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Sale “Súper Draghi” a salvar a Europa (hasta que despierte Yellen)
No hay prisa para actuar en EE.UU., pero sí en el Viejo Continente. No se necesita tanta Janet Yellen como Mario Draghi si cabe la comparación. Y el italiano estuvo a la altura de las circunstancias. Su retórica, esta vez, no fue tan certera como de costumbre. No obstante, debido al aporte sustancioso de medidas no hizo falta más. El mensaje que esbozó en Jackson Hole se corporizó el jueves. Draghi tomó del premier japonés Shinzo Abe -y sus Abenomics- la estrategia de las tres flechas: la política monetaria, la fiscal y las reformas estructurales. Las tres deben apuntar en la misma dirección para alcanzar el blanco. Que se sepa, Draghi responde sólo por la moneda, pero habló con soltura de las tres. Es el mascarón de proa de un acuerdo más amplio (como lo fue dos años atrás, cuando cortó de cuajo la crisis de la deuda soberana al prometer hacer lo que fuera necesario para preservar la unidad del euro). Equivocada o no, la convicción que transmite Draghi es la de una voluntad que excede al propio BCE y que, por fin, reconoce la gravedad de los problemas que desafían a la Europa de los 18. Urge rescatar a la economía del peligro de una triple recesión, revivir el crédito al sector privado y ponerle freno a una desinflación tenaz.
La expansión cuantitativa es el nuevo norte del BCE. Aunque nadie encontrará impresa su marca comercial, el familiar QE que popularizó la Fed y que tantas críticas recibió del mismo BCE en los tiempos de Trichet, el antecesor de Draghi. El marketing no es el fuerte de Fráncfort y, ya se dijo, Draghi no estuvo fino en el anuncio de los detalles.
Sin embargo, el mensaje principal fue vertido: el BCE aspira a engrosar el tamaño de su hoja de balance -actualmente, 2 billones de euros- para que recupere la dimensión que tenía "a comienzos de 2012". O sea, según la fecha que se tome, el objetivo es un aumento del crédito primario en un rango de entre 700 mil millones de euros y un billón. Son dos anuncios en uno: no es sólo la voluntad de expandir sus activos; el BCE renuncia al sendero de la "contracción cuantitativa" que recorrió -a contramano del G-7- los dos últimos años y medio.
¿Qué cabe esperar? Tasas más bajas en Europa que en EE.UU. Y que durarán así por más tiempo. El BCE se enrola en la expansión cuantitativa -este mes con el lanzamiento de los pases TLTRO´s y el mes que viene con la compra de fideicomisos -en el mismo momento en que EE.UU. da por finalizado el QE3. Más aún, el BCE podrá ampliar sus planes en el futuro de ser necesario. Tiene espacio de sobra para un eventual QE alimentado por compras de bonos soberanos. Los bancos centrales del G-7 multiplicaron su crédito primario entre 2,5 y 5,5 veces; el BCE, al día de hoy, apenas supera en un 40% el nivel de cuando se derrumbó Lehman Brothers en 2008. Y en proporción al PBI, su hoja de balance es la más chica.
Para las Bolsas se trata de una buena noticia. La compra de activos liberará poder de fuego de instituciones y bancos, el hundimiento de las tasas la impulsará en su dirección. Por supuesto, ni Putin ni la crisis de Ucrania se darán por enterados. La energía escaseará en el invierno. Pero el rescate de la economía real llega a tiempo. Y, con un Draghi inspirado al timón, habrá voto de confianza. Al menos mientras Yellen no se levante de la reposera.


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