de su infancia a recorrer los cines del centro y a estudiar cada programa de mano, controlando la permanencia en cartel de cada película y demás detalles de distribución.
Dueño de una decena de salas y de numerosos éxitos del circuito comercial, Rottemberg dice estar muy agradecido al medio teatral. Ayer festejó en el Teatro Metropólitan sus 40 años con la actividad, donde se presentó el libro "Una vida entre butacas", que le dedicaron los periodistas Carlos Ulanovsky y Hugo Paredero.
Dialogamos con él:
Periodista: El libro se subtitula "de la vocación a la profesión", eso le da un tono ejemplar a su trayectoria de self-made man.
Carlos Rottemberg: Después de "No hay más localidades" (publicado en 1998) no pensaba escribir otro libro. Pero hace diez años, en medio de una entrevista radial, Ulanovsky me dijo al aire: "Si vos no lo escribís lo voy a escribir yo". Le prometí hacerlo cuando cumpliera cuarenta años de carrera. Y un día se me apareció en la oficina con Paredero y así empezó el proyecto. Tuvimos por lo menos 30 reuniones largas, algunas de 6 horas, e intercambiamos unos 300 emails de preguntas puntuales. Hace poco me enteré de que mucha gente dio su testimonio. Solo espero que no hablen muy mal de mí.
P.: Conociendo sus reglas (ética profesional, pasión por el teatro y un poco de psicología para destrabar conflictos) no creo que tenga que arrepentirse de algo.
C.R.: No. Además, desde hace un año empecé a decir que para el trabajo prefería a las mejores personas, antes que a los más talentosos. Si alguien viene a verme a la oficina y me resulta medio problemático y difícil o habla mal de otro... La cosa no va. Por eso puse un cartelito que dice: "no hagamos nada que ya sepamos que nos va a dar más de 13/8 de presión". También suelo decir: "Aquel actor es talentosísimo, es el mejor. Vayamos a verlo... pero en el teatro de otro". Yo estoy muy tranquilo con la profesión y muy agradecido. Me gusta compararla con otras profesiones, como la medicina, que sin ser una ciencia exacta, como las matemáticas, le permite a un médico tener una idea de lo que puede llegar a ocurrir a través de una radiografía, una ecografía o una resonancia. Yo encaro esta profesión, con ese mismo espíritu.
P.: Sabemos que es un obsesivo de las normas de seguridad.
C.R.: Desde siempre. Me da pudor hablar así de mí, pero de los 4 a los 17 años siento que cursé una facultad que me preparó para la actividad teatral. Nunca fui un improvisado. Cuando a los 17 años programé "Equus" en el Ateneo (con Duilio Marzio y Miguel Angel Solá) la gente hacía largas filas y yo lejos de tentarme con la venta de entradas, reuní al administrador y a la boletera del teatro para advertirles: "Nunca se les ocurra vender una silla porque los echo". Eso de poner sillas en los pasillos cuando la sala está llena... no va conmigo. Y recuerdo que 25 años atrás fui a una veterinaria y compré collares para que los focos de las salas quedaran bien ajustados. Si no tuviese esta obsesión por la seguridad, sería imposible que en 40 años de trabajo no ocurriera algo. Y le estoy hablando de decenas de miles de telones levantados.
P.: ¿Sus dotes de psicólogo lo ayudaron a salvar elencos?
C.R.: Para el libro de Ulanovsky y Paredero debo haber escrito no menos de 20 anécdotas sobre el tema, y con nombres y apellidos. Puede buscar en Youtube la entrevista que le hizo Mirtha Legrand a Alejandro Romay en 1998. Ahí él cuenta una de esas anécdotas y me llama "Samoré (en alusión al Cardenal que medió en el conflicto del Canal de Beagle, entre Argentina y Chile) y Mirtha le contesta al aire: "Es que él es así. A mí me sale naturalmente, será por eso también que soy presidente de la la Asociación de Empresarios Teatrales y Musicales.
P.: En la temporada que está finalizando no hubo grandes estrenos.
C.R.: Eso sucedió porque varios espectáculos del circuito comercial han perdurado en el tiempo y entonces hubo menos renovación. A mí me está pasando con "Toc toc"; "Le prénom", "Parque Lezama" y el unipersonal de Campi. De todas formas, este año vi espectáculos que me gustaron mucho como "La muerte y la doncella" en el Cervantes; "La sala roja" en El Camarín de las Musas y el espectáculo de Mónica Cabrera "Electric Mamma".
P.: El 5 de diciembre va a abrir la temporada marplatense con "La Nonna" ¿Cuánto va a costar la entrada?
C.R.: 240 pesos la platea más cara, 20 pesos más que el año pasado que estaba a 220.
P.: Usted siempre relativizó el precio de las entradas en comparación a lo que cuesta un café, un estacionamiento, la entrada al zoológico...
C.R.: Desde que yo tengo memoria, una entrada en la Avenida Corrientes siempre costó 15 cafés. Hoy una entrada vale 250 pesos y el café de la esquina de cualquier teatro vale 20 pesos. Por lo tanto, si cobrásemos la entrada 15 cafés, tendríamos que subirla a 300 pesos. ¿Se entiende? Hoy por ese precio uno toma menos cafés.
P.: Su obsesión por los números, las estadísticas y las variables de costos resulta muy curiosa.
C.R.: Hace 40 años, cuando empecé en esta profesión, con lo que costaba una entrada de teatro entraban 25 personas al zoológico. Hoy sólo entran dos, porque la entrada al zoológico vale 130 pesos. Entonces, ¿subió más esa entrada o la del teatro? Con esas cosas hago las cuentas.
Entrevista de Patricia Espinosa


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