En los más de 30 años que venimos siguiendo el mercado bursátil y los casi 15 años que venimos escribiendo esta columna, hemos visto describir al Dow figuras de todo tipo. Pero pocas o ninguna como la de ayer (en lo que va del año, la otra «rareza» fue el «flash Crash» del 6 de mayo). Una rueda inusualmente «chata» hasta quince minutos después de las 14 (entre el mínimo y el máximo, la diferencia fue de apenas un 0,19%), que alcanzó a ganar un 0,74% media hora después que la Fed difundió su comunicado, para entrar otra vez en territorio perdedor sesenta minutos más tarde y terminar ajustando la jornada con un avance del 0,07% en 1.076,03 puntos (el Nasdaq y el S&P 500 retrocedieron cerca del 0,3%, el Russell 2000 perdió un 0,8% y el precio del oro cedió un 0,52%). El más básico de los análisis sugiere que hasta que Bernanke y los suyos dieron a conocer su decisión, o no tuvimos noticias capaces de estimular una gran toma de riesgo por parte de alcistas y bajistas, o existía algún grado de desconfianza que obligaba a esperar al comunicado. Si nos atenemos a lo sucedido durante los siguientes 30 minutos, cuando los principales indicadores bursátiles alcanzaron a marcar un nuevo máximo para los últimos cuatro meses (el oro tocó entonces un récord intradiario), debiéramos decir que la Fed anunció lo que el mercado quería escuchar. No sabemos esto, pero sí lo que deslizaba el comunicado: que las tasas seguirán bajas durante un buen rato, que el organismo podría ampliar la base de recompra de títulos si empeora la economía, y que no espera ninguna mejora significativa en la situación laboral o económica en el corto plazo. Si nos atenemos a lo que sucedió después, es claro que el contenido del comunicado no gustó demasiado.
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