- ámbito
- Edición Impresa
Saramago, para los creyentes portugueses, huele a azufre
Sus blasfemias también llevaron a pedirle que renunciara a su ciudadanía
Creyentes portugueses acusan a Saramago: “Es el diablo”.
El escritor, tal vez el portugués más conocido fuera de su país junto con el futbolista Cristiano Ronaldo, desató entre sus compatriotas una ola de indignación que crece día a día y parece haberse convertido en el enemigo público número uno.
Pero esto a Saramago no lo puede sorprender. Durante la presentación de su nuevo libro, «Caín», este hombre que cumplirá 87 años el mes próximo lanzó durísimos ataques contra Dios, la Iglesia Católica y la Biblia. Ataques que sorprendieron y chocaron aun saliendo de la boca de un empedernido ateo y comunista. La Biblia, dijo, «es un manual de malas costumbres» y «catálogo de crueldades», sin la cual el ser humano probablemente «sería mucho mejor». Sobre Dios, afirmó que «no es alguien de fiar», que es «cruel, mala persona y vengativo», si bien en realidad «no existe», sino que «fue creado por los hombres a su imagen y semejanza». Por los hombres no comunistas, se supone.
En el católico y conservador Portugal, que se considera una república laica, la respuesta no tardó en llegar. Representantes religiosos, políticos, creyentes comunes e inclusive otros escritores reaccionaron airadamente. En Peñafiel, cerca de Oporto, el sábado tuvo lugar una primera manifestación pública de protesta.
El eurodiputado socialdemócrata Mario David exigió a Saramago que abandonara «lo más rápido posible» su ciudadanía portuguesa, al tiempo que el ex subsecretario de Cultura, Sousa Lara, comparó al autor de «Ensayo sobre la ceguera» y «El viaje del elefante» con Silvio Berlusconi, pese a que el propio Saramago calificara hace poco al jefe de Gobierno de Italia de «capo de la mafia» y de «virus». Por ello, una editora italiana se negó recientemente a publicar textos de Saramago. La Conferencia Episcopal calificó mientras tanto al autor de «ingenuo». Pero no sólo los católicos se sintieron profundamente ofendidos. También el jefe de la Comunidad Islámica de Lisboa, Abdool Vakil, rechazó las palabras del Nobel como «muy ofensivas».
Por su parte, el líder judío Eliezer di Mar aseguró que el escritor «no conoce la Biblia», e inclusive en Brasil se disgustaron. «Ridículo, ni merece comentario», exclamó Miguel Cox, de la Iglesia Episcopal Carismática. Ni siquiera algunos colegas de Saramago mostraron compasión. Miguel Sousa Tavares, autor del best seller mundial «Ecuador», opinó este fin de semana desde su columna del semanario Expresso que «todo en Saramago es vanidad y autopromoción».
Calificaciones
En comentarios periodísticos, Saramago fue calificado de «ignorante y blasfemo», de «amargado» y «loco por publicidad». Y a veces de todo eso junto. No pocos pusieron en duda su capacidad como escritor. «Es el tipo más desagradable de la península ibérica», afirmó la revista GQ. Los enfrentamientos de Saramago con la Iglesia datan de comienzos de los años 90, cuando su novela «El Evangelio según Jesucristo» (1991) desató una polémica sin precedentes en Portugal.
La Iglesia lo ataca de blasfemo, y el Gobierno del entonces primer ministro Aníbal Cavaco Silva, hoy presidente, impidió su nominación al Premio Literario Europeo de 1992. En señal de protesta, Saramago abandonó Portugal y se instaló «en el exilio» en la isla española de Lanzarote, donde vive hasta hoy con su esposa Pilar del Río.
En los últimos días, Saramago defendió su posición y sus palabras en programas de televisión, en presentaciones de su libro y en debates varios. «No soy intolerante, soy radical», explicó. Aseguró que sólo se encarga de «levantar las piedras, para mostrar lo que hay debajo de ellas». «Caín», dice, es «una especie de insurrección en forma de libro», con el fin de que los lectores consigan reconocer que son «manipulados día tras día». «Tenemos que luchar contra esto». ¿Tiene miedo a las reacciones fuertes?, se le preguntó. «No», afirmó, agregando que «el fuego de la Inquisición ya no existe». Una pasión antirreligiosa, como se advierte, sólo equiparable a la de los muy religiosos.

Dejá tu comentario