4 de mayo 2010 - 00:00

Sancionar causa efecto, pero puede no alcanzar

A la Conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) que acaba de ser inaugurada en Nueva York asisten representantes de los 189 países signatarios del mismo, pero buena parte del protagonismo lo tiene Irán, blanco de sospechas por su programa nuclear.

En torno a las sanciones que impulsan EE.UU. y sus aliados, son varias las incógnitas. Una es si China y Rusia, usualmente renuentes a la vía de la presión sobre Teherán, aprobarán las nuevas sanciones. Otra concierne a la eficacia de las mismas.

Consultado por Ámbito Financiero, Ramiro Anzit Guerrero, analista del Medio Oriente, señaló que «China tiene cierta dependencia de los hidrocarburos iraníes, por lo cual pedirá que las sanciones no sean sobre ciertos productos refinados, pero Rusia, que tiene autosuficiencia energética, estaría dispuesta a que se apliquen sanciones, ya que Moscú está interesado en recepcionar el uranio enriquecido que ya posee Irán».

En efecto, como Teherán afirma que su programa nuclear sólo tiene fines civiles, Rusia y Francia se ofrecieron a enriquecer el uranio de Irán y devolvérselo en forma de combustible apto para el reactor de uso científico que posee aquel país. Pero las autoridades iraníes rechazaron la oferta, desatando el enojo del presidente ruso, Dmitri Medvédev. «Irán se comporta de manera bastante irresponsable», sentenció. Y advirtió: «Si esta situación se prolonga, no hay que excluir nada, tampoco las sanciones».

Perjuicios

¿Qué efecto ha tenido hasta ahora esta presión?

«Sin duda las sanciones están perjudicando considerablemente a la ya dañada economía iraní», afirmó Anzit Guerrero. «El régimen de los ayatolás utiliza los petrodólares prioritariamente para mantener la cohesión interna dentro de la propia población por medio de concesiones populistas, para que no crezcan el descontento y las revueltas sociales que está enfrentando desde hace unos años», recordó.

Evseev Valdimir, experto en relaciones internacionales de la Academia de Ciencias rusa, es un ferviente defensor de la vía de las sanciones. En una columna en «La Russie dAujourdhui» (La Rusia de hoy), recordó que «grandes compañías como Total (Francia), Royal Dutch-Shell (Inglaterra, Holanda, Estados Unidos), Lukoil (Rusia), Statoil (Noruega) y Repsol (España) tuvieron que dejar el mercado iraní y cesar allí toda actividad». Sostuvo además que se puede juzgar «la eficacia de las sanciones leyendo los informes del FMI, según los cuales el sistema bancario y la circulación financiera de la República Islámica de Irán han sido fuertemente afectadas».

Pero la economía iraní no está en ruinas. Sus ingresos anuales por exportaciones petroleras se elevan a unos u$s 65 mil millones. «Las sanciones pueden reducir considerablemente los medios a disposición de la elite religiosa local», sostiene el politólogo ruso, quien concluye entonces que, «en caso de baja considerable de las exportaciones, algo inevitable en un contexto de sanciones internacionales, Teherán se verá obligado a buscar vías de conciliación con los países occidentales».

Primera parte

Ahora bien, ¿en qué punto se encuentra hoy el programa nuclear iraní? «Irán está cerca de tener el uranio enriquecido para fabricar una bomba atómica pero la obtención del material fisible es sólo la primera parte del proceso, debido a la necesidad de tener la tecnología en cohetería y ensamble de la bomba», dijo Anzit Guerrero. Por lo tanto, para él, «la pregunta es si las naciones del Primer Mundo dejarán a los ayatolás pasar esta línea de no retorno».

La conclusión de este analista no deja de ser inquietante: «El Gobierno iraní no puede retroceder y la comunidad internacional tampoco, las sanciones posiblemente no sean en el tiempo tan eficaces en su efecto disuasorio y es probable que finalmente veamos una respuesta militar».

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