12 de agosto 2013 - 00:00

“Se le da muy poco lugar a la música contemporánea”

Alicia Terzian, sentada, acompañada por los intérpretes que participarán en el concierto de hoy en el que se celebrarán los 35 años del Grupo Encuentros.
Alicia Terzian, sentada, acompañada por los intérpretes que participarán en el concierto de hoy en el que se celebrarán los 35 años del Grupo Encuentros.
En el marco del 45 Festival Internacional Encuentros y la celebración de los 35 años del Grupo Encuentros, ambos creados por la compositora, directora y musicóloga Alicia Terzian, hoy a las 19 se llevará a cabo un concierto que reunirá a autores diversos y a grandes intérpretes. La mezzo Marta Blanco, el contratenor Martín Oro, el pianista Claudio Espector, el cellista Carlos Nozzi, Sergio Pollizzi en violín y viola, Fabio Mazzitelli en flauta, Daniel Kovacich en clarinete y Arauco Yepes en percusión interpretarán obras de Stravinski, Giacino Scelsi, Morton Feldman, el chileno Sergio Ortega y los argentinos Juan Carlos Filgueiras, Pablo Freiberg y Patricia Martínez. La sede es el Consejo Profesional de Ciencias Económicas, en Viamonte 1549 y la entrada es libre y gratuita. Dialogamos con Terzian.

Periodista: ¿Cuál fue el punto de partida de Encuentros?

Alicia Terzian:
En 1968, hacia los finales del Instituto Di Tella, donde Alberto Ginastera era decano del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. En un momento él me dijo que la Fundación Rockefeller no iba a darle más dinero para las becas y la continuidad de esa acción, y me pidió que hiciera algo. Yo le propuse un ciclo de encuentros con compositores argentinos, porque había mucha gente joven que no era conocida, que no entraba en los ciclos importantes. Él aceptó. Mi idea fue hacerlo al mediodía, en la sala Lugones del Teatro San Martín, y había pensado en hacer dos compositores por sesión. Yo no tengo problemas en elegir a amigos y no amigos, simplemente elijo profesionales y soy muy abierta. La idea también era que después de presentar a los compositores, Napoleón Cabrera, que era un gran amigo, crítico y además un hombre muy culto, moderara mesas redondas con escultores, pintores, filósofos, escritores, personajes importantes del folklore, etcétera, y que ellos escucharan las obras, porque el problema era que nadie conocía a nadie.

P.: ¿Qué recuerdos tiene de aquellos inicios?

A.T.:
Las primeras sesiones fueron estupendas. Raquel Forner, Sábato y otras grandes figuras atrajeron a mucha gente. Yo analizaba la obra, se la escuchaba y luego se invitaba a los compositores a integrar la mesa, y se creaba una movida cultural que en ese momento fue muy original. Lo llamé "Encuentros con la Música Argentina Contemporánea" y tuvimos cerca de 14 sesiones por donde pasaron todos los que hoy son compositores muy conocidos y en ese momento tenían entre 28 y 40 años. Había público que se acercaba atraído por la parte de discusión posterior pero no le interesaba mucho la música que se escuchaba ahí, y por el contrario los intelectuales se sorprendían de que muchos de esos compositores fueran vecinos suyos y no los conociera. Después les di a los pintores obras argentinas para orquesta y ellos pintaban sobre ellas, y se presentaban como relación música y pintura, o danza y poesía. En el año 70 había una importante exposición en el Museo de Arte Moderno, que funcionaba en el Teatro San Martín, y yo me fasciné y le propuse al director hacer música en esas salas. Él aceptó, yo visité a los artistas plásticos para conocer la relación de su obra con el sonido y en un mes hice música para las obras de ambos pisos de la exposición. También convoqué a la bailarina Susana Zimmermann para que improvisara sobre esas obras. Para que fuera claro que el público debía seguirla le puse una sirena de policía, y la gente lo entendió pero la policía que estaba abajo subió a ver qué pasaba y fue un lío bárbaro, pero muy lindo. Cuando terminó la muestra hice diapositivas de todo, en una obra llamada "Musidanza Visión" que presenté en Inglaterra y América Latina.

P.: ¿Cómo se pasó de ahí a la Fundación?

A.T.:
Recién fue en el año 80. El problema es que en la década del 70, cuando hacíamos esos conciertos en el San Martín, el público se iba gritando. Nosotros nos divertíamos porque nos parecía que habíamos encontrado la forma de que lo hecho en el Di Tella no muriera. Luego empezamos a hacer los conciertos en las salas Casacuberta, Martín Coronado, el Salón Dorado del Colón e incluso la sala grande, ya no con debate porque ese primer impulso ya se había dado. Uno como personalidad joven tenía acceso a las direcciones de los teatros, no había política sino interés en hacer cosas. El grupo surgió en 1978, cuando recibí la convocatoria de la Bienal de Zagreb para presentar mis obras, y yo propuse presentar a mi grupo, con obras de otros colegas también. Aceptaron, junté a mis músicos y empecé a armar una gira a través de contactos que tenía, y se transformó en una tournée de 45 días, la primera de las 33 que hicimos hasta ahora. Es mi forma de agradecer al país porque soy compositora. Acá soy una luchadora y en Europa soy una personalidad, por eso tomo el avión cada dos meses.

P.: ¿Cómo logró mantener la continuidad del proyecto a través de las décadas?

A.T.:
Nunca quise depender de nadie, ni que nadie lo manejara. Y siempre pensé que todos los compositores jóvenes argentinos debían tener la oportunidad de que sus obras se tocaran en concierto al menos una vez, y que era mi obligación brindarles esa posibilidad. La segunda vez ya los elige. Hemos dado 720 conciertos con entrada gratuita, 220 seminarios también gratuitos, con los intérpretes más destacados de música contemporánea a nivel mundial. Hemos hecho lo que el Estado no hizo nunca. Pusimos al aire 2.550 audiciones radiales en diversas emisoras.

P.: El gran público consume literatura, teatro, cine y artes plásticas de autores del pasado y actuales, pero con la música académica no se da el mismo fenómeno. ¿Qué opina al respecto?

A.T.: Hay que tener constancia. Lo que le falta a este país es una política en cada actividad. No se puede hacer que la política cultural dependa del gusto del funcionario de turno. Los organismos oficiales relacionados con la música dan un espacio muy restringido a la música contemporánea. Los ciclos del Teatro San Martín o el Argentino que surgieron después del nuestro, son breves. Hay que establecer una actividad que se extienda todo el año, eso se llama política. No hay política cultural como no hay política económica, educativa ni de ningún tipo. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, por ejemplo, tuvimos una época de gloria en la música contemporánea, por hablar solamente de lo mío, hicimos 40 conciertos en escuelas y hasta dirigí una ópera al aire libre. Si esa política se hubiera continuado se habría formado un grupo de gente interesada en la música contemporánea y todas las demás artes.

Entrevista de Margarita Pollini

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