28 de febrero 2011 - 00:00

Rusia piensa en sus musulmanes

Rusia enfrenta una situación cada día mas complicada con la minoría musulmana, calculada en aproximadamente en 20 millones de personas. A un clímax creciente de sentimientos nacionalistas, se ha agregado un sensible aumento de la xenofobia

en las regiones de mayoría musulmana como, por ejemplo, el Cáucaso del Norte.


El número de ataques terroristas islamistas aumentaron un 14% en 2010 respecto del año anterior. Al respecto, el presidente, Dmitri Medvédev, señaló, tras el atentado del 24 de enero en el aeropuerto de Domodedovo (35 muertos), que el terrorismo islamista en Rusia es hoy la mayor tragedia de su país.

El grado de tensión étnica y sentimiento discriminatorio alcanzado entre la comunidad ortodoxa e islámica ha sido calificado por líderes musulmanes rusos como una bomba de relojería que amenaza la estabilidad de Rusia.

En diciembre, Moscú fue escenario de alguno de los peores hechos de violencia desde el colapso de la Unión Soviética, con un grado de alta retórica islamista. Las protestas guardan una cierta relación con el proceso dominó de la caída de las tiranías en Medio Oriente aunque la situación, por el momento, en términos políticos no puede ser equiparada.

Sin embargo, en recientes declaraciones públicas el presidente de Rusia explicó el proceso que atraviesan Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin y Libia como uno de «conspiración externa». Asimismo, admitió que los «instigadores», que no identifico, habían elaborado un plan similar de revueltas en Rusia aludiendo previsiblemente a lo ocurrido en diciembre en la Plaza Roja.

Es probable que la referencia de Medvédev estuviera dirigida a la empresa Google, ya que The Wall Street Journal, en una entrevista a un alto colaborador del primer ministro ruso, Vladimir Putin, había acusado a los directivos de Google de manipular las revueltas sociales en Egipto y en otros países de Medio Oriente, dando la impresión que también se refería a los episodios ocurridos en Moscú.

La teoría de la conspiración externa mencionada por Medvédev parece abrir el paraguas para justificar eventuales represiones en la eventualidad que la convulsión étnica en Rusia alcance una nueva dinámica y la bomba de relojería, mencionada por algunos musulmanes rusos, haya empezado a hacer correr los segundos.

(*) Ex vicecanciller

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