24 de junio 2013 - 00:00

Scioli-Massa, socios fugaces (sin retorno)

Sergio Massa y Daniel Scioli
Sergio Massa y Daniel Scioli
Fueron, a lo largo de intensas 48 horas, socios anti-K. Se repartieron espacios y testearon la sonoridad de la fórmula Massa-Rabolini. Pero, previsibles, volvieron al estado natural de desconfianza mutua. Y a combatirse.

Daniel Scioli y Sergio Massa exploraron y, cada uno a su modo, boicoteó el pacto. El gobernador puso en la mesa una carta inaceptable para el tigrense -la incorporación de Francisco de Narváez-; Massa llegó con el macrismo anexado y temió todo el tiempo una emboscada: que el goberandor aceptó el diálogo con él para negociar en mejores términos con la Casa Rosada.

El intento -que incluyó conversaciones, cumbres en La Ñata y mesas de distribución de las listas en oficinas porteñas, con nombres incluidos y el reparto mitad y mitad de los cargos- naufragó. Antes hubo tironeos por sumar o no a Hugo Moyano y José Manuel de la Sota, ensayos sobre un relato electoral y una argumentación sobre la salida de Scioli del kirchnerismo.

No hubo, en el ínterin, llamados de la Casa Rosada. A media tarde del viernes, el gobernador habló con Massa y le dijo que no podía sellar la alianza: "Se cae el Gobierno", le dijo. "Lo mejor sería que vos tampoco juegues". Massa no le respondió.

Fue la escenografía propia de un cierre de listas entre dos jugadores que, en rigor, jamás creyeron que podrían terminar juntos, sino, por el contrario, sabedores de que, como un sino, están condenados a enfrentarse.

En medio, los suyos -los reales motores de la negociación- vieron en la eventual fusión, además de potencial electoral, atajos. El massismo para aliarse al poder institucional e incorporar, vía Scioli, un elemento poderoso para transitar por la "tercera posición" entre los K y los anti-K.

El sciolismo para encontrar un espacio donde proyectar política al asumir la pertenencia al kircherismo, un espacio del que son "kelpers", presunción que reforzó el armado de las listas del FpV, donde no hubo lugar para delegados del gobernador.

Scioli, al final, eligió quedarse en un "no lugar" y convertirse en un gobernador peronista de conducta y posición inéditas: un dirigente que, desde el segundo lugar de poder más relevante del país, será prescindente en una elección que, además de poder bloquear expectativas de continuidad del Gobierno, puede alumbrar a un presidenciable.

La furia de Massa y el massismo se palpitará en la campaña: en busca de un punto de equilibrio, y sin salirse de su libreto de candidato bonaerense, el tigrense elegirá como blanco móvil de su crítica electoral al gobernador y su gestión en la provincia.

Sin retorno.

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