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Se luce Analía Couceyro en “Constanza muere”
Analía Couceyro (izq.) logra una excelente interpretación de una mujer al borde de la muerte en la obra de Ariel Farace.
La vejez no tiene buena prensa, la muerte sigue siendo tabú, pero hay quienes dialogan con una y otra de manera más amigable. Así como Oliver Sacks (el brillante neurólogo y escritor inglés recientemente fallecido), señaló al cumplir ochenta años: "No pienso en la vejez como en una época cada vez más penosa, sino en una época de ocio y libertad (...) Cuando me llegue la hora, espero poder morir en plena acción", también el director Ariel Farace revela en su último espectáculo, "Constanza muere", la misma convicción.
Son las últimas horas de una mujer, ya muy mayor, que recibe en su casa la visita de la parca (encarnada en un atractivo joven de barba, con capucha, guadaña, cabeza de asno y una joven pianista de acompañante). Para Constanza es un huésped indeseado y aunque se haya acostumbrado a su presencia, deberá distraerlo para que postergue su ineludible misión. Mientras juega con la muerte, la anciana se aferra a sus mayores placeres (la música y la poesía); filosofa con ingenuidad, da consejos prácticos y de tanto en tanto se deja llevar por pequeños jirones de su pasado, casi ininteligibles. Apenas unos nombres sueltos que todavía provocan animosidad en la protagonista o cierto disfrute sexual, como las escenas oníricas, con pequeños homenajes a Samuel Beckett y a la película de Bergman "El séptimo sello" (pero esta vez la muerte juega a "Dígalo con mímica").
La inigualable labor de Analía Couceyro es el gran pilar de este espectáculo. Su composición evita la caricatura tanto como el realismo a ultranza (para que se entienda, no es Norma Aleandro en "El hijo de la novia"). Couceyro destila humor, pasión, energía, fragilidad, emoción y pone en juego una amplia batería de recursos físicos y vocales. Es una aguerrida actriz de teatro y sus maniobras desatan fuerzas en esta anciana que superan los límites de su cuerpo y reflejan, de algún modo, todas sus etapas de vida.
Farace, autor de otra muy lúdica aproximación al tema de la muerte, "Luisa se estrella contra su casa", brinda aquí una sucesión de atractivas estampas que se limitan a retratar la personalidad de la protagonista. La muerte (Matías Vértiz) no aporta un conflicto dramático en cuanto personaje, pero es un partenaire bien dispuesto. Lo inquietante es saber que de un momento a otro dará el zarpazo, "como hace el gato maula con el mísero ratón", en palabras de Celedonio Flores.


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