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Se reabre un capítulo que la Casa Blanca creía ya superado
El Gobierno no escondió su enojo ante la publicación este fin de semana de los casi 400.000 documentos clasificados sobre la guerra de Irak. La secretaria del Departamento de Estado, Hillary Clinton, se apresuró a afirmar que las revelaciones podían poner vidas en peligro y que además estaba en juego la seguridad nacional.
Asimismo, el Pentágono exhortó a WikiLeaks a retirar los documentos de inmediato de la red, al señalar que los terroristas podrían investigar los textos para extraer información útil.
Pero no sirvió de nada: WikiLeaks documenta con su último golpe no sólo la guerra, sino que además desnuda la impotencia de una superpotencia en la era de internet.
Especialmente delicado para Estados Unidos es que los numerosos informes sobre situaciones atroces, tortura y barbarie en las cárceles iraquíes no son muy antiguos. Y lo que todavía es peor es que sea antes de que culmine la retirada de las tropas y se entregue la responsabilidad de la seguridad a los iraquíes.
¿Podrá Obama realmente hacerlo en vista de los informes que relatan las quemaduras, latigazos y palizas a las que fueron sometidos los presos?
Desde otro punto de vista es un «retrato terrorífico de la violencia», comentó el diario The New York Times, que no ocultaba su malestar. La publicación norteamericana fue una de las pocas en todo el mundo que tuvo antes que el resto acceso a los documentos de WikiLeaks.
Son «especialmente preocupantes, porque el Ejército y la Policía de Irak son un elemento central de los planes de Obama para retirarse», apunta el prestigioso diario.
De hecho, no hace mucho, el presidente había afirmado en el Despacho Oval: «El pueblo iraquí es ahora el principal responsable de la seguridad del país». Y de forma prudente no olvidó agregar: «Por supuesto que la violencia no concluirá con (el fin de) nuestra misión de combate». Un pequeño y angustioso agregado que ahora se comprende mucho mejor, a la luz de la publicación de los documentos secretos.
Pero ahora, para los estadounidenses, la guerra de Irak y también estos documentos no son más que un recuerdo en un fantasma de un tiempo remoto, sobre todo porque -a juicio del diario The Washington Post- los documentos publicados al parecer no ofrecen «grandes revelaciones».
En realidad, la guerra de Irak dejó de ser un tema que siga removiendo conciencias en Estados Unidos. Preocupa mucho más el débil desempeño de la economía, la elevada tasa de desempleo y a ello se suma que dentro de una semana y media hay elecciones legislativas.
En lugar de mirar a Irak, los medios se centran en especular sobre la derrota de Obama y su Partido Demócrata.
Cuando Obama anunció el fin de la misión de combate, dejó claro lo que a él le importaba: Estados Unidos, dijo, tiene que volver a concentrarse fuertemente en sí mismo.
Se pagó un precio alto por esta opción bélica. Hasta la fecha hay cerca de 4.400 soldados estadounidenses muertos y los costes superan el billón de dólares.
Sin embargo, Obama también hizo la promesa de que la misión de combate estadounidense se acababa, pero no así «el compromiso con el futuro de Irak». Los documentos colgados en internet sobre Irak ponen de manifiesto que habría que recordarle más a menudo sus palabras.
Agencia DPA


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