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Se prepara el escenario para la paz posterior
Fuerzas israelíes libraron anoche con milicias palestinas los combates más duros en la periferia de la capital de Gaza desde el inicio de su ofensiva, y se adentraron más que nunca en la ciudad después de que Hamás admitiera la posibilidad de una tregua.
Una vez que pusieron fin a las incursiones, que parecieron tener el objetivo de agotar y desmoralizar a los milicianos palestinos, las tropas israelíes se replegaron a las posiciones en las que esperan desde hace diez días a las puertas del núcleo urbano.
La táctica se puso en práctica después de que el jefe del Gobierno del movimiento islamista, Ismail Haniye, se refiriese a «un frente político» además del militar, en su segunda aparición en los dieciocho días que lleva en marcha la operación Plomo Fundido.
En una intervención que emitió el lunes a la noche la cadena Al Aqsa, la televisión de Hamás, el jefe del ejecutivo islamista, que mostraba aspecto fatigado, enmarcó ese «frente político» en la estrategia para «afrontar las agresiones que sufre nuestro pueblo».
Las imágenes fueron recogidas por la televisión de Israel, donde la alusión al «frente político» se interpretó como un mensaje a la población de Gaza -sometida a fuego continuo- para que tenga paciencia hasta que Hamás acuerde el cese de las hostilidades.
El problema para las autoridades egipcias -que desde hace días se entrevistan en El Cairo con enviados de ambas partes- es consensuar un acuerdo que satisfaga a Israel y salve la cara a Hamás.
El movimiento islamista exige que el Estado judío pare su ofensiva y levante el bloqueo a la Franja; e Israel, que Hamás frene el lanzamiento de cohetes y se corte su abastecimiento de armas.
El escollo no es tanto que las dos partes detengan sus ataques -aunque con excepciones, lo hicieron durante la tregua que estuvo vigente hasta el 19 de diciembre-, como el levantamiento del bloqueo a Gaza y el suministro armamentístico al movimiento islamista.
Israel sólo se plantearía la reapertura de los pasos con la Franja si confía en quien controla el otro lado de la frontera. Y tratándose de un territorio palestino la única opción que se perfila posible y con visos de cierta legitimidad es que lo haga la Autoridad Nacional Palestina (ANP), presidida por el líder del movimiento nacionalista Al Fatah, el moderado Mahmud Abás (Abú Mazen).
Ese es el escenario que respalda la Unión Europea, que apoyaría a la ANP con un contingente de observadores militares europeos. Pero la ANP y Hamás permanecen enzarzados en una disputa institucional desde que las fuerzas leales a Abás fueran expulsadas hace más de año y medio de Gaza por las islamistas.
Y el regreso de la ANP a la Franja implicaría que Hamás se vería obligada a ceder todo o parte del control de un territorio en el que lo ejerce en solitario, lo que le resultaría difícil de aceptar.
Una solución sería que Hamás y la ANP compartiesen -bajo una fórmula aún por definir- la administración de Gaza, y otra que las fuerzas de Abás se desplegaran sólo en la frontera con Israel.
Siempre con el respaldo de los observadores europeos, las fuerzas de la ANP también se encargarían de controlar el paso de Rafah, el único entre Gaza y Egipto, y que Hamás utiliza para abastecerse de armas, munición y elementos para sus cohetes a través de túneles.
Pero las autoridades de El Cairo consideran como una violación de la soberanía de su país que tropas extranjeras se desplieguen en suelo egipcio, que sirve de boca a esas vías subterráneas.
En caso de que fracasen las gestiones en curso para encontrar una salida política al conflicto militar, todo parece indicar que Israel lanzará en los próximos días la «tercera fase» de su ofensiva, que no ha ejecutado pese a que la anunció la semana pasada.
Esa nueva fase implicaría la entrada en combate de más reservistas para ampliar las operaciones terrestres y penetrar en las zonas más densamente pobladas de la Franja.
El precio que pagarían los civiles podría ser atroz, y alto el costo para Hamás, que se quedaría sin nada que negociar al perder las áreas que aún controla, y también para Israel, al que la operación le exigiría algo que quiere evitar: tiempo y bajas.
Agencia EFE


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