La discusión sobre el aborto tensó más la tibia relación que tiene la Iglesia con el Gobierno. Ayer aparecieron declaraciones cruzadas del presidente del Episcopado, Oscar Ojea, y el ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, acerca de lo que está en juego con el debate.
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"El aborto no es un derecho sino un drama", disparó Ojea en la "Misa por la Vida" realizada en Luján y en la que participaron miles de personas.
Durante su discurso, Ojea señaló: "No es cierto que vos podes hacer lo que quieras y que a nosotros no nos debe importar. Este razonamiento es fruto de una cultura que nos obliga a desentendernos de los demás como si la patria fuera un amontonamiento de individuos en el que a nadie le importa que el otro se lastime".
El referente católico además se mostró preocupado no sólo por el "momento tan delicado" en el país, sino también "perplejo y dolorido ante la posibilidad de que se sancione la ley de despenalización del aborto". En esa línea, aseguró que "sería la primera vez que se dictaría en la Argentina, y en tiempos de democracia, una ley que legitime la eliminación de un ser humano por otro".
Por su parte, Rubinstein intentó descomprimir la paranoia generada alrededor de la discusión en el Congreso, que dejó incluso fuertes heridas dentro del interbloque de Cambiemos en Diputados. "No niego que haya habido posiciones más picantes, pero no creo que eso afecte a la armonía (...) Este no es un debate político, es algo más profundo", explicó el funcionario.
El ministro también dijo que la legalización del aborto "es un tema muy discutido en toda la sociedad" y agregó: "No sé cómo va a terminar esto, eso depende de los diputados y senadores, yo sólo puedo dar mi opinión cuando la requieran".
Rubinstein dejó claro que "los países que legalizaron el aborto no lo hicieron solamente porque cambiaron la legislación, sino también porque se focalizaron en la prevención (...) hizo que disminuyeran mucho los casos".
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