9 de marzo 2010 - 00:00

Salud: apremiado, Obama critica a sus legisladores

Cada vez más complicado para hacer pasar por el Congreso su proyecto estrella, la extensión de la cobertura de salud, Barack Obama reforzó ayer la presión sobre las compañías privadas del sector y sobre los propios legisladores demócratas.
Cada vez más complicado para hacer pasar por el Congreso su proyecto estrella, la extensión de la cobertura de salud, Barack Obama reforzó ayer la presión sobre las compañías privadas del sector y sobre los propios legisladores demócratas.
Washington - El presidente estadounidense, Barack Obama, apuntó ayer contra los legisladores que se oponen a aprobar la reforma sanitaria, sobre todo hacia sus correligionarios demócratas, y volvió a formular duras críticas contra los aumentos de las cuotas de las empresas aseguradoras.

«Qué hermoso es estar entre ustedes, en Pennsylvania, lejos de Washington -considerada la capital del Congreso-», exclamó Obama ante los jóvenes de la Arcadia University en Glenside. «Es una ciudad hermosa, llena de personas estupendas, pero la pregunta que escucho siempre de la gente es la misma: ¿Qué significa esta ley para mí? ¿Es útil o no? El problema es que demasiada gente está obsesionada por el deporte del voto», prosiguió. «Y mientras ellos piensan sólo en ser reelectos, nosotros creemos que las elecciones ya se realizaron y que debemos ocuparnos de resolver los problemas», agregó.

Los legisladores del Partido Demócrata argumentan que aprobar la reforma sanitaria implicaría un riesgo de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre, ya que la mayoría de la población se manifiesta en contra de la medida. Dentro de su bando político, Obama también encuentra la resistencia de un grupo de antiabortistas, que condicionan su voto a favor a cambio de que se elimine una cláusula que permite la cobertura estatal a la interrupción voluntaria del embarazo.

«El statu quo en la salud es insostenible. Los republicanos tuvieron muchos años a su disposición y no hicieron nada. Llegó el momento de las decisiones», insistió Obama.

Finalmente, y siempre dirigiéndose al Congreso, concluyó su discurso con estas palabras: «Hemos sido enviados allí para enfrentar y resolver los grandes desafíos del país y por esto, aunque podemos tener que pagar un costo político, debemos hacer esta reforma para asegurar un futuro seguro a todos los norteamericanos».

En la gira, con la que busca reunir apoyo ciudadano para la ley, Obama dirigió algunas de sus críticas más severas al sector de la salud, al que acusó de poner las ganancias por sobre sus pacientes. «Cada año elevan los costos más y más. Seguirán haciéndolo todo el tiempo que puedan», declaró.

En una acción que caldeó más el ambiente, la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, envió una carta a grandes compañías como Aetna Inc y Wellpoint Inc solicitándoles que justifiquen los últimos aumentos. «Es tiempo de que estos ejecutivos de compañías de seguros hagan su parte para hacer al sistema más transparente para el pueblo estadounidense», indicó Sebelius. «Si las compañías de seguros van a aumentar las tarifas, lo mínimo que pueden hacer es decirnos por qué», recalcó.

Obama, quien mañana transmitirá un mensaje similar en una visita a San Luis (Misuri), instó la semana pasada al Congreso a votar antes del día 18 en favor de la reforma, su gran prioridad legislativa.

En un acto con profesionales de la salud y funcionarios del Gobierno en la Casa Blanca, planteó su propuesta modificada de reforma sanitaria, que incorpora propuestas republicanas. La iniciativa que impulsa el presidente pretende extender la cobertura médica a unos 31 millones de estadounidenses que carecen de un seguro y tendría un costo anual de u$s 100.000 millones. Entre otros elementos, la propuesta de la Casa Blanca, además, pondría fin «a las peores prácticas» de las aseguradoras, que deniegan cobertura por condiciones médicas preexistentes o cuando alguien se enferma, e incrementan de forma arbitraria las cuotas.

Una de las posibilidades que se plantea la mayoría demócrata para someter a votación la reforma, estancada en el Congreso, es recurrir a una maniobra presupuestaria del Senado que requeriría únicamente una mayoría simple de 51 votos, en vez de los 60 que se necesitan para impedir que la oposición bloquee la medida.

Agencias Reuters, EFE, DPA y ANSA

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