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Rusia pierde un pretexto para sus planes amenazantes
Moscú consideraba los planes estadounidenses una «amenaza directa para su seguridad», hasta el punto que condujeron a las relaciones bilaterales a su peor momento desde el fin de la Guerra Fría.
El Kremlin nunca aceptó las explicaciones de la Casa Blanca de que el escudo no estaba dirigido contra Rusia sino por las amenazas provenientes de Irán y, en menor medida, Corea del Norte.
Moscú sostenía que una estación de radar en territorio de la República Checa permitiría al Pentágono controlar las bases de misiles estratégicos emplazadas en la parte europea de Rusia y los submarinos nucleares de la Flota del Norte. En cuanto a los misiles interceptores en Polonia, sostenía que podrían abatir cohetes rusos durante su lanzamiento, lo que ponía en duda la paridad estratégica entre ambas potencias nucleares.
«Ahora ya no se trata de enterrar un radar bajo hormigón armado y colocarlo cerca de las fronteras rusas», aseguró ayer Dmitri Rogozin, embajador ruso ante la OTAN.
Rogozin añadió: «No le hemos torcido el brazo a nadie. Ésta es una decisión pragmática y normal de Washington, que comprendió que en el plano político el sistema en la República Checa y Polonia conllevaría un aumento de la tensión con Moscú».
La realidad es que Rusia recurrió a toda clase de medidas para persuadir a EE.UU.: renegó de un acuerdo de desarme y amenazó con desplegar misiles tácticos en el enclave báltico de Kaliningrado, limítrofe con Polonia y Lituania, dos miembros de la OTAN.
«¿Acaso hay quien piensa que Rusia se quedará de brazos cruzados mientras EE.UU. aumenta consecuentemente su potencial estratégico en las fronteras rusas, y esperará a que se forme un potencial antimisiles antirruso crítico para nuestra seguridad?», aseguró el año pasado Serguéi Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores ruso.
En su primer discurso sobre el estado de la nación, a finales de 2008, el presidente Dmitri Medvédev, sacó de la manga los planes de desplegar misiles tácticos Iskander en Kaliningrado en respuesta al escudo estadounidense.
El aviso del nuevo inquilino del Kremlin coincidió con la elección del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama el 5 de noviembre de 2008.
Poco después de la toma de posesión de Obama, Moscú congeló el despliegue de los Iskander (SS-26 Stone, según la clasificación de la OTAN) a la espera de acontecimientos.
Éxito
Después, ya en 2009, Medvédev vinculó directamente la suspensión del despliegue del escudo cerca de sus fronteras con el éxito de las negociaciones para la firma de un nuevo acuerdo de desarme nuclear.
Meses antes, su antecesor en el cargo, el actual primer ministro Vladimir Putin, pasó de las advertencias a las amenazas anunciando la posibilidad de que Rusia apuntara sus misiles contra Europa.
Putin fue aún más lejos en julio de 2007 al renegar del tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), uno de los más importantes acuerdos de desarme de la Guerra Fría.
El FACE limita la presencia de fuerzas armadas y armamento convencional -tanques, blindados, artillería pesada y aviación de combate- en el continente, incluida la Rusia europea.
Además, amenazó con abandonar también el primer tratado de reducción de armas nucleares: el de eliminación de misiles nucleares de mediano y corto alcance suscrito en 1987 por Gorbachov y Reagan. Pero esto ahora parece cosa del pasado.
Putin propuso utilizar conjuntamente la estación de radar azerbaiyana de Gabalá, que está muy cerca de la frontera iraní y que cubre el norte de África, Turquía, Irak, Irán, Arabia Saudita, India, Pakistán y el océano Indico hasta Australia, y en 1991 permitió al Kremlin observar en tiempo real la Guerra del Golfo contra Irak.
Agencia EFE


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