24 de septiembre 2015 - 00:00

San Sebastián y la Cuba menos visible

Agustí Villaronga (segundo desde la izq.) presentó un fuerte retrato de la Cuba marginal en “El rey de La Habana”, un film que debió rodar en la República Dominicana.
Agustí Villaronga (segundo desde la izq.) presentó un fuerte retrato de la Cuba marginal en “El rey de La Habana”, un film que debió rodar en la República Dominicana.
Enviado Especial

San Sebastián - Mundos imaginarios y mundos demasiado reales en las películas presentadas a competencia oficial del festival donostiarra. Lo más lindo, "Bakemono no ko" (título de venta mundial, "The Boy and the Beast"), buen dibujo de Mamoru Hosoda donde una especie de oso guerrero elige a un niño como discípulo. Para el autor, este animé sigue su obra anterior, "Okami Kodomo no Ame to Yuki" ("Wolf Children"): "Cuando escribí el primero yo deseaba ser padre. Ahora tengo un niño y me imagino cómo será educarlo".

El dibujo de los personajes no pasa de lo standard, pero los fondos son admirables. Varios compatriotas de Hosoda que están acá participando de una amplia muestra de cine japonés aseguran que ha hecho una exacta representación del barrio de Shibuya, en Tokio, tal como era hace diez años y como es ahora, todo dibujado a mano. Y los fanas subrayan que éste es su mejor trabajo hasta la fecha. Los tres anteriores ganaron la categoría Animación del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, y éste, por lo menos, ya ganó su lugar en la historia: es la primera vez que un dibujo compite por el premio mayor de San Sebastián ("Metegol" abrió el camino porque fue el primero en inaugurar una edición del festival, pero las películas de apertura no participan de la competencia).

El otro mundo imaginario no es nada lindo, aunque tenga una gran dirección de arte: "High-Rise", ilustración de la novela alegórica de J.G. Ballard "Rascacielos", sobre la lucha de clases de la sociedad británica, con una crueldad y un gasto terribles, y no solo porque los personajes se tiren con comida. Autor, Ben Wheatley, ese del cuento de humor negro "Turistas", donde mataban un perrito. Acá matan otro, y lo ponen al asador. Lo único bueno de esta película es que para presentarla vinieron la actriz y modelo Sienna Miller y el carilindo Luke Evans, el Bard de "El señor de los anillos". Al borde de la alfombra roja, las coleccionistas de selfies con estrellas chillaban de alegría.

Ayer pasamos a la realidad, con dos obras dolorosamente ambientadas en lo que iba a ser un mundo mejor: la georgiana "Moira", de Levan Tutberidze, y la española "El rey de La Habana", de Agustí Villaronga. En ninguna de ellas parece haber siquiera rastros del paraíso comunista. Lo que se ve es una dura lucha por la vida, donde pierden los de siempre.

"Moira" se llama el barquito que soñó el protagonista de ese cuento, para mejorar sus entradas y mantener a la familia unida: la madre que canta afuera, el padre en silla de ruedas, un hermanito que empieza a vincularse con la mafia. El protagonista es el hermano mayor, y como tal se siente responsable. "Moira", triste ironía, en su lengua significa "destino". Una obra pequeña, bien hecha, terminante, con unos paisajes tan hermosos que duelen.

En cuanto a la nueva de Villaronga, se basa en la novela del periodista cubano Pedro Juan Gutiérrez (el de la Trilogía Sucia) y cuenta la corta y terrible vida de un chico escapado del reformatorio. "Parece mala persona pero en el fondo tiene buenos sentimientos", lo defendió su protagonista, Maycol David, nieto de quien fuera Celeste Mendoza, La Reina del Wawancó. El conoce a esa clase de muchachos porque vive cerca de un barrio marginal de La Habana.

También Villaronga conoce el paño. "En 1992, pleno 'período especial' como le decía a la crisis el gobierno castrista, fui a dar clases en la Escuela de San Antonio de los Baños y me dije 'yo acá no vuelvo en mi vida'. Pero, por circunstancias de la vida, he vuelto muchísimo. Un día mi productora me dio la novela y me puso en contacto con Gutiérrez, que me ayudó a comprender sus personajes. Él habla con frases cortas, explica claras las cosas, da voz a los que no saben expresarse. Entiendo que la gente los vea como animales salvajes. La pregunta es cómo han llegado a esa condición", dijo el realizador

"Sé que los cubanos quisieron filmar esta novela y no pudieron. Nosotros tampoco pudimos filmarla en Cuba. El Icaic no nos autorizó, le molestaba que un extranjero quisiera filmarla, cosa que también entiendo, así que la filmamos en República Dominicana con actores cubanos. Los secundarios también son cubanos", agregó.

"Que esté filmada en Santo Domingo la universaliza un poco, porque esto no es privativo de Cuba", terció María Luisa Matienzo, la productora. "Ahora, para mí sería ideal que pudiéramos darla en el Festival de Cine de La Habana. Y si no me dejan, filmaré esas discusiones, para quitarme el gusanillo que tengo adentro". "La gente le va a agradecer. Padura y Gutiérrez son lo que mejor que tenemos para decir la verdad", apoyó Héctor Medina, otro de los actores. Pero algunas verdades bajan la autoestima. Cuando alguien preguntó si la película tenía efectos especiales, doña Matienzo declaró que, para justificar lo de Rey de La Habana, digitalizaron el atributo del protagonista. "¡Justo tenía que decirlo delante de las admiradoras!", le recriminó graciosamente el chico.

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