9 de septiembre 2010 - 00:00

Salarios: inflación devora los aumentos

Salarios: inflación devora los aumentos
En condiciones de alta inflación, el tiempo que transcurre entre el cobro y el gasto de los ingresos pasa a ser una dimensión importante para asalariados y pensionados. Cuanto más tiempo se tiene «encajado» el ingreso en el bolsillo, tanto mayor el deterioro en términos de su capacidad de compra. Si la inflación es creciente, no basta con indexar los ingresos para mantener constante el poder de compra, y ello lleva a diversas prácticas que exacerban la inflación: se sobreindexan los salarios y/o se acorta el período de pago. Ésta es una cuestión bien conocida en episodios hiperinflacionarios, de la cual se tiene experiencia en la Argentina, documentada en trabajos de FIEL que tienen ya más de 25 años .

Actualmente, la tasa de inflación en la Argentina se ubica en un rango del 1,6% al 2% mensual, frente a un 1,3% promedio para 2009. Si bien la aceleración luce modesta, los ingresos reales crecen bastante menos que en el pasado (2005/2008) y, lo que es peor aún, la percepción de muchos es que la capacidad de compra de sus ingresos está cayendo, a pesar de que los aumentos salariales en 2010 también se aceleraron. ¿Hay una forma objetiva de medir los cambios en la capacidad de compra promedio de los ingresos?

Para responder esa pregunta, tengamos en cuenta, en primer lugar, el índice que se utiliza como deflactor de los ingresos. Desde ya que los índices de inflación no oficiales reflejan sustancialmente mejor la evolución de la inflación que los oficiales. Todas las mediciones se realizarán aquí con base en el IPC-FIEL por la garantía que ofrece en términos de metodología y captación de datos, así como porque nos permite disponer de una frecuencia (semanal/diaria) no disponible para otros índices. Sin embargo, todavía se puede elegir entre la inflación de una canasta general (es decir, la que refleja el aumento del gasto de las familias) o una canasta particular (la de alimentos y bebidas). Utilizar una u otra puede dar lugar a diferencias significativas, pues mientras la tasa general de inflación se ubica algo por arriba del 23% anual, la de la canasta de alimentos y bebidas supera el 34% anual. Como se trata de medir el poder de compra promedio de los ingresos -y no sólo respecto de una canasta de alimentos-, resulta más apropiado utilizar el nivel general del índice.

Hay dos formas de computar el salario real. La primera es comparar el ingreso correspondiente al mes t (cobrado a fin de mes) con los precios del mismo período (ingreso devengado en t, deflactado con la inflación del mismo mes). Designaremos esta medición por WD. Una alternativa es comparar ese ingreso con los precios del mes en que se gasta efectivamente (el siguiente). Es decir, comparar el salario de t con los precios de t+1, lo que designaremos por WP (salario real percibido). Esta segunda medición difiere de la anterior, pues toma en cuenta parte del deterioro que se produce por ajustar los salarios rezagadamente, pero es incompleta pues no tiene en cuenta que, aun cuando los salarios se indexen, existe un deterioro intraperiódico producto del hecho de que el gasto se distribuye a lo largo del mes, período durante el cual los precios suben.

Con inflación creciente, un salario perfectamente indexado aparecería como estable en términos reales (WD), aunque fuera declinando en los hechos porque la inflación sube (WP). Por arriba de cierto nivel de inflación (normalmente por arriba del 2,5% mensual) y aun con salarios perfectamente indexados, WP no refleja el verdadero poder de compra de los ingresos, que cae porque la inflación promedio crece. En otros términos, la inflación «desintegra» los salarios a lo largo del mes, y para evitarlo no basta con indexar y ni siquiera con acortar los períodos de pago (tal como ocurrió en 1975, 1985, 1989 y 1990).

Es posible medir con mayor precisión la evolución del poder de compra de los ingresos, teniendo en cuenta los cambios en las tasas semanales de inflación (la base es el IPC-FIEL y los datos de salarios provistos por INDEC). Para el cálculo del poder de compra salarial (PCS), se deflacta el ingreso del mes t con los precios del momento en que se percibe (por ejemplo, precios a fin de mes), y se evalúa luego el gasto real a lo largo de cada semana del mes siguiente con los precios correspondientes. El cambio en el poder de compra de los ingresos entre dos períodos es el cambio en el gasto real promedio. Para computar el PCS se requiere conocer la distribución del gasto a lo largo del mes. Si bien se desconoce esa distribución (las encuestas de ingresos no proporcionan información semanal), se puede asumir un gasto proporcional o generar familias de distribuciones de gasto semanales y evaluar la sensibilidad de los indicadores.

Los gráficos 1 y 2 muestran dos formas de medir el salario real, para los asalariados formales privados y para los informales, respectivamente. En el caso de los trabajadores formales, la noción habitual (WD, salario e inflación en el mismo mes) muestra un aumento del salario real a lo largo de prácticamente todo el último año. El promedio del primer semestre de 2010 habría estado un 0,7% por arriba del promedio de igual período de 2009. Sin embargo, si se utiliza la noción más precisa de poder de compra salarial (PCS, que asume una distribución de gasto proporcional), el valor real de los ingresos cae un 0,2%. La diferencia es de casi un 1% anual. Dadas las tasas de inflación, utilizar la noción de poder de compra (índice PCS) o la de salario percibido (WP) no habría arrojado diferencias significativas. En el caso de los informales, se observa que los ingresos reales cayeron en cualquier medición durante el primer semestre de 2010, y que la medición habitual de salarios devengados (WD) sobreestima los ingresos reales, lo que siempre ocurre cuando se acelera la inflación.

La desintegración de los salarios es un concepto intraperiódico, ya que ocurre a lo largo de un mes. Se trata de una dimensión adicional a la habitual que se incorpora cuando la inflación aumenta, y que resulta de difícil medición ya que cambios en la inflación pueden inducir cambios en los patrones de gasto para tratar de protegerse -anticipando gastos- por parte de quienes reciben ingresos fijos. No siempre estos ajustes son posibles, y no existen actualmente mecanismos financieros que permitan proteger parte de los ingresos de la inflación (los Valores Ajustables en los años 70 o el dólar en los 80 eran mecanismos alternativos en alta inflación). Ello deriva en pérdidas de capacidad de compra aun con ajustes frecuentes de los ingresos. En el cálculo de la tasa de desintegración (d) influyen la tasa de inflación y su distribución a lo largo del mes y la forma en que se distribuye el gasto. En el gráfico 3 se representa la evolución de la tasa de desintegración (d) y la tasa de inflación (?) en el último año. Si los ingresos nominales se mueven al ritmo de la inflación (?), pero en forma rezagada, hay una pérdida de poder de compra por la diferencia entre la inflación pasada y la presente, y porque a lo largo de cada mes la inflación creciente deteriora los salarios a la tasa d. A los cambios en el valor real del ingreso se suman los cambios en d.

Cabe observar que estas mediciones de poder de compra son más precisas -otra vez, en condiciones de alta inflación- que las mediciones habituales, y resultan de importancia a la hora de evaluar modificaciones en la capacidad de compra de los consumidores. (Dado que el escenario de inflación creciente es el que domina el panorama para los próximos 12 a 18 meses, FIEL comenzará a publicar la evolución de las distintas mediciones de ingreso real a partir de la información sobre salarios de INDEC y de inflación de FIEL, siguiendo los lineamientos de cálculo arriba señalados.)

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