Se pagan con tarjeta u$s 200 M por mes en exterior (se compensa)

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Turistas gastan aquí lo mismo. Cupos, descartados

Los argentinos que viajan al exterior gastan cerca de u$s 200 millones mensuales usando sus tarjetas de crédito. La cifra (obviamente al cambio oficial, que es por el que se cursan estas operaciones) está estancada en ese mismo nivel desde marzo de este año, pero es un 100% mayor que hace justo un año.

Así lo afirma Luis Schvimer, CEO de Visa Argentina. El ejecutivo agrega que ese monto es prácticamente idéntico al que dejan los extranjeros que visitan la Argentina y que abonan sus gastos usando medios de pago diferentes al efectivo (tarjeta de crédito y débito).

Desde hace al menos una década este balance venía siendo positivo para la Argentina, pero la caída del turismo internacional -motivado, entre otras cosas, por el encarecimiento del gasto en la Argentina en dólares- provocó este «empate» virtual entre las divisas que entran por turismo y las que salen, siempre medidas por el gasto con tarjetas.

Schvimer asegura también que su empresa no permite a sus clientes depositar pesos en sus cuentas de tarjeta de crédito para engrosar sus saldos «gastables» en el exterior. Dice que los clientes que quieran disponer de mayores márgenes para gastar en sus viajes «deben solicitar ampliación de su límite en el banco que les emite las tarjetas. ¿Qué pasa en esos casos? Algunos obtienen esas ampliaciones, otros no... Depende de una serie de factores: la entidad financiera, el track record del cliente, su historia crediticia...».

En la actualidad, el diagrama del límite concedido por los bancos a los usuarios es lo más parecido a una Campana de Gauss perfecta: el grueso de los clientes tienen un crédito para gasto con tarjeta que ronda los $ 10.000, con extremos muy distantes de ese monto.

Según Schivmer, la mayoría de los clientes que se acercan a los bancos a pedir la suba del límite lo hacen para «comprar en la Argentina; hay que ser claro: la gente viaja para viajar, no para comprar dólares en el exterior con la tarjeta».

Al comienzo del cepo cambiario impuesto por Guillermo Moreno, había empezado a funcionar el denominado «dólar casino»: algunos argentinos viajaban a Uruguay y compraban fichas con tarjeta en las cajas de un conocido casino de Punta del Este (la única sala de juego de la región en la que se apuesta en moneda estadounidense), se tomaban una cerveza en el bar del hotel y volvían a cambiar las fichas por dólares al tipo de cambio oficial; la maniobra duró poco, y -asegura Schvimer- no se hizo operación alguna de «dólar casino» con sus tarjetas. «Nunca autorizamos compras de fichas; la idea ya había sido aplicada en el fin de la convertibilidad; no permitimos esta vez que se repitiera», insiste el empresario.

En lo que hace al consumo interno, los guarismos correspondientes a julio sorprenden: pese a que no es un secreto para nadie que el consumo cayó fuerte, las estadísticas que se manejan en el mercado financiero indican que las compras con tarjeta subieron un 38% en relación con el mismo mes de 2011. «La cifra es consistente con lo que sucedió en el sistema Visa», asevera Schvimer. La marca estadounidense, cabe recordarlo, tiene alrededor del 45% del mercado de los medios de pago «plásticos».

De acuerdo con lo que revelaron varios banqueros consultados por este diario, un 23% de esa suba debe ser atribuida a la inflación; otro 10%, al avance sobre el efectivo y el restante 5%, a un mayor consumo neto.

Parte de esa suba también se explica por el crecimiento vegetativo del parque de tarjetas, que está «clavado» en un 10% anual desde hace más de una década. También al hecho de que muchos consumidores usan sus tarjetas para financiar sus compras (el 50% de los consumos con crédito son financiados y el otro 50% es en un pago) y echan mano a las promociones que lanzan en conjunto bancos y grandes cadenas comerciales. De hecho, los clientes de tarjetas pagan un 30% de sus saldos mensuales y el resto lo refinancian.

En la actualidad, los argentinos realizan 60 millones de compras mensuales con tarjeta de crédito, y otros 35 millones con tarjeta de débito. El gasto total ronda los $ 30.000 millones, de los cuales -en cifras redondas- $ 20.000 millones se pagan con tarjeta de crédito y $ 10.000 millones con tarjeta de débito. El uso de la tarjeta de débito como medio de pago en punto de venta comenzó a popularizarse en las postrimerías de la convertibilidad, cuando el entonces ministro Domingo Cavallo impuso las restricciones al retiro de efectivo de los bancos, medida que se conoció como el «corralito».

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