- ámbito
- Edición Impresa
Scioli-Mariotto: un mes entre toreos y desafíos
Daniel Scioli
Apenas se conocían, Scioli y Mariotto, cuando Cristina de Kirchner llamó al primero y le mencionó al segundo como vice bonaerense. «Daniel se resistió un poquito», contó Mariotto que le dijo, entre sonrisas, la Presidente. Para entonces ya estaba soldado en la fórmula.
Desde el origen, se sospechan. Ninguno, por razones distintas, ensayó una convivencia amigable. Scioli duda de su vice y lo cree un conspirador. Mariotto dice que nada lo une al gobernador y teme que la mínima concordia con Scioli desate la sospecha de los ultra K.
Mañana, la fórmula cumplirá un mes de tormentosa cohabitación. Registro de incidentes: un choque entre policías y militantes, un acuartelamiento, dichos y desmentidas sobre un periodista, leyes pisadas, agendas ocultas, espadeos públicos, reuniones de efímera pacificación.
El último episodio ocurrió el jueves pasado. Scioli, con su equipo La Ñata, enfrentó al Boca Juniors de Mauricio Macri, televisado por C5N, como una versión playera de Fútbol para Todos.
- ¿Viste lo que está haciendo Scioli ahora?... No puede ser lo que hace este tipo -llamó un operador K a uno de los ministros más poderosos antes de eslabonar un menú de insultos.
- No. Estoy metido con lo de Cristina.
- Está jugando un partido de fubtol con Macri.
- ¿Cómo?. ¿Un partido de futbol con Macri?
- Sí. ¡Mirá la televisión...!.
El ministro no lograba entender lo que le decían. Como todo el dispositivo oficial, estuvo desde el martes orbitando sobre un único asunto: la salud presidencial. Cuando cayó en la cuenta, entró en una espiral de maldiciones. El argumento: el momento elegido.
Pasaron horas hasta la llegada de la respuesta pública y la encarnó Mariotto con mordacidad. «Ninguno de los dos está para Primera», dijo el vice en clave futbolística, en el borde entre el inaceptable silencio -es, creen los K, quien debe refutar- y la moderación para no romper (aún no) lanzas.
Esa tarde, por primera vez, la fórmula compartiría agenda de verano: Scioli había invitado a Mariotto a una actividad en Pinamar. Pero el vice se bajó del show y programó, para el fin de semana, una estadía -con inauguraciones y cumbre política- en Necochea.
Esa ciudad del centro bonaerense, que gobierna el radical kirchnerista Horacio Tellechea, es una especie de meca K. Fue el único municipio que visitó Amado Boudou como vice, durante la campaña registró un desfile de funcionarios y cobijó estos días a Mariotto.
El distrito, que Gerónimo «Momo» Venegas intentó conquistar en octubre, es el pago chico de Roberto Porcaro, un dirigente kirchnerista sin cargo ni despacho oficial. Allí, en noviembre pasado, se montó la primera -y luego fallida- cumbre del mariottismo bonaerense.
El dato no es casual: con Mariotto como vice, los ultra K aspiran a construir cierta unicidad detrás de su figura, aunque otros dirigentes oficialistas -como Amado Boudou, Julián Domínguez o Florencio Randazzo- tejan sus propios esquemas en la provincia.
Recelos
Ayer Scioli retrucó: ratificó su lealtad hacia Cristina de Kirchner, negó ser obsecuente y en una mención innominada pero claramente dirigida a los ultra K, se confesó harto de tener que dar explicaciones y desafío que nadie puede objetar su fidelidad a la Casa Rosada.
Lo que se traslució como un exhabrupto, el kirchnerismo lo tradujo como una maniobra para «victimizarse». Errónea o no, esa interpretación opera en la sintonía de dos rivales que se hostigan pero no quieren convertirse en quien declara la guerra.
Por eso, hasta ahora, Scioli evitó cruzar públicamente a su vice. Dice que tiene una relación cordial pero en privado, durante un encuentro del que participaron también José Ottavis y Alberto Pérez, el gobernador cuestionó malamente la conducta de su vice.
No desplegó, como hizo con Alberto Balestrini, un operativo de conquista. Sobre el matancero, que llegó con el mandato de ser su comisario, Scioli maniobró para establecer una empatía que no existía. Con Mariotto no hizo -y quizá no haga- ningún esfuerzo similar.
Y de hacerlo, quizá no sería eficaz: el vice -que, en simultáneo, no pierde de vista su rencilla territorial con Martín Insaurralde en Lomas de Zamora- entiende que la pureza K reside fuera del planeta Scioli y que el mínimo gesto de complicidad con el gobernador podría convertirlo en blanco móvil del pingüinismo.
A Mariotto lo abruma otro fantasma: ¿cómo ser un vice que se diferencie de la gestión de Scioli sin caer en la odiosa comparación de Julio Cobos?. Por eso, por ahora, el lomense prefiere la agenda política pero casi no se desmarca en cuestiones institucionales.
El gobernador y su vice se ven poco y se muestran menos. El episodio Peralta, en Santa Cruz, irrumpió como un espejo temible. «Buenos Aires no es Santa Cruz. Si se complica Scioli, Cristina no sale indemne» confió, el fin de semana, un peronista que pivotea entre la Casa Rosada y La Plata.
Desde hace 30 días, la fórmula bonaerense -casi dos desconocidos- flota sobre ese axioma.


Dejá tu comentario