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San Sebastián: el cine negro, nota dominante
Donostia radiante. El sábado, el crédito local Asier Altuna presentó «Bertsolari», orgullosa celebración de esos payadores vascos que cantan bien serios, tiesos, a capella, en tabernas, escuelas, y en un certamen anual frente a 14.000 espectadores como mínimo. Rodeando al director estaban Andoni Egaña, buen conocedor de nuestros payadores, Maialen Lujanbio, la primera mujer que ganó dicho certamen, y otras glorias regionales.
Las ovaciones del público fueron apoteóticas. Algunos dicen que directamente proporcionales a los silbidos que provocó el «Amén» de Kim Ki-duk, y a los ronquidos que inspiró «El árbol de la vida» de Terrence Malick, gran premio de Cannes y Fipresci que con 70 minutos hubiera sido maravilloso, pero dura 140. Al menos la del coreano se resuelve en 72. Nada que ver con sus obras anteriores. Esta la hizo viajando por Europa con una camarita y una empleada de su empresa productora, fingiendo que es una embarazada seguida por un enmascarado que representa el miedo a la vida, según explicó el propio director. ¿Y el fastidioso ruido del sonido directo? «Es el sonido de la vida», dice con sonrisa inocente.
Kim ki-duk parece un mocetón que viene del gimnasio y quiere congraciarse con sus víctimas. «Es una película libre y sincera. Reconozco que también es irresponsable. No me quise burlar de los espectadores, ahora temo que piensen eso, y están en su derecho. No espero venderla a ningún mercado. Tampoco esperaba estar en competencia, yo solo la ofrecí por amabilidad». Más sincera aún es la protagonista: «No me importó saber la motivación del autor ni qué hacía mi personaje. ¡Era mi primer viaje a Europa! Lo demás fue fácil, cuando aparezco dormida es que me filmaron mientras dormía, y todo así».
Por suerte también hay películas serias. A destacar, en competencia oficial, el thriller de Enrique Urbizu «No habrá paz para los malvados», con resonancias del 11-M (el atentado en Atocha) y un policía corrupto «que por salvar su culo salva al mundo, pero solo por un ratito». Empieza y termina con fuerza, y no acepta influencias. «Bastante influye la realidad española», dice el autor. «En todo caso, más que de cine negro americano podríamos hablar de parentesco con el policial francés y el cine político italiano de los 70».
De cine negro americano hablaron, con gran conocimiento y experiencia propia, Ami Canaan Mann, hija de Michael Mann y autora de «Texas Killing Fields», inspirada en el hallazgo de 60 cadáveres en las afueras de Dallas, y el grandote Walter Hill, que presenta en retrospectiva su «Last Man Standing» («Entre dos fuegos»), inspirada en la versión Kurosawa de «Cosecha roja».
«No pensé hacer una de género, simplemente me vino por ósmosis, y con el expreso aliento del señor Akira Kurosawa», dijo. Ahí también le preguntaron por influencias. Respuesta terminante: «La mayor fue mi padre, que además nunca iba al cine. Cuando empecé decían que me influenció Peckimpah. A éste, John Ford. A Ford, Griffith. A Griffith, Dickens. Creo que todo acaba en Homero. Pero yo con Peckimpah solo hice el guión definitivo de La fuga. Me integré porque ya habían eliminado el capítulo final y discutían si Steve MacQueen y Ali MacGraw pasaban a México con la plata o morían en el tiroteo. Las estrellas impusieron el final feliz, y así se hizo».
Detalle gracioso, comentado por el especialista local Roberto Cueto: en España la censura franquista impuso una voz en off diciendo que fueron detenidos en la frontera y condenados. «¡Ah, entonces al final no se escaparon! ¡Que tristeza!», descubrió Hill, muerto de risa.
* Enviado Especial


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